Obama redobla la presión para destrabar la parálisis

Les pidió a los republicanos que "terminen con esta farsa" y pidan a sus legisladores "que voten el presupuesto"
Silvia Pisani
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6 de octubre de 2013  

WASHINGTON.- Entre las cosas que cuesta explicar en la capital norteamericana figura que un grupo de 40 diputados tenga medio paralizado al gobierno y amenace ahora con dejar al país en suspensión de pagos si, como ya están diciendo, no votan dentro de diez días una extensión al permiso que se le da al gobierno para emitir deuda.

Antes de entrar, a partir de pasado mañana, en la segunda semana de freno parcial en la administración pública, el presidente Barack Obama hizo ayer un desesperado llamado a los republicanos para que "terminen con esta farsa" y pidan a sus legisladores que "de una vez voten el presupuesto" para así tener dinero con el que financiar a la administración nacional. Y advirtió que la parálisis está teniendo un impacto "desgarrador" en los ciudadanos.

Es que ésa es una de las paradojas del asunto que se origina en que el Congreso no aprueba y mantiene en un cajón el presupuesto de gastos para el año que viene. Pero eso no sólo es lo que está pasando, sino, también, lo que parece que seguirá pasando. Sorpresivamente, el Congreso sí se puso de acuerdo para votar una norma excepcional por la que se pagará igual el sueldo a los 800.000 trabajadores públicos obligados a vacaciones forzosas. De ese modo, espantan el temor de que los bolsillos vacíos de los empleados públicos desaten protestas callejeras.

Lo insólito de la cuestión del presupuesto es que los votos para aprobarlo están. Las cuentas muestran que la norma podría ser aprobada hoy con el respaldo de demócratas y de republicanos moderados.

Pero si eso pasara, es muy probable que el republicano que preside la Cámara de Representantes, John Boehner, resultara eyectado de esa posición, por los republicanos radicales que no quieren un acuerdo moderado con los demócratas.

Para ellos, el gasto es el enemigo y la reforma del sistema de salud de Obama, cuya postergación exigen a cambio de aprobar el presupuesto, la síntesis de todos los males. De modo que no hay acuerdo a la vista. Salvo el que, en la madrugada de ayer, permite pagar a los empleados públicos que no trabajarán por quién sabe cuánto tiempo, sólo para evitar protestas.

El recurso evita el incendio social, pero no la traba política que persiste en Washington y que pone a Obama, una vez más, contra las cuerdas, y que, en lo inmediato, ya le tiró abajo la gira asiática que ayer debería haber empezado. Un viaje en el que Washington trabajaba para aumentar la intensidad de su relación con Asia. En su lugar la hará el secretario de Estado, John Kerry. Pero no es lo mismo.

Harto, Obama pidió a los simpatizantes republicanos que presionen a sus legisladores para que voten el presupuesto. No está claro si el recurso le funcionará o no. Sí, en cambio, está claro que Boehner se aferra a su puesto y no parece muy dispuesto a entregar su cabeza.

La verdad es que, más allá de las vulnerabilidades del sistema, toda la maniobra se debe al empeño de un grupo de 40 representantes ultraconservadores del Tea Party, que están arrastrando al resto del bloque a su posición, a riesgo de fracturarlo.

"Y ahora nos plantamos y no votaremos la extensión del techo de deuda", prometía ayer el republicano por Florida Ted Yoho.

Una vez más, el fantasma de la suspensión de pagos empieza a pasearse sobre la economía norteamericana, una posibilidad que espanta a quienes hablan de "catástrofe" a la hora de medir sus consecuencias económicas.

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