Muchas misas, un mismo pedido: rezar por el Papa

Los fieles combinaron la alegría y los buenos augurios para su nueva misión con el entusiasmo de comprar suvenires con su foto
Silvina Premat
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18 de marzo de 2013  

En obediencia al pedido del nuevo papa, ayer se rezó por él en cientos de misas en todo el país. El gozo y la emoción invadieron a quienes concurrieron a una iglesia en el primer domingo en el que la Argentina celebraba haber dado a la Iglesia nada menos que un pontífice. Y no faltó el merchandising con el rostro del ex arzobispo porteño convertido en el sucesor de Pedro.

"Llegué a la Argentina hace solamente un año, pero fue suficiente para descubrir y admirar las altas cualidades espirituales y humanas de este arzobispo inteligente y lúcido, hombre de la Iglesia, simple y humilde, cercano a la gente y sin pretensiones", dijo el nuncio apostólico Emil Paul Tscherrig durante la misa que presidió ante los miles de fieles que colmaron la Catedral de la ciudad de Buenos Aires .

El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y arzobispo de Santa Fe, monseñor José María Arancedo, calificó este momento que vive la Iglesia en el país como de "alegría, mucha gratitud y sin triunfalismos". Y, conociendo al sucesor de Benedicto XVI, se animó a suponer: "Pedirá que vivamos este momento con serenidad, oración y espíritu de servicio".

El arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, también pidió "cautela" ante el júbilo por la designación de Bergoglio. "Los argentinos tenemos la tendencia a creernos siempre los mejores del mundo. Que no nos lo creamos demasiado: este signo de la Providencia divina es un llamado de atención para que lo seamos de veras", dijo durante la misa que celebró anoche.

En Córdoba, los católicos se volcaron masivamente a las misas, a pesar de la lluvia. En la capilla San José Obrero del Barrio Residencial San Carlos, el arzobispo de la capital provincial, monseñor Carlos Ñáñez, aseveró: "Hay una gran alegría porque Dios nos ha dado un pastor. Y ese pastor es conocido por todos los argentinos. Es una alegría para todos y para mí en particular".

Los vecinos que se mostraban ayer más orgullos de conocer personalmente al nuevo papa fueron los de las barriadas más pobres de la ciudad de Buenos Aires. "Las villas están que explotan de alegría", reflejó un seminarista que también compartió con el ex arzobispo varias celebraciones populares en la villa 21-24 de Barracas.

La basílica de la Virgen patrona de la Argentina, en Luján, ayer al mediodía estaba también colmada. Allí el padre Daniel Blanchoud, rector de ese santuario, pidió a los fieles: "[Hoy] a las 9 menos diez de la mañana, cuando el papa Francisco se encuentre con la presidenta Cristina Kirchner, elevemos la oración de la patria y un avemaría".

Una de las peregrinas que visitaban Luján, María Susana Grossi, sorprendió al cronista con su respuesta: "Soy evangélica, pero vine igual. Pienso que es el hombre [Bergoglio], que Dios puso en el lugar que está. Se me ocurre que va a ser muy amado".

Merchandising papal

En la plaza Belgrano, de Luján, donde Bergoglio presidió la misa central de la última peregrinación juvenil, en octubre pasado, los vendedores de artículos religiosos se lamentaban por no tener fotos del flamante pontífice. A Carina, una de las vendedoras, le quedaban sólo dos imágenes que vendía a $ 25 cada una. "Ayer vendimos bastantes", dijo, mientras ordenaba su puesto con rosarios de todos los tamaños, llaveros, estampitas de la Virgen, botellas y bidones para llenar con agua bendita e imágenes del Gauchito Gil.

"Ayer vino el mayorista a traer las fotos de Francisco, con la Basílica de Luján y la camiseta de San Lorenzo en la mano. Pero me las vendía a mí a $ 38 y no estaban tan buenas. Así que no le compré", contó otro de los puesteros de Luján.

En la vereda de la basílica San José de Flores, Hugo Salazar, un vendedor de 63 años, exhibía sólo pins y llaveros del nuevo papa a $ 10. Las banderas vaticanas, que vendía a $ 30, se le habían agotado.

En el santuario de Nueva Pompeya, donde también ayer se rezó por el Santo Padre, aún no llegaron los suvenires papales. En su lugar los fieles compraban estampitas de San Francisco de Asís.

En la Plaza de Mayo, en cambio, no faltó el merchandising con la foto del papa Francisco en el momento en el que se asomó por primera vez a la Plaza San Pedro. Se ofrecían banderas, almanaques 2013 y pins redondos a $ 20 cada uno, pins más chicos a $ 15 y dos calcomanías a $ 12. María Monti, de Recoleta, compró un almanaque y dijo a LA NACION: "Nunca compro estas cosas, además no es una foto muy buena, pero lo compré igual para ponerlo en la cocina así, cada vez que lo vea, me recordará su pedido de rezar por él".

Con la colaboración de Fernando Castro Nevares y corresponsales del interior

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