Lula suma apoyos de la derecha y logra la mayoría en el Congreso

Los legisladores del Partido Progresista respaldarán las reformas del presidente
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17 de mayo de 2003  

SAN PABLO.- El Partido Progresista, uno de los bastiones de la derecha brasileña y antiguo brazo político de la dictadura local, se sumó al oficialismo de Luiz Inacio Lula da Silva. Con el apoyo del tradicional adversario ideológico, el gobierno ya cuenta con una base de apoyo en el Congreso suficiente para aprobar todas las reformas constitucionales.

El PP incorpora a la alianza oficialista 46 legisladores y termina componiendo una base de 370 diputados, lo que representa más de los dos tercios necesarios para aprobar la reforma de los sistemas jubilatorio y tributario, claves para modernizar la economía brasileña.

"Eso de derecha e izquierda es cosa para señalización del tránsito. Lula cambió y cambiamos nosotros. El ya no es un adversario. Ahora lo que estamos haciendo es un pacto a favor de la sociedad brasileña", dijo a LA NACION el diputado Pedro Correa, presidente del PP.

El Partido Progresista es una evolución de Arena, la fuerza política que sostuvo a la dictadura militar desde 1965 hasta 1985. Tradicionalmente, el PP ha apoyado al partido que esté en el gobierno. La adhesión a la administración del Partido de los Trabajadores es parte de la misma estrategia. "Al convertirnos en oficialismo recibiremos en los próximos días a unos 15 nuevos diputados de partidos que quieren ser oficialismo pero integran agrupaciones que hacen oposición al gobierno. Y pasaremos a tener cinco senadores en pocas semanas, cuando hoy no tenemos ninguno", explicó el diputado Correa.

Formalmente, quedaron en la oposición apenas el Partido Social Demócrata Brasileño, de Fernando Henrique Cardoso, y el Partido de Frente Liberal, de la derecha del interior del Norte y el Nordeste del país. Esa fuerza es una de las que más dirigentes están perdiendo rumbo a los partidos conservadores que se sumaron al gobierno de Lula.

Políticas ortodoxas

Correa, originario del Estado de Pernambuco, como Lula, dice que apoya a su coterráneo porque será su gobierno el que realizará las reformas que el país necesita. "Tenemos que reducir la carga de impuestos de los empresarios, los ricos, porque al fin y al cabo son ellos los que producen y desarrollan el país. El gobierno también defiende eso", aseguró el legislador.

Las políticas ortodoxas aplicadas por el gobierno también han facilitado la adhesión de partidos conservadores. Ayer mismo, durante una entrevista al diario El País de Madrid, en Europa, el presidente del Banco Central, Henrique Meirelles, anunció que el organismo mantendrá, en sus propias palabras, "una política conservadora" con la tasa de interés -que actualmente sólo inspira simpatías en el sector financiero y desagrado en los votantes tradicionales del PT-.

Hasta el momento, las políticas ortodoxas han sido la clave de la recuperación de la confianza en la economía brasileña. El "riesgo país", que llegó a 2400 puntos durante la "histeria anti-Lula", ya oscila en torno de los 750 puntos. Los títulos brasileños, la Bolsa y el real corren en una espiral ascendente desde la asunción del Partido de los Trabajadores al poder.

Ya son diez los partidos que apoyan formalmente al gobierno y componen una base de respaldo de aproximadamente 370 de los 513 diputados de la Cámara.

Al oficialismo le ha resultado fácil atraer nuevos aliados porque las encuestas muestran un apoyo contundente tanto al nuevo gobierno como a las reformas que emprende.

Si bien el gobierno congrega alrededor de 370 diputados aliados cuando necesita apenas 342 para la aprobación de reformas constitucionales, se estima que dentro de los partidos que ahora integran el oficialismo habrá algunos votos disidentes. Por eso Lula trabaja para obtener formalmente el apoyo del PMDB, una de las mayores fuerzas de centro del Congreso. Hasta ahora, una parte de ese partido se niega a declararse oficialista, en busca de una negociación de cargos que parece no tener fin.

En el Senado, el gobierno cuenta con 53 legisladores fieles, cuatro más de los que necesita. Eso no significa que las reformas estén virtualmente aprobadas. Ahora resta un trabajo arduo dentro de cada uno de los bloques del Congreso para negociar los detalles de cada una de las propuestas, ya que la mayoría de las declaraciones de apoyo incluyen condiciones.

Los rebeldes

El gobierno tiene que lidiar también, aún, con los "radicales" de su propio partido. Los rebeldes, que se oponen a la propuesta de reforma previsional enviada al Congreso por Lula, son apenas cuatro, pero logran perturbar al gobierno como si fueran diez veces más.

Su estrategia más frecuente en los últimos días ha sido la de desempolvar declaraciones de los últimos años en que Lula y sus ministros condenaban las reformas y medidas que ahora están tomando.

Tres de los cuatro legisladores rebeldes, que les exigen a Lula y a Dirceu que mantengan sus viejas posiciones, están siendo juzgados en la comisión de ética del PT, que tendrá que decidir si los "radicales" serán o no expulsados del partido.

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