Milicianos cada vez más reñidos con el islam

Rubén Guillemí
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27 de febrero de 2015  

Decapitaciones, mujeres apedreadas, homosexuales que son arrojados desde edificios, matanza de poblaciones enteras... En los últimos tiempos, Occidente mira con horror la crueldad extrema de los milicianos de Estado Islámico (EI)... y la absoluta mayoría de los 1600 millones de musulmanes que viven pacíficamente en el planeta comparte ese repudio.

"Usted malinterpretó al islam convirtiéndola en una religión de dureza, brutalidad, tortura y asesinatos (...) esto es una ofensa al islam, a los musulmanes y al mundo entero", dijeron en una carta abierta contra el líder de EI los máximos expertos islámicos sunnitas (la corriente a la que adscribe EI), reunidos en El Cairo en septiembre pasado.

El rechazo a EI crece día tras día también con las últimas ejecuciones de cristianos y musulmanes. Llegó al extremo semanas atrás cuando los milicianos quemaron vivo al piloto jordano Muaz al-Kassasbeh, porque la religión fundada por el profeta Mahoma en el siglo VII prohíbe la cremación de vivos, muertos hasta de animales. "Nadie está autorizado a castigar con fuego excepto el Creador del fuego", dice una de las tradiciones del profeta (Abu Dawud, Sunan, N° 2673). Quienes conocen a EI coinciden en la escasa formación religiosa de sus militantes en el terreno.

"No creo que sean un movimiento religioso. Son un grupo político. Mientras nos tuvieron como prisioneros nos machacaban con lo que ellos piensan, con lo que ellos creen, pero que no tiene nada que ver con el Corán. No eran discusiones religiosas, sino políticas", dijo, durante una entrevista televisiva, el ex rehén y periodista francés Didier François, que estuvo en las prisiones de EI durante diez meses hasta que fue liberado sano y salvo en abril del año pasado.

François reveló también que fueron infructuosos todos sus intentos por conseguir que los milicianos le dieran un Corán. "Sabíamos que no nos iban a traer El Extranjero, de Albert Camus, pero tampoco quisieron darnos el Corán."

Una particularidad de EI es que en sus proclamas no suele referirse al Corán. "Se basan en historias y acciones que llevaron a cabo importantes figuras en los comienzos del islam. EI se fundamenta en ellos para justificar su ideología del salvajismo", escribió Hassan Hassan, del Instituto Delma, de Abu Dhabi, autor del libro ISIS: inside the army of terror.

Desde adentro del islam, los estudiosos objetan punto por punto algunos fundamentos de la organización.

1) Califato: la palabra "califato" con la que EI denomina los territorios bajo su control irrita especialmente a los musulmanes por el significado que ese término tiene en su tradición como señal de unidad. A lo largo de los siglos, los califatos buscaron congregar a toda la comunidad islámica ( umma) en una única república regida por la sharia, ley religiosa. "En los tiempos modernos, un califato debería surgir del consenso de todos los países musulmanes, las organizaciones de los eruditos islámicos y los musulmanes de todo el mundo", explicó a LA NACION el experto Omar Abboud, uno de los 126 eruditos que redactó la declaración contra EI en El Cairo, en septiembre pasado.

2) Jihad: otra palabra con mucho peso entre los musulmanes es Jihad (esfuerzo). La diferencia entre la Jihad "mayor" y la "menor". La mayor es la lucha espiritual contra el propio ego, y sus "armas" son la búsqueda de Dios y la purificación del alma. La menor es la defensa de toda la comunidad -un concepto cercano al de "guerra justa" entre los cristianos- y la expansión de la fe a los no creyentes. Por este motivo, en primer lugar, "la Jihad nunca puede ser aplicado a una lucha armada contra otro musulmán", explicaron los expertos reunidos en El Cairo. En segundo lugar, la Jihad no está en conflicto con la diversidad religiosa. La sura 22:40 del Corán recuerda que si no fuera por la Jihad, permitida por Dios en su sentido defensivo de toda la comunidad, "habría caído la destrucción en los monasterios, las iglesias, las sinagogas y las mezquitas en las que el nombre de Dios se menciona abundantemente".

3) Infidelidad y homosexualidad: aunque las ejecuciones más impactantes fueron las de occidentales, EI aplica sus brutales métodos sobre las poblaciones que tiene bajo su control, lapidando a personas acusadas de adulterio y arrojando hombres al vacío desde edificios altos, bajo cargos de homosexualidad.

"En el Corán, el adulterio o la fornicación son castigados con azotes [24:2]. Aunque existe una interpretación de la ley islámica que establece la pena máxima de la lapidación para el adulterio", explica a LA NACION Felipe Maíllo Salgado, titular de Islam de la Universidad de Salamanca (España). "Sin embargo, si nos atenemos a la norma, no podría aplicarse casi nunca porque si los acusados no reconocen la culpa, hay que encontrar cuatro testigos que atestigüen haber visto «la pluma dentro del tintero» y las declaraciones de los testigos deben concordar en todos los detalles", precisa Maíllo Salgado. De hecho, recuerda, en su Diccionario de derecho islámico, que en 700 años de Imperio Otomano sobre tres continentes, con plena vigencia de la sharia, sólo hubo dos lapidaciones.

Lo mismo menciona respecto de la homosexualidad. "Lo que ocurre puertas adentro de una casa queda reservado a la persona y a Dios. En el islam, uno no debe dar cuenta ante los hombres de sus actos privados. Por eso no existe el sacramento de la confesión como en el catolicismo."

Castigos físicos: además de la pena capital ( hadd), la sharia habla de castigos físicos como los azotes o las amputaciones para ofensas graves. Pero de los 50 países que integran la Conferencia Islámica, la mayoría ya no aplica esas penas, salvo algunos como Arabia Saudita, Irán o Afganistán. Los otros países ven con horror los castigos públicos.

Ricardo H. Elía, secretario de Cultura del Centro Islámico de la República Argentina (CIRA), señala: "El verdadero musulmán no es quien apela a la violencia o al crimen para defender su religión. El Corán dice cómo deben contestar los creyentes a las ofensas contra su fe: «Los siervos del Misericordioso son los que van por la tierra humildemente y que, cuando los ignorantes los increpan, dicen: '¡Paz!'" (25:63).

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