México: López Obrador acentúa su personalismo en una gestión turbulenta

Tras solo siete meses en el poder, el presidente puso en práctica un estilo cerrado de gestión, que causó bajas en el gabinete y sembró de dudas la eficacia de su gobierno
Tras solo siete meses en el poder, el presidente puso en práctica un estilo cerrado de gestión, que causó bajas en el gabinete y sembró de dudas la eficacia de su gobierno Fuente: Reuters - Crédito: Goran Tomasevic
Ramiro Pellet Lastra
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14 de julio de 2019  

Andrés Manuel López Obrador lleva siete meses en la presidencia de México . Y si un rasgo de carácter se dejó ver más que ningún otro fue, según denuncian los críticos y admiten los seguidores, su excesivo personalismo. Un rasgo que traía del llano, pero que se acentuó a niveles desconocidos en la cima del poder, y que hace temer por las instituciones políticas y la eficacia económica, mientras que ya desató turbulencias políticas y renuncias de peso en su gabinete.

Cuando ganó las elecciones del año pasado, en su tercer y tenaz intento a la presidencia, López Obrador se presentó como el agente de la renovación. La gente votaba a su partido, Morena, y le decía basta al PRI y al PAN, dos siglas tradicionales que cansaron a los mexicanos luego de ejercer largamente el poder sin revertir los datos duros que hacían de México uno de los países más desiguales de América Latina.

Recibió un país donde 53 millones de personas -el 43,6% de la población- viven en condiciones de pobreza, y donde la violencia derivada del narcotráfico y otras mafias irreductibles dejaron más de 250.000 muertes desde 2006.

Pero la deuda social continúa. Y lo que tienen los mexicanos, hasta ahora, es un líder que llevó al gobierno un estilo cerrado a las discusiones, matices o alternativas. La economía creció el 0,5% en el primer semestre, contra un promedio del 2,5% en el sexenio anterior. El empleo dejó de crecer y existe riesgo de recesión, advierten los economistas.

Los más críticos alertan contra la centralización del manejo político, el clientelismo de las prácticas sociales y la simple ignorancia de los fundamentos económicos. Todo un kit de gobierno que recuerda, a menor escala, los momentos más oscuros del hegemónico PRI, que dominó la escena durante 70 años, desde la revolución mexicana hasta 2000.

"Había una falsa percepción de los medios internacionales de que López Obrador era de izquierda y de corriente socialista. De ninguna manera. Él no tiene ninguna idea del socialismo. Se formó en el PRI y esa siempre fue su manera de ver el gobierno", explicó a LA NACION Rubén Aguilar, director de la consultora política Afan.

Más allá de las etiquetas, Aguilar alertó sobre las señales de restauración de las viejas mañas del PRI: "Una política que se construye solo a partir de la voluntad del presidente, decisiones económicas que no están avaladas por la experiencia, y la imposición de cuadros que deben obediencia ciega al presidente".

Quien contribuyó esta semana a revelar los niveles extremos del personalismo fue el secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, que renunció de un portazo con una carta donde señaló, con todas las letras, que ni el mandatario ni sus asesores de confianza lo dejaron hacer su trabajo.

Urzúa denunció un clima de incompetencia y sumisión en la mesa chica del presidente, rodeado de funcionarios promovidos a las alturas más por su obediencia que por su saber. Se creó la costumbre de asentir a las decisiones del líder. Las reuniones de gabinete se reducen a que uno diga lo que se debe hacer y todos los demás digan que sí.

"Los que han trabajado con él o que han sido cercanos a él te dicen que no escucha, que cuando se le mete una idea ya no hay forma de cambiarla. Cualquier divergencia la castiga internamente. Te aleja, te quita, te despide. Mucha gente tiene miedo de contradecirlo. Oye lo que le tienes que decir, pero eso no implica que vaya a hacerte caso. Es muy difícil de cambiar, incluso si le llevas datos", dijo a LA NACION el historiador y politólogo mexicano José Antonio Crespo.

La carta de Urzúa cuestionaba la toma de decisiones "sin sustento" y con "extremismo". En su defensa, el presidente dijo que chocó con el secretario por el Plan de Desarrollo Nacional, una hoja de ruta para su incipiente mandato de seis años. El plan alternativo que le ofrecía Urzúa, en cambio, "era continuismo, una concepción todavía en la inercia neoliberal y había que marcar la diferencia".

Pero el director del Instituto del Seguro Social, Germán Martínez, otro poderoso organismo público, renunció meses atrás alegando exactamente las mismas razones. Veía que las cosas iban mal y que, como no podía incidir en las decisiones, debía hacer las valijas. Buscó la puerta de salida del palacio y se alejó sin mirar atrás.

Los efectos de ese estado de cosas se pusieron en evidencia. "El equipo de gobierno es muy deficiente. O para ser un poco optimista, en siete meses no ha mostrado sus virtudes", dijo el periodista y columnista Salvador Camarena. Y alertó que el jefe de Estado extremó sus posturas "con una serie de costos y desventajas que se deberían tener en cuenta".

Perfiles

Hernán Gómez Bruera, un reconocido analista que desde la asunción en diciembre salió varias veces en defensa del presidente, no cuestionó el estilo personalista en sí mismo, que definió como "un liderazgo fuerte". Pero criticó que "no sea cuidadoso en elegir los perfiles que necesita cada área, y hay áreas en las que no tener un perfil adecuado puede terminar saliéndote más caro".

"Premia mucho la lealtad y es un hombre de ideas fijas. Muchas veces se queda con la gente que le confirma lo que quiere escuchar, y ellos se aprovechan para escalar posiciones y afianzar sus carreras", agregó.

Además de los problemas que comienza a mostrar la economía, según distintos observadores, a nivel institucional los programas de corte social, aun los educativos, son reemplazados por un sistema informal de beneficios en nombre del gobierno.

"López Obrador se dedicó a desmontar el aparato gubernamental que los mexicanos construyeron en los últimos 40 años", dijo Camarena. "Ojo, ese aparato tenía millones de mexicanos en la miseria. Es legítimo hacer cambios. Pero en la manera que los ejecutó uno se pregunta si no terminará en un peor escenario".

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Denuncia

  • El exsecretario de Hacienda mexicano, Carlos Urzúa, renunció esta semana con una carta pública que puso de manifiesto un sistema de toma de decisiones en lo más alto del poder que premia la lealtad y castiga la disidencia a los proyectos del presidente Andrés Manuel López Obrador

Negación

  • Urzúa, considerado un economista altamente calificado, denunció la nula disposición del presidente a escuchar propuestas basadas en datos duros que contradigan sus ideas previas; sus planteos retomaron los de otro renunciante, el director del Instituto de Seguro Social, Germán Martínez

Legado

  • Quienes conocen a López Obrador señalan que esa forma de ejercer el poder era una marca que jamás ocultó y que aprendió en las bases del PRI, el partido en el que hizo sus primeras armas mientras aún era el partido hegemónico que dominó durante siete décadas la escena política mexicana

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