Obama, con amplios poderes para ordenar ciberataques

La Casa Blanca prepara las primeras normas sobre cómo defenderse en caso de sufrir una agresión cibernética
D. E. Sanger y T. Shanker
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5 de febrero de 2013  

WASHINGTON.- Un informe oficial secreto sobre el uso del creciente arsenal de ciberarmamento de Estados Unidos llegó a la conclusión de que el presidente Barack Obama tiene amplios poderes para ordenar un ataque preventivo, en caso de que Estados Unidos tenga evidencias de que se cierne sobre el país la amenaza de una gran ataque cibernético.

El gobierno de Obama se prepara para aprobar, en los próximos meses, las primeras regulaciones sobre el modo en que los militares pueden defenderse o contraatacar, en caso de un masivo ataque cibernético.

También se implementarán nuevas políticas que regularán el modo en que las agencias de inteligencia pueden buscar en redes de computadoras lejanas señales de posibles ataques contra Estados Unidos, y si el presidente lo aprueba, atacar a los enemigos introduciendo en esas redes un código de destrucción, aunque la guerra no se haya declarado.

Esas normas serán altamente reservadas, al igual que las que regulan los ataques con aviones no tripulados. John Brennan, asesor en antiterrorismo de Obama, y su candidato a dirigir la CIA, tuvo un rol central en la elaboración de las políticas administrativas referidas a los aviones no tripulados y la guerra cibernética, las dos armas más novedosas y políticamente sensibles del arsenal norteamericano.

La carrera armamentística cibernética es la más compleja de las que se desarrollan en la actualidad. El Pentágono creó un nuevo cibercomando, y se cree que la red de armamentos cibernéticos es uno de los pocos ítems del presupuesto militar que aumentarán.

Obama aprobó el uso de armas cibernéticas una sola vez a principios de su presidencia, cuando ordenó una serie de ciberataques contra instalaciones de enriquecimiento de uranio de Irán. Los ataques contra Irán demostraron que la infraestructura de una nación puede destruirse sin necesidad de ser bombardeada.

Aunque muchos objetivos potenciales son militares, la red de energía de un país, su sistema financiero y sus redes de comunicación también pueden ser dañadas. Hay actores más complejos, no estatales, como grupos terroristas o criminales, que pueden planear ataques cuyo origen es más difícil de identificar.

Algunos críticos sostienen que la "ciberamenaza" está siendo exagerada por los contratistas y consultores que ven el nicho de multimillonarias ganancias.

Un alto funcionario norteamericano dijo que los oficiales rápidamente determinaron que el ciberarmamento es tan poderoso que, al igual que las armas nucleares, sólo debería ser utilizado por orden directa del presidente.

"Son contadísimas las instancias en las que un ciberoperativo dependerá de la decisión de niveles de mando inferiores al presidente", dijo el funcionario. Eso significa que el gobierno ha descartado el uso de la represalia "automática" si se detecta un ataque contra la infraestructura norteamericana, por más que el virus viaje a la velocidad de la red.

Según las nuevas directivas, el Pentágono no se involucraría en la defensa contra ciberataques comunes contra empresas o individuos norteamericanos, aunque es quien tiene el mayor arsenal de herramientas cibernéticas. En el plano interior, la responsabilidad recae sobre el Departamento de Seguridad Interior, y las investigaciones sobre ciberataques o ciberfraude son llevadas a cabo por el FBI.

Pero los militares, impedidos de actuar en el interior de Estados Unidos sin orden presidencial, podrían llegar a tomar parte en caso de que se produzca un ciberataque de grandes proporciones dentro de Estados Unidos. Para que esa ambigüedad juegue en contra del enemigo, los funcionarios del gobierno han mantenido en secreto cuál es ese umbral. Hasta el momento, el secretario de defensa, Leon Panetta, sólo ha descripto esa "línea roja" en los términos más vagos posibles, como un "cíber 11 de Septiembre".

El gobierno de Obama ha apurado la implementación de firewalls más fuertes y otros sistemas de protección como primera línea de defensa, y una mayor "resiliencia" frente a los ciberataques. Obama no logró que el Congreso aprobara una ley de ciberseguridad que habría permitido al Ejecutivo imponer sus propios estándares.

Traducción de Jaime Arrambide

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