Ni pánico ni euforia: voluntad

Martín Redrado
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9 de agosto de 2011  

La tormenta en el mundo financiero no debe nublar nuestra capacidad de análisis. Primero los hechos: el costo del financiamiento de los Estados Unidos se redujo en este lunes negro. Frente a la crisis, los inversores de todo el mundo compraron más títulos de deuda de la primera economía mundial.

Esto significa que no estamos frente a un quiebre del sistema crediticio internacional. Más bien se percibe falta de claridad en la conducción política de los países industrializados para generar un marco de confianza que permita retomar un crecimiento sustentable.

Estos no son momentos para medias tintas, ya que el mundo está inmerso en un período de volatilidad e incertidumbre. Polos de poder como Estados Unidos, Europa y Japón poseen un elevado endeudamiento y falta de instrumentos fiscales y monetarios para hacer frente a esta situación.

No existen en el horizonte señales positivas que permitan anclar las expectativas. El descenso de la calificación norteamericana no significa una crisis semejante a la de 2008. Los bonos del Tesoro son, paradójicamente, el activo menos malo en un entorno donde los inversores huyen del riesgo.

Los bancos centrales del mundo tomarán todas las medidas necesarias para evitar que el pánico se extienda. La Reserva Federal proveerá liquidez a todo aquel que le haga falta, en particular a las entidades bancarias. En el corto plazo, las dudas se concentran en la capacidad europea de hacer frente a todos los compromisos de sus Estados miembros. Hasta ahora, las señales muestran una voluntad política de no dejar caer a nadie. Esto significa que, salvo alguna nueva sorpresa, proveniente en particular del Viejo Continente, los mercados tendrán que convivir con un mundo desarrollado que no emociona por sus perspectivas.

Desde un enfoque analítico de corte más estructural, resulta evidente que estamos asistiendo a una reconfiguración del orden global, donde las economías emergentes son las únicas capaces de brindar un impulso a la economía mundial, que aun con un incipiente sistema de multimonedas no logra destronar al dólar.

Campo fértil

Por defecto del resto de las regiones desarrolladas, más que por virtud propia, el dólar continuará siendo la principal moneda de reserva, y su debilidad, una certeza. Este quiebre encuentra en América latina el campo más fértil que alguna vez supimos presenciar. Hoy, Brasil, Colombia, México y Perú tienen una tasa de riesgo similar a la de Francia, siendo una prueba contundente de la baja percepción de riesgo de la región respecto de economías avanzadas.

Nuestro país sufrirá en el corto plazo una retracción en el ingreso de dólares comerciales debido a que caerán los precios internacionales de los productos que el país exporta. Esto estrechará aun más el margen de maniobra de la política cambiaria, en un marco de elevada dolarización.

En un horizonte más extenso, constituye otra renovada oportunidad para resolver nuestras inconsistencias y subirnos al apetito por América latina. No hay margen para improvisados. La Argentina necesita menos guitarra, menos rock and roll y más plan económico.

El autor es candidato a diputado nacional y fue presidente del BCRA

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