Obama respira

Por Diego Valenzuela Especial para lanacion.com
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25 de diciembre de 2009  • 17:03

El 20 de enero de 2009 fue una fiesta en Washington. La sensación era que empezaba una nueva era, con el primer presidente afroamericano en la Casa Blanca, un joven y brillante orador que parecía portador de todas las soluciones para los dilemas profundos de la mayor potencia mundial.

La realidad fue más dura de lo imaginado, pero no inesperada. La salida de la crisis financiera cuesta tiempo y aún el desempleo golpeará los bolsillos y la psicología de la población un tiempo más. Con el correr de los meses, los indicadores de popularidad fueron registrando algo parecido a una decepción. La reforma de salud -que está en marcha- consumió buena parte de las energías de la administración Obama durante el año, pero muestra que la capacidad de cambio está intacta.

El desgaste de la gestión se hizo evidente en la aprobación social de su trabajo. Hoy, según datos del Pew Research Center, un 49 % aprueba la tarea del presidente y un 40 % la desaprueba. En febrero de 2009 la misma medición arrojaba un 64 % a favor y un 17 % en contra. Sin embargo, si se lo compara con otros presidentes en el mismo momento de su mandato, está en una situación parecida a la de Reagan o Clinton. Ante la pregunta de si Obama significa un nuevo enfoque de la política en Washington, en febrero un 66% respondía afirmativamente, mientras que hoy lo hace un 53%. La situación económica pesa en la relativa pérdida de apoyo y valoración: un 91% considera que la economía anda regular o pobremente.



La aprobación a la gestión de Obama según pasaron los meses
La aprobación a la gestión de Obama según pasaron los meses Crédito: Pew Research Center

A pesar de la pérdida de valoración, Obama parece conservar su base electoral. Lo apoyan más las mujeres, los jóvenes, los negros y los demócratas. No hay evidencia, segun Pew, de que los "liberals" de su partido (el ala más a la izquierda) estén desilusionados, como se percibe al leer los blogs políticos. Sólo un 29 % de los demócratas "liberals" que aprueban la gestión Obama dicen que hay cosas que no les gustan. En general, se lo sigue viendo como un presidente que defiende las posiciones tradicionales de su partido.

Según los sondeos que circulan, la opinión pública se está moviendo en dirección conservadora (especialmente los independientes), lo que mostraría que el triunfo de noviembre fue del fenómeno Obama y no de los "liberals" (producto de un giro ideológico). Es que se teme que con este proceso aumente el tamaño del estado, algo que inquieta no sólo a los conservadores sino también a los demócratas centristas. Por otra parte, los "liberals" acusan a la Casa Blanca de escuchar demasiado a los moderados y de alejarse de las promesas de campaña.

Sindicatos, hispanos, gays y militantes contra las guerras están en alerta permanente. Los sindicalistas, por caso, se muestran escépticos porque Obama levantó el pie del acelerador y dejó de empujar una ley que haría más sencilla la organización gremial en los Estados Unidos. Los gays recibieron pocas señales (un embajador en Nueva Zelanda) y los hispanos siguen esperando el intento de una reforma inmigratoria profunda. Muchos le recuerdan sus compromisos de campaña y su lema "yes we can".



La comparación con otros presidentes de EE.UU.
La comparación con otros presidentes de EE.UU. Crédito: Pew Research Center

Obama a todas luces ha trabajado condicionado por la crisis económica heredada y por las limitaciones que ejerce el poderoso Congreso. De hecho, en lo modesto que respecta a Latinoamérica, los poderes conservadores han tenido en suspenso mucho tiempo la designación de Tommas Shannon como embajador en Brasil y de Arturo Valenzuela como encargado del departamento de estado para asuntos hemisféricos (se destrabó cuando Obama corrigió su posición sobre Honduras). El partido republicano viene de ganar elecciones locales en Virginia y Nueva Jersey.

La reforma de salud, su gran proyecto inicial, se fue moderando hasta que se hizo posible su avance, algo que resulta histórico para el país. Con un costo de 870 mil millones de dólares en 10 años, extendería los beneficios a 30 millones de ciudadanos sin cobertura médica (imponiendo subsidios para que familias de ingresos medios puedan comprar salud privada). Esta gran apuesta de Obama y la recuperación económica serían la base para disputar con chances las elecciones de medio término de 2010, que a su vez son fundamentales para imaginar si su futuro es promisorio o habrá sido una burbuja de optimismo pasajera en la vida de los norteamericanos.

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