Máxima: "Estoy contentísima de hacer algo por la Argentina"

Vendrá al país a promover el microcrédito
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27 de noviembre de 2005  

“En la Argentina queda muchísimo por hacer en el sector de los microcréditos, ya que el país tiene uno de los índices más bajos de acceso a servicios financieros de toda América latina”, dijo a LA NACION la princesa de Holanda, Máxima Zorreguieta, que visitará nuestro país entre el 4 y el 7 del mes próximo. “Contentísima de poder hacer algo por la Argentina”, la princesa viajará como miembro del Grupo de Consejeros para el Año Internacional del Microcrédito, de las Naciones Unidas.

Esta es la primera entrevista que la princesa de origen argentino concede a un medio nacional. LA NACION le envió un cuestionario por correo electrónico con varias preguntas, de las cuales la princesa respondió las relacionadas con la promoción del microcrédito, eje de su visita a nuestro país, en la que realizará actividades en Buenos Aires y en Jujuy.

–¿Qué espera de este primer viaje de trabajo a la Argentina?

–Espero poder hablar con todos los actores que intervienen en el desarrollo del sector de microfinanzas en el país. La idea es incrementar el conocimiento público de lo que significa un mayor acceso a los servicios financieros en el desarrollo económico y social, y dialogar sobre las condiciones que se necesitan para promover su crecimiento. Para ello, visitaremos instituciones que ya trabajan en el tema de las microfinanzas. Hablaremos, por ejemplo, con el comité nacional de microfinanzas, con el Banco Central, con asociaciones que nuclean instituciones de microfinanzas, con los bancos e incluso hablaremos con gente en el ámbito gubernamental y político, para ver de qué manera se puede ayudar al desarrollo del sector.

-¿Por qué decidió formar parte de este grupo de consejeros? ¿Fue convocada o usted se ofreció?

-Fui convocada, ¡pero me hubiese ofrecido encantada! Decidí formar parte de este grupo porque creo firmemente en el efecto positivo de las microfinanzas como antídoto contra la pobreza. Y le puedo nombrar tres de los principales motivos.

Primero, porque creo que es mucho mejor dar la oportunidad de que la gente se gane su propio dinero antes que darle el dinero como donación. Cuando uno le da un microcrédito a una persona, le está dando la opción de multiplicar sus esfuerzos para salir de la pobreza. Esa persona sabe mejor que nadie cómo gastar o invertir el dinero ganado y determinar qué es lo que más le hace falta. Además, el dinero generado de una actividad establecida significa un ingreso constante para la familia.

Segundo, la muestra de confianza por parte de la institución que presta el dinero y la generación de ingresos propios dignifican a la persona. Esto es importantísimo, porque a partir de allí se establece una cadena de respeto muy valiosa en este sentido: "A mí me respetan y, por eso, me prestan el dinero, pero yo también tengo que respetarlos y devolverles el dinero a tiempo". Y ese respeto se traslada del negocio al orden civil. En Africa, por ejemplo, el hecho de que las mujeres puedan generar su propio ingreso les ha dado una voz dentro de su comunidad, cosa que antes no tenían. Las microfinanzas otorgan el "empoderamiento" del que hoy en día tanto se habla.

Tercero, las microfinanzas se han desarrollado de tal manera que nos han demostrado que, brindando un producto muy necesario a las poblaciones carenciadas, también pueden ser rentables. Esto significa que no dependeremos de constantes donaciones para hacer crecer el sector, con el objetivo de llegar a más gente sin recursos.

-¿Es la primera vez que acepta desempeñar un papel como éste, de consejera, o ya lo había realizado con anterioridad?

-Bueno, ésta es la primera vez que trabajo como consejera de las Naciones Unidas, pero he cumplido la función de asesora en otros temas, como la integración de mujeres inmigrantes a la sociedad holandesa.

-¿Usted pidió viajar a la Argentina?

-En realidad, lo decidimos con los otros asesores. En la Argentina, hay mucho movimiento en el sector, pero todavía queda muchísimo por hacer. El país tiene hoy uno de los índices más bajos de acceso a servicios financieros en toda América latina. Para cambiar un poco esta situación, el sector de las microfinanzas en la Argentina también podría aprender de otros países latinoamericanos que están más avanzados en este tema.

-¿Le gustaría poder hacer algo por la Argentina desde esta nueva función?

-Por supuesto que estoy contentísima de poder hacer algo por la Argentina. Y por eso estaré allí, porque creo que si puedo contribuir al desarrollo del sector de microfinanzas en el país, voy a haber aportado mi granito de arena para aumentar las posibilidades de muchos argentinos de salir de su situación de pobreza.

-¿Por medio de qué mecanismos se puede facilitar el acceso de la población a los microcréditos?

-El sistema de microcréditos es un mecanismo que difiere mucho de los bancos convencionales. Esto implica estar donde el cliente está y esto significa muchas veces que no se pueden tener sucursales en cada esquina, puesto que es muy costoso, sobre todo cuando se trata de créditos, depósitos y productos muy pequeños. Por eso hay que desarrollar otro tipo de acercamiento al cliente, para facilitar el acceso. Hay muchos ejemplos de esto, como trabajar junto con las oficinas postales (en el nordeste de Brasil) o tener un ómnibus que va de un lugar a otro (Kenya, Equity Bank) o simplemente un oficial de crédito que pueda ir recorriendo distintos lugares para hablar con los clientes. En las Filipinas y en Bangladesh, ya se usan formas de transferencia monetaria por teléfono o PDA. El sistema de microcrédito debe crecer. En estos momentos hablamos en la Argentina de 22.000 a 25.000 clientes, lo cual es muy poco todavía. Falta capital, faltan conocimientos y experiencia técnica y hace falta un marco regulatorio favorable.

-¿Cómo pueden los microcréditos ayudar a la gente?

-La experiencia demuestra que la microfinanza puede ayudar a aumentar el ingreso de los carenciados, a crear negocios sustentables para ese sector de la población y a reducir su vulnerabilidad ante impactos externos. Socialmente, éste es un instrumento que otorga poder a los pobres, sobre todo a las mujeres, para cambiar su situación dentro de la comunidad. Con el incremento de los ingresos, se beneficia toda la familia, ya que se invierte en mejor alimento, mejor educación, mejor vivienda y mejor salud. En fin, se trata de dignificar a la gente, dándole una oportunidad de multiplicar sus esfuerzos para salir del estado de pobreza. Además, también se da consejo a los clientes sobre cómo podrían mejorar el rendimiento de sus emprendimientos.

-¿De qué forma pueden los microcréditos ayudar a combatir la pobreza?

-El análisis comparativo de crecimientos promedio anuales de pobreza, la disponibilidad de créditos privados y el PBI en los últimos 20 años demuestran que los países con niveles más altos de créditos privados han podido reducir la pobreza más rápidamente. Un ejemplo: en Chile, donde el crédito privado es del 54% del PBI, el índice de pobreza bajó un 14% entre 1987 y el año 2000. En cambio, en Perú, donde el crédito privado es sólo del 13% del PBI, el índice de pobreza creció en un 19% entre 1985 y 2000.

Pero yo siempre digo que las microfinanzas no son la panacea para combatir la pobreza. Se necesitan muchos otros elementos, tales como la educación, la salud y otros bienes de infraestructura? Las microfinanzas sí pueden promover el crecimiento económico y todos los desprendimientos sociales del mismo a través del apoyo a los microempresarios, que son, en definitiva, el motor de una economía.

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