Nubes en el futuro del euro a cuatro días de su debut

Llega en un escenario de crisis global
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28 de diciembre de 2001  

LONDRES.- La aparición del euro a partir del martes próximo trae aparejada sentimientos encontrados. La mayoría de los europeos pasó por toda la gama de emociones con relación a su nueva moneda: entusiasmo y enamoramiento, enojo y traición, disputa y reconciliación. Ahora están en otra cosa.

Hace tres años, cuando el euro inició su existencia virtual, se decía que para esta fecha la economía de la eurozona habría despegado con la potencia de una pelota de golf lanzada por Tiger Woods. Con un más alto crecimiento y una menor desocupación, la moneda se dispararía en los mercados de cambio, convirtiendo a Europa en la locomotora económica del mundo.

Este guión no se cumplió. En cambio, el euro llega a un mundo mucho más frío que cualquier otro imaginado por sus arquitectos. El 11 de septiembre hizo que todo fuera más peligroso de lo que hubiera sido de otro modo, pero aun sin los hechos ocurridos ese día el estallido de la burbuja de fines de los 90 ha empujado a la economía mundial al borde de la recesión.

Dos grandes problemas enfrenta el euro en su primer año. Llega en medio de la peor crisis económica global en una década. Esto significa que los europeos no ven nada de lo bueno en la nueva moneda, ven sólo lo malo. Nadie puede culpar al euro por la situación de la economía mundial. Se puede culpar a muchos actores diferentes por ella. Pero la coincidencia es perturbadora. Si uno es un trabajador de una automotriz alemana y es despedido unas pocas semanas después de que los nuevos billetes y monedas aterrizan en su mano, esos dos hechos pueden no estar relacionados entre sí. La automotriz probablemente lo habría despedido de todos modos. Pero la sensación será que ambos están vinculados. Y éstas sólo pueden ser malas noticias para el euro.

El euro puede tornar la crisis peor de lo que hubiera sido de otro modo. Una razón es el intrínseco sesgo deflacionario del sistema, que obliga al Banco Central Europeo a establecer un rígido objetivo de inflación e impide a los gobiernos de la eurozona aumentar el gasto durante un bajón cíclico. La economía del Reino Unido estaría más fuerte que la de la mayoría de sus rivales europeos el año próximo porque el gobierno está aumentando el gasto público. Las reglas de la moneda única impiden a los gobiernos de la eurozona hacer lo mismo.

Moneda paradójica

En segundo lugar, la moneda en sí misma es deflacionaria. Permite a los consumidores desde Hamburgo hasta Atenas medir los precios en la misma moneda, acrecentando la competencia y la posibilidad de elegir. Pero esto sólo se sumaría a la presión marginal que muchas compañías ya sienten, obligándolas a despedir a más trabajadores.

El aumento de la competencia debía ser uno de los puntos fuertes del euro -una mayor competencia, la comparación de precios al comprar son buenas para las economías-, pero durante una crisis las fortalezas del euro se convierten en debilidades. Esta es la paradoja de la moneda, y por qué es éste un tan mal momento para empezar con ella.

El euro debía ser la pieza del mecanismo que completaría la creación de una economía única, de escala continental, desencadenando la reestructuración de la Europa corporativa. Las viejas industrias nacionales se desmembrarían, emergiendo en su lugar industrias más comprensivas y productivas.

Para que tal cosa ocurriera, se necesitaba un montón de licitaciones y fusiones. Las automotrices se comprarían unas a otras y se reestructurarían. Las compañías de telecomunicaciones, alimentos, energía y otras harían lo mismo. Un mercado de capitales más amplio y profundo, creado por la moneda única, contribuiría a que esto sucediera.

En 1999 y a comienzos de 2000, al lanzarse el euro virtual, esa teoría empezaba a hacerse realidad. Pero ante una tendencia descendente, las licitaciones cesaron. Los mercados de capital se congelaron. Las reestructuraciones se pospusieron. Y a causa de la tendencia a la baja, Europa obtiene las desventajas de la moneda común sin sus beneficios.

Para los estrategos de la eurozona, la situación ofrece un desafío. Deben asegurarse de que el euro pueda cumplir con algunas de sus promesas, so pena de perder el magro apoyo público que la moneda tiene en este momento.

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