Lula se afianza como el vocero regional ante la cumbre del G-8

Desde mañana representará en Francia la posición de los países sudamericanos
(0)
31 de mayo de 2003  

SAN PABLO.- Algunos años atrás, si alguien mencionaba que Luiz Inacio Lula da Silva participaría del encuentro de los líderes del Grupo de los Ocho, cualquiera imaginaría al ex sindicalista del lado de afuera del recinto, protestando contra los países ricos. Mañana, cuando Lula llegue a Evian como presidente de Brasil, entrará por la puerta grande y confirmará que la historia da más vueltas de lo que parece.

Lula viajó ayer a Francia con el mandato tácito de representar no sólo a su país, décima potencia económica del planeta, sino también a los países de América del Sur que en los primeros cinco meses de gobierno del ex obrero metalúrgico ya manifestaron su simpatía por un liderazgo regional brasileño para negociar con los países ricos.

El presidente, afecto a los discursos, aprovechará la invitación para criticar las barreras que los países del G-8 les imponen a los productos agrícolas de las naciones como Brasil y la Argentina, impidiéndoles desarrollarse. Mencionará una vez más que la guerra que el mundo tiene que librar es contra el hambre y la miseria. Y criticará los subsidios de los países ricos, que impiden que productos fabricados en el "tercer mundo" ingresen a los supermercados del "primer mundo".

Pero eso no causará mala impresión, porque Lula fue invitado justamente para dotar de contrapunto al encuentro de los poderosos. Como fue en el Foro Económico Mundial de Davos, Lula será una atracción y recibirá la admiración de sus colegas por haber cambiado el discurso de la ruptura por el de la negociación. En cinco meses de gobierno, frente a los países ricos Lula podrá ostentar el haber conquistado la estabilidad financiera de Brasil; la valorización de su moneda y sus títulos públicos; el inicio de las reformas constitucionales del sistema jubilatorio e impositivo, manteniendo al mismo tiempo un discurso humanista.

El dirigente que era temido tanto por sus viejas consignas de confrontación como por sospechas de que en el poder pudiera ser un líder populista o favorable al proteccionismo resultó ser todo lo contrario, al punto de cosechar elogios deslumbrados de medios como Financial Times o The New York Times, biblias del pensamiento liberal y económico.

Los resultados

Pero lo que más sorprende hasta el momento de la gestión de Lula, y que probablemente desencadenó su invitación a Evian, es la habilidad notable del nuevo gobierno para conquistar la simpatía y un creciente liderazgo regional. Después de una etapa de brillante "diplomacia presidencial", ejercida por Fernando Henrique Cardoso, llegó el momento de los resultados concretos. La cancillería brasileña dice que en estos cinco meses Brasil ya conquistó el apoyo de siete países de América del Sur para que Brasil obtenga una banca en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. No dicen cuáles son esos países, o si cuentan entre ellos a la Argentina, que prefiere una banca rotativa, pero la ascendencia regional conquistada por Brasil en los últimos cinco meses es sorprendente.

Lula es consciente de eso y ya marca las diferencias. "La Argentina y Brasil siempre tuvieron divergencias, no sólo en el fútbol. Siempre tuvieron divergencias muy serias", relató anteayer Lula, para marcar un antes y después. Micrófono en mano, caminando como un animador por el palco armado en la planta de Ford del conurbano paulista, en la que dos décadas atrás arengaba a los trabajadores para hacer huelga, Lula se mostró eufórico con las conquistas de su "diplomacia presidencial".

Profundizando su historia sobre la reconstrucción de las relaciones con la Argentina, recordó que los militares argentinos decían que la central hidroeléctrica de Itaipú que erigía Brasil era una "especie de bomba atómica contra la Argentina y que, en caso de conflicto, las compuertas se abrirían e inundarían el país. Y por Itaipú la Argentina comenzó a pensar en construir la bomba atómica". Detrás, sus ministros y algunos empresarios reían junto a la platea.

Ahora, dijo, todo cambió. "No hay más celos entre Brasil y la Argentina. La Argentina tomó conciencia de que es pobre y Brasil tomó conciencia de que es pobre. O nos juntamos y peleamos juntos o, solos, no vamos a encontrar la salida."

Fortalecer alianzas

Lula sabe que frente al G-8, su papel de vocero de toda una región, y justamente de una región que es altamente competitiva en la producción de alimentos, por ejemplo, no es poca cosa.

Y enunciando claramente la intención de Brasil al fortalecer las alianzas regionales, Lula dijo que si los países latinoamericanos no se juntan, "no habrá condiciones para competir con los bloques económicos fuertes como los Estados Unidos y la Unión Europea. Tenemos que estar juntos".

Delineando la política exterior de su gobierno, dijo "ahora vamos para Africa" y luego a Medio Oriente. Porque, afirmó, ahora es el momento, ya que "los Estados Unidos se pelearon con Irak y Medio Oriente está medio "erizado", ahora es el momento de que Brasil aparezca por allá".

El G-8 va a recibir a un Lula que ya no defiende rupturas, pero que no pretende salir con las manos vacías de las negociaciones con los países ricos.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.