Moscú, entre las tradiciones soviéticas y el capitalismo salvaje

Transición: la ciudad, aún con rasgos del estalinismo, es ahora centro de atracción para los más variados inversionistas.
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22 de marzo de 2000  

MOSCU (De un enviado especial).- Para un occidental que llega por primera vez, Moscú tiene una magia increíble. Aunque uno ya sabe que no se encontrará con la gris, sucia y decadente ciudad soviética que supo ser en tiempos idos, lo cierto es que difícilmente esté preparado para esta mezcla donde conviven una ciudad absolutamente europea en su estilo con un tránsito caótico digno de un país árabe, y los 25 locales de McDonald´s que pueblan el centro con monumentos que recuerdan los años del duro estalinismo.

Mientras la nieve y el frío hacen caso omiso al calendario latinoamericano al que uno está acostumbrado y se niegan a aceptar que ayer comenzó oficialmente la primavera, Moscú se despliega con los mil y un carteles de productos occidentales, que rivalizan en esplendor con los colores del Kremlin y la Plaza Roja y los dorados de las cúpulas de sus iglesias ortodoxas, donde el pueblo ruso, por su devoción, parece querer recuperar los tiempos en que hasta rezar estaba prohibido.

Ya desde el momento en que uno se sube al avión, comienzan las sorpresas: la mitad del Airbus que abordamos en Francfort tiene plazas para la clase ejecutiva, todo un símbolo de lo que hoy significa Rusia a la hora de encontrar un buen lugar para hacer negocios. De alto riesgo, es cierto, pero con posibilidades enormes y abierto para todos, y por eso no es de extrañar que el avión con destino a Moscú sea una verdadera Babel, donde se mezclan todos los idiomas que uno puede reconocer, y varios más también.

Claro que apenas se pone el pie en el aeropuerto de Sheremetyevo, uno se pregunta adónde llegó. Es cierto que tal vez uno vio demasiadas películas de la Guerra Fría, pero el despliegue policial y las miradas de escrutinio parecen llevarlo directamente al túnel del tiempo, cruzando los dedos para que los documentos estén en orden y nadie de la KGB pretenda interrogarlo algo más a fondo.

Lentitud y burocracia

En realidad, es todo tan lento y burocrático como llegar una madrugada a Ezeiza y hay sólo una ventanilla habilitada para, digamos, 500 pasajeros furiosos (acá, eso sí y por las dudas, nadie levanta la voz ni protesta), pero la distancia y el desconocimiento del idioma pueden disparar toda clase de prevenciones.

Una vez afuera, superada (sí, otra vez como en Ezeiza) la jauría de personas que lo toman a uno del brazo para llevarlo a un taxi mientras otro pugna por sus valijas y el de más allá lo empuja sin misericordia, aparece Moscú con sus anchas avenidas, donde se mezclan los últimos Mercedes Benz y las camionetas 4 x 4 de vidrios polarizados con los Lada soviéticos, que se niegan a morir y descansar en paz, millones de kilómetros después del día en que salieron de fábrica. Y donde conviven amigablemente los policías y las prostitutas, que también se han convertido casi en una estampa de los lugares más concurridos de la capital rusa.

Claro que intentar ser una ciudad tan europea también tiene un precio y, en este caso, altísimo: para el extranjero y para la mayoría de los rusos, acá todo es caro, sin nada que envidiarle a Tokio o, lamentablemente, a Buenos Aires. Ejemplos: comer en un restaurante medio, 40 dólares por persona; una habitación en un hotel internacional, de 200 a 300 dólares la noche; una vuelta en taxi, que Dios lo ampare si previamente no acordó el precio.

Claro que casi todo lo vale: pasear una noche por el Kremlin iluminado, recorrer la Plaza Roja, mirar vidrieras en GUM, el ex mercado soviético ahora devenido lujoso shopping occidental, y ser testigo, aunque sea por un rato, del cambio que se está produciendo en la otrora segunda potencia del mundo, aún dueña de un gigantesco arsenal nuclear, difícilmente tenga precio. Aunque la nieve se le resista a la primavera.

Armas

MOSCU (EFE).- Una red de jefes militares rusos que vendían armas a la guerrilla separatista chechena fueron detenidos ayer por la policía, según reveló la cadena independiente de televisión NTV.

Fuentes policiales informaron que la red, que operaba "desde hace varios años", estaba encabezada por "altos mandos militares" rusos, aunque no precisaron los nombres.

La cadena emitió imágenes de agentes que registraban un camión cargado con 180 misiles, por los que los traficantes habían cobrado más de 140.000 dólares.

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