Máxima impone su estilo en Amsterdam y ya es una moda

Las mujeres copian su corte de pelo y visten sus mismos chales y pashminas
Silvia Pisani
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12 de diciembre de 2001  

AMSTERDAM.- El rostro de Máxima Zorreguieta aparece en todos lados. Hasta en el fondo de los platos soperos en los que se estampó su rostro -con la sonrisa a todo ancho de boca- que se venden en las tiendas de souvenirs, junto con jarritos, cajas, frascos de mermelada y mantelitos con igual decoración.

"Tienen más aceptación que los del príncipe Guillermo Alejandro. Diga en su tierra que ella nos gusta", dijo la vendedora de la tienda instalada en el mismísimo interior de la iglesia donde se casará la pareja real.

Y con esa afirmación la empleada dio en el punto: la llegada de Máxima a la familia real -pese al conflicto político por el pasado público de su padre- catapultó la imagen positiva de la corona.

"No es que la monarquía estuviese en riesgo, ni mucho menos. Pero es un tema que siempre está en debate", dijo un analista local. "Lo mejor que podía pasarle al sistema es algo como esta boda. Que la gente suspire con la felicidad ajena", añadió.

Se señala una fecha específica para que la argentina terminara de seducir al pueblo de su futuro marido: el 30 de marzo, día en el que la reina Beatriz anunció el compromiso. Allí, Máxima exculpó a su padre, ex funcionario de un gobierno militar argentino, y se la vio feliz junto a su novio, el príncipe Guillermo Alejandro. Y a él también.

Pero lo llamativo fue que en esa ocasión la joven habló en un holandés cuya fluidez sorprendió a todos. "Lo aprendió en un año y medio, es un tiempo récord", dijo Henry Beunders, profesor de Historia, Medios y Cultura de la Universidad Erasmo de Rotterdam. "El esfuerzo que está haciendo por integrarse es enorme y eso se valora."

En medios locales se afirma que lo habla mejor que su futuro suegro, el príncipe Claus, el marido de la reina. O que el príncipe Bernard, marido de la ex reina Juliana (Claus y Bernard son de origen alemán). Tanto ese aprendizaje como el intenso proceso de "holandización" por el que pasa se tomaron como datos reveladores de un fuerte compromiso con Guillermo.

¿Máxima o Luis Bonaparte?

De pronto, Máxima parece estar en todos lados y no sólo en las revistas rosas que le dedican páginas y páginas. Por ejemplo, su nombre fue vociferado como respuesta por el grupo de alumnos primarios que, tras un recorrido por el palacio real, escucharon de su maestra la pregunta: "¿Y quién dijimos que vivió en este lugar hace muchos años?"

"¡Máxima!" gritaron los niños, pese a que el nombre de la futura reina no había sido nombrado ni una sola vez en el recorrido. La respuesta correcta era Luis Bonaparte, hermano de Napoleón y primer rey -extranjero, por cierto- que tuvo Holanda. De él les habían hablado durante toda la mañana.

A pocos metros del palacio real, otra vez sonríe el rostro de Máxima. Esta vez en un enorme mural en la fachada de la iglesia Nueva, en la antiquísima plaza Dam, donde hace siglos se ejecutaba gente y ahora se instalaron cuadernos para escribir buenos deseos a la pareja real.

"Se van cuatro carpetas por día", dijo a LA NACION uno de los encargados del lugar. Una rápida mirada a los folios escritos permitió constatar que la mayoría de los mensajes se dirigía directamente a la joven, pasando por alto al novio.

No abundaban los mensajes de argentinos. Sólo se encontró el de una mujer que dijo ser vecina de la calle José E. Uriburu al 1200 -donde vive la familia Zorreguieta en Buenos Aires-, pero "del lado impar, el de enfrente".

Una de las holandesas que hacía cola para firmar sí habló del príncipe y dijo algo curioso. "¿Se fijó en Guillermo Alejandro? Está mucho más flaco y se lo ve contento. Parece más maduro", dijo en lo que pareció una descriptiva síntesis de salud física y emocional.

"¿Y ella, qué le parece?", preguntó LA NACION.

"Entre Lady Di y Sarah Fergusson, me recuerda más a Sarah. Pero ella tendrá más suerte y le irá mejor porque es más lista", sentenció la interlocutora. Sus ojos se pusieron como platos cuando se enteró de que la madre de la ex mujer del príncipe Andrés había estado casada con un argentino y había vivido muchos años en ese país.

Hasta en la moda

¿Qué les gusta a los holandeses de Máxima? Sostienen que es atractiva y, de su forma de ser, les agrada la espontaneidad, la risa abierta y la facilidad de comunicación. "Si la comparas con la arrogancia de Beatriz, verás que son el día y la noche", se indicó.

La maximanía lleva a copiar ropa y peinado en una ciudad como Amsterdam -baluarte del republicanismo holandés- donde la moda no ha sido nunca una obsesión y la elegancia se concibe como lo que es: una cuestión de estilo y no de seguir tendencias cambiantes.

Pero aun con esa salvedad, la "moda Máxima" se ha convertido en un dato de estos días. Así como hace años proliferaron los cortes de pelo a lo Lady Di, ahora se ven por aquí cortes largos, con mechas rubias, planchadas y desmelenadas.

Pero lo que ha convertido en distintivo de la maximanía es el uso de chales y pashminas, de los que la futura princesa rara vez prescinde.

"¡Ah! Una pashmina... igual que Máxima", dijeron a esta enviada. Inútil explicar que la prenda en cuestión tiene ya más de tres años. "Claro, deben ser típicamente argentinas", insistió la interlocutora.

No quedó más que rendirse. Poco vale la razón frente a una manía.

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