Lula logró una difícil victoria: un aliado presidirá la Cámara baja

El comunista Aldo Rebelo fue elegido tras una intensa negociación del mandatario
El comunista Aldo Rebelo fue elegido tras una intensa negociación del mandatario
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29 de septiembre de 2005  

SAN PABLO.- El presidente Luiz Inacio Lula da Silva encabezó ayer una negociación política desesperada y logró, al filo de la navaja, evitar una derrota, en la elección del presidente de la Cámara de Diputados, que lo habría dejado atado de manos quince meses antes del fin de su mandato.

Aldo Rebelo, dirigente del Partido Comunista y ex ministro de Coordinación Política de Lula, se convirtió ayer en el nuevo presidente de la Cámara baja. En una victoria ajustadísima, obtuvo 258 votos, contra 243 de su adversario, el opositor José Thomaz Nonó, del Partido da Frente Liberal (PFL, derecha).

La elección fue marcada por una acción en bloque del gobierno conducida por el propio Lula, con el objetivo de garantizar la victoria a toda costa. Sus ministros de partidos aliados recibieron la misión de asegurar el voto de sus legisladores para el candidato oficialista. Pero la jugada más impresionante fue del propio Lula: ordenó la concesión de 500 millones de reales (unos 250 millones de dólares) para las enmiendas de los diputados.

Cuando se discute el presupuesto nacional, los legisladores tienen derecho a presentar enmiendas con propuestas de obras, generalmente en sus propias áreas de influencia política, para agradar a sus votantes. El gobierno no está obligado a ceder fondos para cada enmienda, por lo que termina negociando la entrega de esos fondos a cambio de apoyo político. Se trata de algo legal, pero siempre cuestionado por las fuerzas que están en la oposición. Fue lo que ocurrió en los últimos tres días.

Rebelo sucederá al diputado Severino Cavalcanti, del Partido Progresista (derecha), quien fue presidente de la Cámara de Diputados durante ocho meses hasta la semana pasada, cuando renunció en medio de un escándalo de corrupción. El dueño del restaurante de la Cámara, Sebastião Buani, lo acusó de pedirle sobornos para poder funcionar y obtener la renovación de su contrato. Cavalcanti resistió en su cargo por algunos días, afirmó que todo era mentira, hasta que Buani presentó uno de los cheques cobrados y firmados por la secretaria de Cavalcanti. El diputado renunció para escaparle al juicio político y poder postularse en las próximas elecciones legislativas.

Rebelo venció en segunda vuelta. La primera vuelta se realizó ayer por la tarde, entre siete candidatos. Rebelo y Nonó empataron, sorprendentemente, con 182 votos cada uno.

Inmediatamente ambos se lanzaron a una caza frenética de apoyo entre los derrotados. Rebelo y varios ministros, hablando en nombre del gobierno, y Nonó intentando aglutinar en torno de sí a la oposición y a los legisladores de partidos que están abandonando la alianza oficialista al mismo ritmo de la caída de la popularidad de Lula. Con el apoyo del PP de Severino Cavalcanti, fundamentalmente, Rebelo consiguió el apoyo que le faltaba.

Tranquilo y conciliador

"No soy candidato a dictador, no presidiré facciones ni seré jefe de bloque del gobierno ni líder de la oposición", dijo Rebelo durante el discurso que precedió la votación. Rebelo, originario del Estado de Alagoas, pertenece al Partido Comunista, pero tiene posiciones de centro. Antes de ser ministro de Lula, como legislador su proyecto más famoso fue uno que intentó hacer aprobar en el Congreso para que fueran multadas todas las personas que usaran palabras en inglés -como delivery o self-service- cuando existieran equivalentes en portugués.

En medio de la crisis política más profunda desde la destitución de Fernando Collor de Mello (1992), Rebelo se definió: "Soy un alagoano tranquilo, pacífico, de diálogo, en favor de la conciliación". Ante la inminencia del comienzo de la campaña política para definir la reelección o sucesión de Lula, las posibles cualidades de Rebelo serán puestas a prueba.

En medio de su seguidilla de inauguraciones de fábricas y obras, como forma de estancar la caída de su popularidad hasta en regiones que tradicionalmente lo apoyan, Lula pasó ayer por Bahía, donde afirmó en un discurso: "Nosotros estamos dejando de hacer en Brasil la política de corto plazo, la política pensada apenas para el próximo mandato, la política pensada para un partido político". Todo, dijo, para que el país "entre definitivamente en el rol de los países desarrollados".

No parece ser ésa la evaluación que deslizó el "Informe de Competitividad Global 2005-2006", elaborado por el Foro Económico Mundial sobre la base de encuestas con empresarios. Brasil perdió ocho lugares en el ranking y cayó del puesto 57 al 65, atrás hasta de naciones con conflictos graves, como Colombia (57). Según el informe, "Brasil mostró una caída en los índices que analizan la calidad de sus instituciones públicas, incluyendo factores como la independencia del Poder Judicial, el favorecimiento (indebido) a funcionarios del gobierno en decisiones y la elaboración de políticas".

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