Máxima prepara su castillo y los últimos detalles para dar el "sí"

Cómo será su vida a partir del 2 de febrero, día de la boda con el príncipe heredero
Silvia Pisani
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16 de diciembre de 2001  

AMSTERDAM.- Con tres palabras en holandés, "ja, ik wil" -lo más parecido al criollo "sí, quiero"-, la argentina Máxima Zorreguieta consagrará en febrero próximo su casamiento con el heredero de la corona y se convertirá en princesa real de Holanda.

Pero pese a que falta más de un mes para que ese momento llegue, su vida ya cambió mucho respecto del ritmo que llevaba hace poco más de dos años, cuando era agente de cuenta a horario fijo en un banco de Nueva York. "Hoy no es dueña de su tiempo", dijo, en crudo contraste, un conocido analista local en temas de la corona.

"Aunque, tras las semanas de gira por las 12 provincias holandesas y el tenso debate político por el pasado público de su padre, está dedicada más que nada a la preparación del casamiento. No tiene casi exposición pública, salvo lo que haga en función de lo oficial, y ahora esa agenda está muy limitada", añadió el informante.

Su anonimato no es casual. Los holandeses suelen ser cautos a la hora de expresar opiniones sobre la corona, a la que se reserva un papel acotado y apolítico de jefatura de Estado. No son pocos, además, los ciudadanos que se confiesan no monárquicos. Pero, pese a todo esto, la prudencia parece ser norma.

Casi todos piden reserva de nombre y, en algunos casos, llegan a arriesgar la posibilidad de comprobar el texto final. "Entienda; estamos en un momento muy sensible; todo esto ha significado tensión política. Y seguramente lo que se publique será leído por la embajada de Holanda en Buenos Aires", dijeron, palabras más, palabras menos, varias fuentes.

El negocio del petróleo

Tal vez sea sólo eso; tal vez no. La familia Orange es una de las más ricas del mundo, con activos que provienen en buena parte del negocio del petróleo. El príncipe Guillermo es el mayor de tres hermanos varones. Su derecho a la corona habría recaído en el segundo, Johan Friso, de haber llegado al extremo de rescindirlo en aras de su boda con la joven argentina.

Hasta ahora, lo único que trascendió como acuerdo prenupcial es el compromiso de la futura princesa de educar a los hijos que nazcan en la religión protestante. Ella misma estudia ahora esa cultura, aunque se insiste en que podrá mantener su credo católico.

Una vez casada con Guillermo Alejandro -Alex, como le dicen familiarmente los holandeses-, Máxima sumará a su cuenta un sueldo anual de 625.000 dólares, libre de impuestos y pagado por el gobierno. Su marido gana ahora un poco más: casi 800.000 al año. No está mal para empezar...

También deberá añadir a su título real el de princesa de Orange-Nassau y señora de Van Amsberg. Y pasará a llamarse Su Majestad la Reina Máxima en el caso de que Guillermo se convierta en rey, lo que podría ocurrir dentro de siete años, si la madre de él, la reina Beatriz, cumple su anunciado deseo de abdicar cuando cumpla 70 años.

La pareja vivirá en un pequeño castillo, de dos alas y más de 20 habitaciones, llamado Wassennaar. Antes, la casa fue residencia de Cristina, la hermana menor de la reina Beatriz, que, curiosamente, se mudó a Nueva York, donde antes residía Máxima.

La casa queda en las afueras de La Haya, no se puede visitar y está rodeada por extensos jardines. En la parte frontal del parque hay una gran fuente con un poderoso juego de agua. "La señorita Zorreguieta trabaja ahora en la decoración y preparación de la casa", indicó un vocero cercano al gobierno.

Ahora Máxima vive en una pequeña residencia cerca del palacio Huis ten Bosch, que ocupa la familia real en La Haya. El príncipe Guillermo tiene por domicilio un departamento en esa misma ciudad.

"Mucha química"

¿Cómo son en estos días la vida y las relaciones de Máxima dentro de la familia real? Quienes aseguran haberla tratado sostienen que el vínculo con Beatriz, su futura suegra, es bueno. "Difícil saber si llega al afecto, pero sí parece que hay mucha química entre las dos", señaló una fuente inobjetable.

Y mencionó, por caso, el viaje que hace pocos meses hicieron juntas a Italia, donde supuestamente compartieron averiguaciones sobre el traje que vestirá la novia en la ceremonia.

Pese a que, al menos en público, la reina no ahorró nunca elogios para con Máxima, quien más afectuoso parece haber sido con ella es el príncipe Claus, su futuro suegro. "Puedo imaginar el dolor que siente un padre en estos momentos", dijo, al aludir a la decisión del gobierno holandés de prohibir la presencia del padre de la novia, Jorge Zorreguieta, por su pasado como ex funcionario del gobierno militar argentino.

Un padre con experiencia

Claus habla con la comprensión que da la experiencia: ex soldado del ejército nazi -el mismo que invadió Holanda en la Segunda Guerra Mundial-, su ingreso en la familia real fue crítico. Hoy, sin embargo, es una de las figuras más populares y recibió apoyo cuando, tiempo atrás, la prensa habló de episodios de depresión atribuidos al tipo de vida que debe seguir como consorte.

Puestos a conjeturar, los holandeses no temen el mismo riesgo para Máxima. "Es simpática y comunicativa, pero también inteligente y ambiciosa. Y si Beatriz tiene mucho carácter, difícilmente ella tenga menos", suele ser el juicio popular.

¿Qué otros afectos tiene Máxima en Holanda? Quienes la conocen dicen que cuenta con un grupo de amigas argentinas que residen en el país. Quizás una media docena. No todas de su edad; algunas son incluso mayores. "Son una referencia", se indicó.

Pero, por supuesto, su mayor respaldo es el príncipe, quien en el pasado tuvo que superar problemas de imagen: se lo tuvo por frívolo y amante de la vida nocturna.

Hoy, la complicidad y la unidad que demuestran agradan a los holandeses. Y fueron ratificadas por quienes compartieron con ellos ocasiones un poco más privadas.

"Están muy juntos, son muy espontáneos... Se los ve bien, como una pareja feliz", dijo una fuente de La Haya, la sede administrativa del gobierno. Parece un buen comienzo.

Felipe y Eva, demasiado diferentes

  • OSLO (EFE).- La prensa de Noruega señaló ayer que las diferencias culturales, sociales y religiosas que existen entre el príncipe Felipe, heredero de la corona española, y la modelo noruega Eva Sannum fueron una causa importante en la ruptura de su relación, a la que dedica sus primeras páginas. La modelo, de 26 años, se encontraba en Oslo cuando, anteayer, el príncipe informó a la prensa de la ruptura. "Felipe se manifiesta por los dos. Estamos de acuerdo en esta decisión, pero creo que es más correcto que él lo anunciara", declaró Eva al diario Dagbladet.
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