Mohammed Ali. "El objetivo es convertir a Egipto enun país democrático"

El constructor que impulsó la protesta opositora en El Cairo explicó la trama de corrupción entre los altos jefes militares de su país
Ricard González
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3 de noviembre de 2019  

TÚNEZ.- Mohammed Alí (nacido en El Cairo en 1974) es un constructor y actor amateur que pasó 15 años levantando palacios y hoteles de lujo para la cúpula militar de Egipto. Harto de que se acumularan las facturas impagas, decidió ejecutar su venganza el pasado mes de septiembre. En una serie de videos que se harían virales, denunció de forma detallada la opulencia de la que se rodean los generales egipcios mientras un tercio de la población vive en la pobreza extrema. Varios miles de personas respondieron a su convocatoria de protestas, las primeras en más de cuatro años de brutal dictadura del mariscal Abdel Fatah al-Sisi. El desafío al régimen terminó con una represión generalizada: 4300 detenidos. LA NACION conversó con Ali desde su exilio en Barcelona en una de las primeras entrevistas que concede a la prensa internacional.

-¿Cómo funciona el entramado de corrupción en Egipto?

-La asignación de las obras se hace a dedo, sin concurso público: "Tú, hazme un palacio". No hay contratos ni firmas: te lo pagan todo en mano, y aproximadamente la mitad en negro. Un arquitecto militar está a cargo de los complejos residenciales y cada uno se lleva una comisión, que puede llegar hasta el 15% del costo de la obra. Y uno no puede decir que no, porque si no se paga la comisión, tampoco estará la firma necesaria para hacer la obra. Para el Hotel Triumph pagué 1,5% de los 110 millones de euros que costaba la obra solo para conseguir la firma de un militar. Y no hay problema, porque todo el sobrecosto corre a cargo del presupuesto del Ministerio de Defensa. Siendo ministro de Defensa Al-Sisi, me encargaron construirle un palacio de cuatro plantas, de 600 m2 cada una, y una cocina que parecía la de un hotel, con ocho alas privadas con suites, jacuzzis y una zona infantil con pileta. En total, el palacio costó entonces unos seis millones de euros.

-¿Usted se considera un activista político?

-Soy un ciudadano de Egipto, apolítico. Mi familia nunca tuvo participación política. En 2011, durante las protestas en la Plaza Tahrir, pensaba que aquello no iba conmigo, yo me dedicaba a la construcción y a hacer películas. Antes de publicar el primer video no tenía ningún contacto con ningún grupo de la oposición. Ahora me apoyan todos, de revolucionarios a liberales y hasta los Hermanos Musulmanes. De hecho, después de los dos primeros videos el régimen hackeó mi página de Facebook y fueron otros opositores quienes me abrieron una nueva. El objetivo es convertir a Egipto en un país democrático.

-Precisamente, usted mismo construyó un centro de vigilancia electrónica de la disidencia.

-Me encargaron un edificio de seis plantas, que tenía una infraestructura informática fuera de lo normal, con financiación de los Emiratos Árabes Unidos. La ironía es que después el régimen actuó contra mí.

-Hace seis meses nadie sabía en Egipto quién era Mohammed Ali. ¿Cómo explica tanta súbita popularidad y que tanta gente viera sus videos?

-Porque saben que yo digo la verdad y también porque sufrí la injusticia en mi propia piel. A mí los militares me deben 12 millones de euros. Así tienen controlados a los constructores: no cobrás una obra hasta que te endeudás con la siguiente.

-Usted impulsó con sus videos las protestas de septiembre, que se acabaron con una represión masiva. Hay al menos 4000 detenidos. ¿Valía la pena?

-Tengo informaciones que hablan de al menos 8000 detenidos. Yo no me arrepiento de haber llamado a los egipcios a salir a la calle. Pero lamento que haya tanta gente en la cárcel. Incluso un presentador de televisión prorrégimen dijo, citando fuentes judiciales, que los que compartan mis videos o lleven en el móvil el logotipo de nuestra revolución de los jóvenes se expone a una multa de hasta tres millones de libras egipcias [unos 160.000 euros]. Para mí todo esto es un aprendizaje.

-¿Y ahora cuál es el plan?

-Yo y mucha gente de la oposición estamos preparando un plan, que pasa por nuevas formas de movilización que garanticen la integridad física de la gente. No todo tiene que ser manifestaciones. Esto lo revelaremos en cuestión de dos o tres semanas.

-¿Se siente amenazado?

-Estoy seguro de que las autoridades españolas no me deportarán, porque aquí se respetan los derechos humanos. De lo que sí tengo miedo es de que alguien cercano a Al-Sisi envíe un sicario a matarme. Intento evitar las multitudes, vigilo adonde voy y trato de no exponerme. Después de publicar el primer video me contactó una persona anónima que me dijo que el presidente Al-Sisi sabía lo que estaba haciendo y que me pagarían la deuda si borraba el video de las redes. Después, recibí amenazas por teléfono en las que me decían que me arrancarían la cabeza, y corté el contacto.

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