Mueller habló ante el Congreso y otra vez el Rusiagate amenaza a Trump

Mueller, ayer, en su declaración ante el Congreso
Mueller, ayer, en su declaración ante el Congreso
El fiscal especial dijo que el presidente podría enfrentar cargos cuando finalice su gobierno y advirtió que los intentos del Kremlin de interferir en la política siguen "mientras estamos sentados acá"
Rafael Mathus Ruiz
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25 de julio de 2019  

WASHINGTON.- Hermético, escueto y elusivo hasta frustrar a todos. Pero, por momentos, punzante. Robert S. Mueller III, el fiscal especial del escándalo Rusiagate y tormento del presidente Donald Trump testificó ante el Congreso por primera vez desde que se hizo cargo de la investigación que sacudió al país por la influencia del Kremlin en la elección presidencial de 2016, que aún amenaza con llevar al presidente a un juicio político.

Mueller contradijo la visión de Trump del escándalo, lo acusó de darle la bienvenida al respaldo ruso y de tener un comportamiento "problemático", defendió su investigación y advirtió que la injerencia del gobierno de Vladimir Putin persiste.

"No es una caza de brujas", dijo Mueller, en uno de los dardos al presidente que dejó en la maratónica jornada en el Capitolio, durante la cual respondió preguntas por más de seis doras ante dos comités de la Cámara de Representantes, bajo control de la oposición demócrata.

Trump, en declaraciones a la prensa tras el testimonio, volvió a tildar la trama rusa de "farsa ridícula" y una "caza de brujas", declaró victoria, denostó al fiscal y dijo que los demócratas "no tenían nada y ahora tienen menos que nada".

Mueller insistió en que no exoneró al presidente de haber cometido un delito, tal como sostienen Trump, la Casa Blanca y los republicanos. El presidente, señaló, todavía puede llegar a ser acusado de obstruir a la Justicia una vez que deje la presidencia y pierda una protección del Departamento de Justicia que impide acusar a jefes de Estado en ejercicio. Además, dijo que la intervención rusa era el desafío "más serio" a la democracia que vio en su carrera y que esa amenaza aún persiste.

"Lo están haciendo mientras estamos sentados acá", dijo.

El fiscal fue atípicamente enfático cuando le preguntaron si le molestaron los elogios de Trump a WikiLeaks, la organización de Julian Assange que jugó un papel crucial en la trama rusa: obtuvo y difundió mails del Comité Demócrata y la campaña de Hillary Clinton que terminaron perjudicando a la demócrata en la elección. "Problemático se queda corto", respondió.

En uno de los intercambios en la primera de las dos audiencias, Mueller desmintió a Trump sin dejar lugar para las ambigüedades respecto de su supuesta inocencia.

"El presidente afirmó repetidamente que su informe encontró que no hubo obstrucción, y que lo exoneró por completo y totalmente. Pero eso no es lo que dice su informe, ¿verdad?", preguntó el congresista demócrata Jerrold Nadler, presidente del Comité Judicial de la Cámara baja. "Correcto", respondió Mueller.

Nadler luego insistió: "¿El presidente está en lo cierto cuando afirma que fue absuelto, totalmente exonerado?". "No", fue la escueta respuesta.

Mueller, ya retirado de su puesto en el Departamento de Justicia, brindó testimonio bajo juramento primero ante el Comité Judicial de la Cámara baja y luego ante el Comité de Inteligencia, que llevó adelante una de las investigaciones sobre el escándalo que, para algunos, destapó el mayor ataque contra la democracia de Estados Unidos por parte de una potencia extranjera.

Mueller y su equipo de investigadores concluyeron que el gobierno de Putin desplegó una campaña de desinformación en las redes sociales para torcer la elección a favor de Trump, aunque no hallaron evidencias suficientes para probar que hubo una conspiración entre el Kremlin y la campaña del magnate, pese a numerosos contactos. Mueller reiteró también que la campaña del Kremlin buscó beneficiar a Trump.

Pero más allá de algunos estiletazos, el largo testimonio del fiscal, que se mantuvo bajo el cono del silencio desde que se hizo cargo de la investigación federal más sensible en la historia de Estados Unidos, dejó varios interrogantes y desató críticas. Mueller se negó a contestar o a dar precisiones respecto de su trabajo, y por momentos se lo vio titubear en sus respuestas. "No voy a entrar en eso", fue uno de los latiguillos que repitió varias veces para eludir preguntas de los congresistas.

El fiscal dijo que su decisión de desechar una acusación formal a Trump se debió a la política del Departamento de Justicia, que impide acusar a un presidente en ejercicio, pero después aclaró que su equipo "no llegó a una determinación respecto de si el presidente cometió un delito".

El testimonio pareció influir poco y nada en el debate sobre un eventual juicio político. Los demócratas aún mantienen latente esa amenaza, pero los republicanos se mostraron fieles a la línea que bajó el gobierno de Trump: defender al presidente, atacar los orígenes de la investigación, y siempre tildarla de sesgada y partidista.

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