Niegan que exista una narcoguerrilla

El jefe de la fuerza de tareas boliviana asegura que los cocaleros no están organizados militarmente
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30 de octubre de 2000  

CHIMORE, Bolivia.- El coronel Jorge Antelo, enfundado en su uniforme de combate "made in USA" adornado con dos estrellas, guiña el ojo izquierdo, golpea el piso con sus borceguíes, y dice: "Vea, el resultado está bien a la vista: estamos sacando toda la coca que había por acá, y para fin de año ya no va a quedar nada".

Antelo es el comandante de la Fuerza de Tareas Conjunta -un combinado de 1750 hombres reclutados entre los grupos de elite de todas las armas- que desde hace tres años ha ido ocupando el Chapare en la mayor ofensiva del gobierno boliviano contra los plantadores de coca.

El resultado del Plan Dignidad es que de las 50.000 hectáreas de cocales que había en el Chapare hace diez años, hoy sólo quedan unas 1300. Pero el éxito no ha sido gratis, y unas cuarenta mil familias están hoy levantadas contra los militares, resistiendo con viejos máuser y cazabobos caseros la ofensiva militar. Desde que comenzó el operativo, hace dos años, murieron ocho campesinos y tres soldados.

La visión que Antelo tiene de los cocaleros bolivianos no es idílica: "Son narcotraficantes, núcleos familiares dedicados a la fabricación de la pasta base, donde hasta hay químicos que reemplazaron a los que antes venían desde Perú o desde Colombia", dice.

-Políticos y militares han comenzado a hablar de "narcoguerrilla" para explicar los ataques...

-Sí... Bueno, yo no estoy de acuerdo con eso. Yo no creo que éste sea un movimiento guerrillero, al menos por el momento. Lo que hay son los llamados grupos de autodefensa de los sindicatos cocaleros, integrados por jóvenes que sólo tienen la formación militar que recibieron en la milicia.

-¿Es un movimiento organizado?

-No, y casi no tienen armas automáticas. Por ahora, lo que hemos encontrado han sido viejos fusiles máuser, escopetas y hasta armas caseras, con los caños fabricados con caños de luz, pero que matan lo mismo.

-Su fuerza fue denunciada por violaciones a la propiedad y a los derechos humanos.

-Es cierto. Se han cometido abusos, pero el personal ya ha sido castigado. Lo que pasa es que antes los soldados ni siquiera podían defenderse, y por orden del gobierno tenían que ir desarmados a hacer los operativos. Así que, cuando podían vengarse...

-Pero hay denuncias por torturas y violaciones a los detenidos.

-Ya le dije que es cierto. Pero hay que estar acá, ¡eh! Mis soldados salen a las cuatro de la mañana, se meten en la selva, son tiroteados y acosados mientras destruyen las plantaciones, y recién vuelven al cuartel a las cuatro o cinco de la tarde. Trabajan doce horas diarias bajo la lluvia, con temperaturas de casi 40 grados, y sin comer.

-¿Hay operativos todos los días?

-Menos los lunes. Nosotros sabemos que los cocaleros van a las ferias los sábados a la mañana, y ahí empiezan a beber. Beben todo el sábado y el domingo, y si los lunes ven un soldado...Tratamos de evitar la provocación.

-¿Cómo cree que va a evolucionar la supuesta narcoguerrilla?

-No hay ninguna posibilidad de que esto termine siendo un movimiento guerrillero. Nosotros ya lo pasamos acá en Bolivia. En 1967, el Che Guevara y sus delincuentes subversivos nos agarraron en pañales, pero aprendimos la lección. Hoy tenemos una escuela de contrainsurgencia en el Chaco paraguayo, y todos los oficiales estamos formados al respecto.

-¿Hay soldados norteamericanos en el Chapare?

-¡Ni uno! Estados Unidos nos apoya con toda la logística. Nos han dado los uniformes, los helicópteros, hasta las raciones de comida, pero las tareas de inteligencia y el combate los hacemos sólo los bolivianos.

Mañana: entrevista con el líder de los cocaleros del Chapare, Evo Morales.

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