Multitudinaria misa en Jordania

Antes de partir a Israel, el Pontífice celebró un emotivo servicio religioso y fue ovacionado por más de 30.000 fieles.
Antes de partir a Israel, el Pontífice celebró un emotivo servicio religioso y fue ovacionado por más de 30.000 fieles.
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22 de marzo de 2000  

AMMAN (De una enviada especial).- Amani Fajuri parece un angelito. Con sus 8 años, bajita, vestida con una túnica blanca impecable, atravesada por una banda amarilla, con el pelo reluciente y peinado, muy negro y una vela en la mano, sólo le faltan las alas.

Amani, una de los 2000 niños que ayer tomaron su primera comunión en la misa más multitudinaria que un Papa haya celebrado en un país islámico, en el estadio deportivo de esta capital, nunca olvidará este día.

"Estoy muy feliz", cuenta tímidamente a La Nación , acompañada por su maestra. "Yo también: tomar la primera comunión con el sucesor de Pedro es un privilegio", agrega Isa Taia, un compañerito de nueve años muy instruido, que también parece un angelito.

Un día gris y frío -Amman está a más de 700 metros de altura- fue el marco de la misa que celebró Juan Pablo II ayer por la mañana en esta capital, y que terminó bajo la lluvia. Ovacionado por unas 30.000 personas cuando llegó a las 8 y media de la mañana en el "papamóvil" -que fue rodeado por la multitud, que desbordó a los controles-, el Pontífice saludó, pero con un aspecto extremadamente cansado, muy distinto al del día anterior.

Agotamiento

Con el rostro hinchado y marcado por el sufrimiento, el anciano jefe de la Iglesia Católica se pasó varias veces la mano por la frente y por la boca, y se aferró a su cruz, como agotado, durante toda la ceremonia.

De todos modos, vivió con mucho sentimiento la verdadera fiesta que tuvo lugar en el complejo polideportivo de Al-Hussein Youth City.

En medio de estrictas medidas de seguridad, detectores de metales en las puertas de acceso, helicópteros sobrevolando el estadio, y con tanquetas llenas de soldados en las avenidas, hubo cantos cristianos en árabe, coros y cientos de pancartas dándole la bienvenida en distintos idiomas. Entre decenas de banderas jordanas y vaticanas, se destacaban una de Irak y otra de El Líbano. Una pantalla gigante, mientras tanto, hacía titilar en árabe y en inglés la inscripción "Abran las puertas a Cristo", y cientos de alfombras marcaban distintas sendas sobre el pasto.

Refugiados y monjas

No sólo asistieron familias enteras de cristianos, entre ellos iraquíes que viven refugiados en Jordania desde la Guerra del Golfo, y muchas monjas, sino también musulmanes ataviados con sus tradicionales keffiahs .

"Lo que pasa es que los musulmanes ven al Papa como un huésped de honor del rey Abdullah, es decir como un huésped no sólo de los cristianos, sino de todo el pueblo jordano, y saben que es un hombre de paz. Por eso lo respetan, y demuestran un sentimiento general de felicidad y solidaridad en cuanto a su visita", explicó a esta enviada el reverendo Ghaleb Bader, un sacerdote católico jordano.

En este país de mayoría musulmana sólo hay 200.000 cristianos, de los cuales 70.000 son católicos.

La emotiva misa de ayer fue celebrada en los ritos latinos, copto, melquita y maronita. Al principio de la celebración fue bendecida el agua del río Jordán, para la posterior aspersión a los fieles.

La liturgia fue en honor de San Juan Bautista, profeta de Dios y precursor de Cristo, no sólo para celebrar a quien precedió a Jesús en su anunciación y nacimiento sino porque el Bautista es el patrono de Jordania.

En su homilía, que leyó en inglés, el Papa evocó su figura -como hizo más tarde en su visita a Wadi al-Kharrar, el sitio en el cual los jordanos creen que fue bautizado Jesús- y volvió a recordar el objetivo de su peregrinaje jubilar a Tierra Santa: reconciliación, conversión y paz.

Como hizo hace un mes en Egipto, cuando rezó en el Monte Sinaí, reiteró la vigencia de los Diez Mandamientos, fruto de la alianza sellada allí entre Dios y Moisés, que, señaló, "exige obediencia, pero promete libertad".

Alfa y Omega

Reivindicó la figura de Jesús, el redentor de los hombres, que "es la realización de la promesa, el cumplimiento de la Ley, y la meta de cada peregrinaje nuestro: el Alfa y el Omega, el primero y el último, el principio y el fin".

Y al recordar el sínodo de las iglesias de Tierra Santa, que se llevó a cabo hace cinco años, exhortó a todos a vivir como cristianos, con la convicción de que "vuestro futuro reside en la unidad y la solidaridad".

Aludió así a las diferencias que hay aquí en el seno de la Iglesia Católica, que cuenta con seis ritos distintos, e invitó a la concordia y a la colaboración a obispos y sacerdotes, a religiosos y religiosas, y a los laicos, agradeciéndoles las tareas que desarrollan en lo pastoral.

El Papa, que recibió dones y fue besado y abrazado por decenas de fieles -entre ellos algunos niños discapacitados-, también dedicó un capítulo especial a los 2000 niños que tomaron la primera comunión, como Amani e Isa.

Y les dijo: "Jesús es vuestro mejor amigo; El sabe lo que tienen en el corazón. Permanezcan unidos y en vuestras oraciones recuerden a la Iglesia y al Papa".

Palestinos, con más tierra

BETUNIA, Cisjordania (AFP).- Israel traspasó ayer a los palestinos el control total de un 6,1 por ciento de Cisjordania, un día después de la firma de los mapas, y pese a incidentes sangrientos anteanoche que causaron cuatro heridos y un muerto.

"Desde hoy, el ejército israelí ya no ingresará en el 6,1 por ciento de Cisjordania, cuyo control fue totalmente transferido a la Autoridad Nacional Palestina", declaró el general Haj Ismail, comandante de la policía palestina en Cisjordania.

Aclamados por los vecinos de Betunia, unos 30 policías palestinos de uniforme entraron en la localidad, situada cerca de Ramallah, al norte de Jerusalén. Los agentes desplazaron un retén militar israelí situado en la salida de Ramallah y dispararon al aire como muestra de alegría.

La noche anterior, una palestina, Jalimimi el Shruf de 45 años, había resultado muerta y su marido, Mahmud Ibrahim de 48, herido por los disparos de militares israelíes en un retén al sur de Cisjordania.

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