No es sólo Cataluña: el auge nacionalista se extiende en España

Euskadi, Navarra, Valencia e islas Baleares se sumaron a la ofensiva catalana para diluir los lazos con el Estado central; el gobierno y la corona, en alerta
Martín Rodríguez Yebra
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26 de julio de 2015  

MADRID.- Hay lugares comunes que suenan trágicos en boca de un rey. "Vamos derecho a un precipicio", dijo esta semana Felipe VI, en una reunión a puertas cerradas en el Palacio de la Zarzuela, en la que analizaba el reto independentista de Cataluña. Su interlocutor lo contó al salir y nadie lo desautorizó.

La posibilidad de que la región más rica de España declare la secesión de aquí a dos meses tiene en máxima alerta a la corona y a todo el Estado, pero no es ni de cerca el único frente que amenaza la unidad territorial del país.

En pleno auge, los nacionalismos regionales capturaron estos días una cuota de poder sin precedentes a partir de las alianzas que redibujaron el mapa político después de las elecciones locales de mayo.

El lunes asumió en Navarra, por primera vez, un gobierno liderado soberanistas vascos. Partidos antes minoritarios que pugnan por diluir los vínculos con España forman parte de las coaliciones que mandan en Valencia y en las islas Baleares. En Euskadi, el Partido Nacionalista Vasco consolida su hegemonía.

Aunque en ninguna de estas comunidades existe hoy un plan separatista al estilo del catalán -ni apoyo social para siquiera plantearlo- avanzan reclamos de más autonomía, reivindicaciones de los idiomas locales y gestos contra los símbolos españoles. "En España, siempre han chocado dos elementos contrapuestos: el centralismo y los localismos. Lo que ocurre ahora es fruto del terremoto que sufrieron los dos grandes partidos [el PP y el PSOE]. Se han liberado millones de votantes descontentos que buscan opciones políticas distintas", explica Javier Pérez Royo, catedrático de derecho constitucional de la Universidad de Sevilla.

En su visión, la incapacidad para asimilar políticamente los cambios sociales de los últimos años pone a España ante el riesgo de una "implosión" del sistema constitucional instaurado en 1978. El test decisivo será en Cataluña. Allí se unieron las dos principales fuerzas independentistas para conformar una lista única para las elecciones que Mas convocará para el 27 de septiembre. Si ganan la mayoría en el Parlamento catalán (la consiguen con el 40% de los votos), prometen iniciar el proceso de "desconexión" de España.

El presidente Mariano Rajoy advierte que lo impedirá. Su ministro de Justicia, Rafael Catalá, sugirió el jueves que podría usar el artículo 155 de la Constitución, que permite al gobierno central suspender una autonomía. "Es un momento crítico para toda España -sostiene el historiador Joaquim Coll, activista contra el separatismo-. Lo que promueve Mas es un eufemismo de golpe de Estado. Busca llevar la situación a un callejón sin salida que puede terminar en una crisis imposible de manejar."

El caos catalán se sigue de cerca en Euskadi. Su presidente, Íñigo Urkullu (PNV), transita una vía conciliadora, pero mantiene su aspiración a que se reconozca a la "nación vasca" y se avance en la cesión de competencias a su gobierno. La calma tiene lógica. Una encuesta de la Universidad del País Vasco reveló anteayer que el apoyo a la independencia se ubica en el 30% y que la mayoría aspira a una mayor autonomía sin romper con España.

Más incierta se tornó la situación de Navarra. La jura como presidenta de Uxue Barkos significó un cambio histórico. Pese a haber obtenido apenas el 15% de los votos, consiguió el poder como cabeza de una coalición de partidos unidos por el nacionalismo vasco. Al asumir, mencionó la posibilidad de impulsar en algún momento la unificación de Navarra con Euskadi. Es el mayor sueño del separatismo vasco, que considera a esos dos territorios como su patria. La mayoría de los navarros rechazó históricamente la asimilación.

Barkos le encomendó el área de seguridad a una ministra elegida por Bildu, el partido de ex militantes del brazo político de ETA. Además promete ampliar el uso del euskera en la administración y en la educación. "Los independentistas piensan que no pueden crear un Estado si no son una nación con una lengua. La lengua vasca es la palanca del proyecto nacionalista", indica el filósofo y sociólogo Aurelio Arteta.

La defensa del idioma propio es también la bandera del frente nacionalista de izquierda Compromís, que gobierna Valencia capital y forma parte del gobierno regional encabezado por el socialismo que desbancó este mes al PP. Allí el separatismo es más difuso, pero la idea de reconstruir los "Países Catalanes" en la franja mediterránea figura entre los principios de algunos partidos que integran la coalición.

Algo similar ocurre en las Baleares con el partido MÉS, llave del gobierno liderado por el PSOE. Entre sus medidas se cuenta la derogación de una ley del PP que limitaba la enseñanza del catalán en las escuelas y la decisión de abrir al público los jardines del Palacio de Marivent, residencia de verano de la familia real en Mallorca. El desafío condiciona el incierto proceso para elegir el nuevo presidente español, a fin de año. Para casi todos los partidos, salvo el PP, será inevitable reformar la Constitución con el fin de hallar una salida al rompecabezas territorial.

"El cambio debió impulsarse hace mucho -opinó Pérez Royo-. Ahora se intentará en un momento crítico. Me temo que no seremos capaces de hacerlo."

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