Mea culpa del Papa y obispos de todo el mundo por los abusos sexuales del clero

El Papa, en la tercera jornada de la cumbre sobre los abusos
El Papa, en la tercera jornada de la cumbre sobre los abusos Fuente: AP
Elisabetta Piqué
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23 de febrero de 2019  • 15:53

ROMA.- Los tres días de sesiones en los que por primera vez se puso sobre la mesa, como nunca antes, el escándalo de abusos sexuales de menores por parte del clero, culminaron hoy con un mea culpa histórico realizado en el corazón del Vaticano .

"Con demasiada frecuencia hemos callado, hemos mirado para otro lado, hemos evitado los conflictos, hemos sido demasiado petulantes para enfrentarnos a los lados oscuros de nuestra Iglesia", reconoció monseñor Philip Naamej, arzobispo de Tamale y presidente de la Conferencia Episcopal de Ghana, encargado de pronunciar la homilía de una conmovedora celebración penitencial.

La homilía empezó con un pedido de perdón colectivo: "Te pedimos que nos des valentía para decir la verdad y sabiduría para reconocer que hemos pecado y que necesitamos tu perdón".

"Danos un auténtico arrepentimiento y concédenos el perdón y la paz", fue la plegaria de los 190 altos prelados de todo el mundo presentes, convocados por el Papa para ponerlos de frente a un horror que dañó como nunca la credibilidad de la Iglesia.

La liturgia penitencial fue presidida por el Papa en la Sala Regia del Palacio Apostólico del Vaticano. Fiel a su estilo, Francisco evitó tener un lugar destacado, en un trono apartado, sino que se sentó en las mismas sillas que los demás 190 prelados de todo el mundo, en primera fila, ante un gran crucifijo.

El Papa, con los obispos
El Papa, con los obispos Fuente: AP

"Hemos derrochado la confianza depositada en nosotros, especialmente en lo que se refiere a los abusos en el ámbito de la responsabilidad de la Iglesia, que es ante todo nuestra responsabilidad. No hemos brindado a las personas la protección a la que tienen derecho, hemos destruido las esperanzas y las personas han sido vejadas masivamente tanto en cuerpo como en alma", admitió en su sermón el obispo africano.

"No debemos sorprendernos si la gente habla mal de nosotros, si hay desconfianza hacia nosotros", agregó, en una homilía en la que llamó a seguir el ejemplo del hijo pródigo del Evangelio, que si bien lo pierde todo al principio, luego, cuando decide ser muy humilde, entiende su error, se lo confiesa al padre y cambia.

"¿Podemos nosotros también hacer esto? ¿Estamos dispuestos a hacerlo? La reunión actual revelará esto, debe revelar esto", dijo, al invitar a todos a seguir las indicaciones dadas en las sesiones de estos días y a "asumir responsabilidades, demostrar que rendimos cuentas y establecer transparencia".

"Tenemos un largo camino por delante para aplicar todo esto de forma sostenible y adecuada. Hemos hecho diferentes progresos, y hemos alcanzado diferentes velocidades. La reunión actual fue solo un paso entre muchos. No debemos creer que solo porque hayamos empezado a cambiar algo juntos, todas las dificultades han sido eliminadas. Como el hijo que regresa a casa en el Evangelio, todavía no se ha logrado todo, al menos, todavía tiene que ganarse a su hermano de nuevo", destacó.

Como ocurrió desde el principio de la cumbre, el jueves, también en la liturgia se oyó la voz de una víctima de abusos, que dio un testimonio impactante."Cuando se experimenta el abuso, se querría poner fin a todo. Pero no es posible. Se querría escapar, así sucede que uno deja de ser uno mismo. Se querría huir tratando de escapar de uno mismo. Así es que, con el tiempo, uno se queda completamente solo. Estás solo porque te has retirado a otra parte y no puedes, o no quieres, volver a ti mismo", dijo un sobreviviente chileno que vive en Alemania, que se quebró al contar que "lo que más duele es la certeza de que nadie te comprenderá".

El sobreviviente luego sorprendió a todos ejecutando magníficamente una pieza en violín. Entonces muchos de los presentes tenían lágrimas en los ojos, según pudo verse en una transmisión en directo de la ceremonia.

Acto seguido hubo un examen de conciencia. "¿Qué abusos contra los niños y los jóvenes se cometieron por parte del clero en la Iglesia de mi país? ¿Qué sé sobre las personas de mi diócesis que han sido abusados y violadas por sacerdotes, diáconos y religiosos?", preguntó un obispo.

"¿Cómo ha tratado la Iglesia en mi país a los que han sufrido violencia de poder, de conciencia y sexual? ¿Los hemos escuchado? ¿Hemos intentado ayudarlos? ¿Hemos buscado justicia para ellos? ¿He cumplido con mis responsabilidades personales?", siguió. "En la Iglesia de mi país ¿cómo hemos tratado a obispos, sacerdotes, diáconos y religiosos acusados de agresión sexual? ¿Qué hemos hecho con aquellos que han cometido crímenes sistemáticamente? ¿Qué he hecho personalmente para prevenir la injusticia y establecer la justicia? ¿En qué he faltado?".

Hubo después una "confesión de faltas": "Confesamos que obispos, sacerdotes, diáconos y religiosos hemos ocasionado violencia a niños y jóvenes y que no hemos protegido a quienes más necesitaban de nuestra ayuda", admitió otro obispo.

"Confesamos que hemos protegido a los culpables y hemos silenciado a los que han sufrido el mal. Confesamos que no hemos reconocido el sufrimiento de muchas víctimas, ni hemos ofrecido ayuda cuando la necesitaban", agregó otro, por supuesto en nombre de los demás.

"Señor Jesucristo, te pedimos misericordia para nosotros pecadores. Pedimos perdón por nuestros pecados. Pedimos la gracia para superar la injusticia y buscar la justicia para las personas que han sido confiadas a nuestro cuidado", fue la exhortación final.

La ceremonia, impensable años atrás, concluyó con la oración del Padre Nuestro en latín, el intercambio de la paz entre los presentes y una bendición del Papa.

Se trató sin dudas del momento culminante de la histórica cumbre sobre la protección de menores de estos días, que se cerrará mañana con una misa y un discurso final del Papa. Pero que, como subrayaron sus organizadores, es sólo el principio de una nueva etapa para enmendar un pecado terrible que hundió a la Iglesia en su peor crisis.

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