Neutralizar los huracanes, una tarea imposible para los científicos

Las investigaciones fueron inútiles al ser evidente que su fuerza escapa a todo control
Las investigaciones fueron inútiles al ser evidente que su fuerza escapa a todo control
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24 de septiembre de 2005  

DENVER.- Parece una idea genial: simplemente eliminar del cielo a los huracanes como Katrina y Rita antes de que perjudiquen a más gente, o al menos atenuarlos y desviarlos para que no impacten en las ciudades.

Los científicos que analizan los fenómenos atmosféricos señalan que es tan sólo una expresión de deseo el hecho de que podamos destruir o incluso gravitar en algo tan inmenso y poderoso como un huracán. Abandonaron ese afán hace años, después de más de dos décadas de inconclusas investigaciones financiadas por el gobierno norteamericano. Diversas compañías privadas han realizado pruebas en una escala mucho menor, pero lograron pocos avances, pese a que en un primer momento aseguraron que podrían eliminar las nubes tormentosas de la atmósfera.

"Sería como tratar de mover un automóvil con una pajita", indicó el hidrometeorólogo Matthew Kelsch, del Centro Nacional de Investigación Atmosférica, en Boulder, Colorado. "La cantidad de energía desencadenada en un huracán es mucho mayor que cualquier cosa que pudiéramos asestarle", añadió.

El programa de modificación de huracanes se denominó Proyecto Stormfury (?Furia tormentosa´). La idea surgió durante el gobierno de Eisenhower, después de que varias tormentas de gran intensidad azotaron la costa este norteamericana a mediados de los años 50, con un saldo de 749 muertos y miles de millones de dólares en pérdidas materiales.

Pero no fue hasta 1961 que se desarrollaron las primeras pruebas, durante el huracán Esther, con un avión de la marina que le lanzaba cristales de yoduro de plata. Algunos informes indicaron que se logró reducir la intensidad de los vientos entre el 10 y el 30%. Durante el proyecto Stormfury, los científicos también diseminaron esas partículas en huracanes en 1963, 1969, y 1971 en el océano Atlántico, lejos de las costas.

Las partículas de yoduro de plata actúan como eficaz núcleo congelante en las nubes exteriores que bordean la muralla o anillos alrededor del ojo del huracán. La idea era que un nuevo anillo de nubes se formaría alrededor de los núcleos de hielo artificiales. Supuestamente, las nuevas nubes modificarían la configuración de las intensidades pluviales y formarían una nueva muralla o anillo que provocaría un colapso en el huracán primitivo. El huracán modificado se desplazaría más lentamente y sería menos peligroso.

Fracaso

A veces, los experimentos parecieron funcionar. El huracán Debbie, en 1969, fue "sembrado" de cristales de yoduro de plata durante cuatro días por varios aviones. Los científicos advirtieron que su intensidad variaba hasta el 30%. Para que la diseminación de esas partículas sea exitosa, las nubes deben contener el suficiente volumen de agua casi helada. Se forman gotas de lluvia cuando se combinan los núcleos artificiales y el agua casi helada. Pero los investigadores descubrieron que los huracanes contienen menos agua casi helada que otras nubes tormentosas, de manera que diseminar en ellas esos cristales dejó de ser un método confiable. Además, los huracanes se desarrollan y disipan por su cuenta, incluso formando nuevas murallas o anillos de nubes llamados "círculos concéntricos". Eso hizo imposible determinar si la reducción de la intensidad de los huracanes fue obra de la intervención humana. El proyecto Stormfury fue abandonado en los años 80 después de un gasto de cientos de millones de dólares.

Entre los métodos sugeridos para modificar las tormentas figuran enfriar el océano tropical con icebergs y diseminar partículas o películas sobre la superficie oceánica para evitar que las tormentas evaporen el calor del mar, o incluso detonar un arma nuclear para aniquilar un huracán. Los científicos advierten que a los huracanes esas medidas no les harían ni mella. Por ejemplo, el huracán Rita mide 640 kilómetros de ancho. Según el Centro de Investigación Atmosférica, la energía calorífica liberada por un huracán equivale a la cantidad de energía liberada por la explosión de una bomba nuclear de 10 megatones cada 20 minutos.

Traducción: Luis Hugo Pressenda

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