Obama amenaza al Congreso con gobernar por decreto

En el discurso sobre el Estado de la Unión, advirtió que no se quedará "paralizado" y que avanzará con medidas a favor de la clase media
Silvia Pisani
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29 de enero de 2014  

WASHINGTON.– En un intento por mostrar que su identificación con Francisco y su compromiso en la lucha contra la desigualdad no son vanos, el presidente Barack Obama dio un paso audaz ayer al amenazar con pasar por arriba del Congreso y tomar "por decreto" medidas en esa dirección, en un esperado discurso sobre el Estado de la Unión en el que propuso que 2014 sea "un año de acción".

"Estados Unidos no se detiene y yo tampoco lo haré. Así que donde pueda y cuando pueda tomar medidas sin legislación [aprobada por el Congreso] para ampliar las oportunidades para más familias norteamericanas, eso es lo que voy a hacer", dijo Obama en la exposición de objetivos y el balance de gobierno que hacen anualmente los presidentes de este país ante las dos cámaras del Congreso.

Obama propuso tomar medidas específicas para "acelerar el crecimiento y fortalecer" a la clase media, y crear nuevas oportunidades de ascenso social.

"Hoy, tras cuatro años de crecimiento económico, las ganancias corporativas y los precios de las acciones están más altos que nunca, y a los que están en los altos mandos nunca les había ido mejor. Pero los salarios promedio casi no se han movido. La inequidad se ha profundizado. La movilidad social ascendente se ha estancado", sostuvo el presidente demócrata.

"El hecho frío y duro es que, en medio de la recuperación, demasiados norteamericanos están trabajando más que nunca para llegar a fin de mes. Y demasiados no están trabajando", destacó.

"Nuestra tarea es revertir esa tendencia", insistió a los congresistas. Antes los había llamado a ver "hasta dónde podían hacer progresos juntos" y a hacer de 2014 un "año de acción". "Eso es lo que la mayoría de los norteamericanos quieren", explicó.

Con igual firmeza y en la misma línea, el presidente apuntó al compromiso de reflotar la promesa de una reforma migratoria, que habilite la posibilidad de ciudadanía a más de diez millones de inmigrantes irregulares.

Como anticipo de ese compromiso, un inmigrante irregular acompañó a la primera dama Michelle Obama en el palco de honor, mientras escuchaba el discurso de su marido.

La lista de invitados a ese palco suele reflejar la línea por la que piensa ir el presidente.

En este caso, el elegido fue un dirigente de los llamados "dreamers" (soñadores, en inglés), tal como se define a los hijos de inmigrantes irregulares que fueron traídos al país por sus padres y, pese a haber sido criados como norteamericanos, no forman parte legal de la sociedad.

Audiencia

Tradicionalmente, el discurso del Estado de la Unión se pronuncia ante las dos cámaras legislativas. Pero la realidad es que esta vez Obama apuntó como nunca a los millones de personas que –confiaba– lo estaban escuchando a través de la transmisión directa por televisión.

Por eso, por primera vez en la historia, la transmisión de la Casa Blanca incluyó la oferta de una traducción en español, el idioma original de la gran mayoría de los inmigrantes irregulares de este país. La intención era que ellos escucharan directamente al presidente.

Pero junto con la reforma migratoria, lo otro que se subrayó fue la decisión de apelar a decretos en caso de que el Congreso siga sin acompañarlo, como ha sucedido hasta ahora con buena parte de sus promesas de campaña.

La decisión parece responder a la realidad de un presidente desesperado por no poder sacar adelante ninguno de los proyectos que prometió el año pasado y que, día tras día, viene perdiendo popularidad. Las encuestas lo sitúan apenas por arriba del 40 por ciento, uno de los indicadores más bajos en los seis años que lleva en el poder.

Si bien anoche hubo una respuesta formal de los republicanos al discurso, lo cierto es que antes de que Obama abriera la boca ya se conocía su negativa.

"La pregunta es, señor presidente, ¿ayudarán estos decretos? Me temo que la respuesta es no", preguntó y se contestó el jefe de los republicanos en la Cámara baja, John Boehner. Otros, sin embargo, lo respaldaban.

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