Olvidados: las voces de los que depositan su esperanza en Trump

Los obreros de la zona industrial y mineros de los Apalaches se sentían marginados y subestimados por las elites de Washington; es un sector que no se vio beneficiado con la recuperación económica
Amy Forliti
Claire Galofaro
(0)
11 de noviembre de 2016  

Festejos de seguidores de Trump en California
Festejos de seguidores de Trump en California Fuente: AFP - Crédito: Frederic Brown

MENOMONIE, Wisconsin.- La noche de las elecciones, cuando Donald Trump se adjudicó la victoria en el estado de Wisconsin, Shay Chamberlain, oriunda de allí, se cayó al piso de contenta. Ella cree que Trump es su salvador, un enviado de Dios para salvar a Estados Unidos de la ruina.

Es dueña de un negocio de ropa femenina en esta remota localidad y su marido tiene una empresa constructora. Tienen dos hijos y sacan unos 44.000 dólares por año.

La noche de su victoria, Trump llamó a la gente como Chamberlain y su familia "los hombres y mujeres olvidados de Estados Unidos": los obreros de las ciudades del cinturón industrial y de las zonas mineras de los montes Apalaches que lo llevaron en andas a su improbable triunfo.

Gente que se sentía dejada atrás por el progreso y ridiculizada por las elites que decidió depositar su fe en un empresario megamillonario de lengua filosa y pocas pulgas que prometía devolverle a Estados Unidos su grandeza.

No bien Trump decidió competir, Chamberlain se dijo: "Este hombre es la respuesta a todas nuestras plegarias". Ahora, se siente reivindicada por los resultados. "Esto es un movimiento, ya no es solamente un candidato -dice-. Es un movimiento."

No todo el apoyo a Trump provino de la pisoteada clase obrera. Pero el abrumador apoyo que concitó el republicano entre los blancos sin formación universitaria es un reflejo de lo poco que los ha beneficiado la recuperación económica posterior a la Gran Recesión.

Sus oportunidades laborales disminuyeron al igual que sus ingresos, por más que los índices generales del mercado de trabajo del país exhiban mejoras.

Pero son personas que también se volcaron a Trump para que contenga la marea de cambios sociales: matrimonio del mismo sexo, derechos de los transgénero, una sociedad cada vez más racialmente diversa.

La clase obrera blanca, largamente ignorada, encontró en Trump un vocero inesperado que prometió construir un muro para dejar afuera los inmigrantes, dar de baja los tratados comerciales que se llevaron los puestos de trabajo fabriles al exterior y devolver el país a una época en la que los trabajadores blancos se sentían valorados y realizados.

"Siento que no sólo la mayoría, sino todos los que apoyan a Trump son verdaderos patriotas -dice Ginger Austin, de 59 años, propietaria de una gráfica en un diminuto pueblo del condado de Jones, uno de los lugares más pobres de Carolina del Norte-. Estaban cambiando todo. Poco a poco nos iban despojando de todos nuestros derechos."

Austin está furiosa con el Partido Republicano, al que ha apoyado toda su vida. Está furiosa con Barack Obama y el Obamacare.

Está furiosa con los cambios en Estados Unidos y preocupada de que sus nietos crezcan en un mundo demasiado liberal y demasiado políticamente correcto.

Miles de demócratas registrados para votar, incluidos muchos ex trabajadores sindicalizados de las minas y las fábricas, se pasaron de bando y votaron por Trump. En el condado de Dunn, de Wisconsin, por ejemplo, donde vive Shay Chamberlain, en 2012 Obama derrotó a Mitt Romney y cuatro años antes, a John McCain. Ahora, sin embargo, el condado votó a Trump.

Scott Hiltgen, empresario pyme de 66 años de Wisconsin, dice que Washington es un "pozo ciego" de políticos de carrera, indiferentes a las penurias del trabajador norteamericano aunque las conocen de memoria.

"Nos miran desde la ruta. Acá ni paran -dice Hiltgen-. Así que yo creo que la mayoría silenciosa finalmente dijo ¡basta! Queremos un cambio. No nos gusta el rumbo que han tomado las cosas."

Los varones blancos de mediana edad que sólo tienen título secundario, el núcleo de apoyo a Trump, vieron reducirse sus ingresos por la inflación en un 9% entre 1996 y 2014, según Sentier Research. Por el contrario, los varones blancos con título universitario de la misma franja etaria vieron incrementarse sus ingresos en un 23%.

La Gran Recesión barrió con millones de puestos de trabajo de salarios medios en fábricas, oficinas y el sector de la construcción. Y esos empleos nunca se recuperaron, aunque ahora haya 6,5 millones de puestos más que antes de la recesión. En muchas partes de Estados Unidos, esos puestos fueron reemplazados por empleos de bajos ingresos en restaurantes, hoteles y asistencia de salud domiciliaria.

Ese "vaciamiento" de la economía del país ha dejado a muchos norteamericanos con título secundario con la sensación de haberse caído de la clase media.

Jerry Blackburn, empleado municipal jubilado de una zona rural del estado de Virginia, dice que es como si hubiese llegado alguien de alguna parte que les quitó todo a él y a sus vecinos, y después se fue y los dejó sin nada.

"Se llevaron el carbón de nuestra región, todos ellos se hicieron ricos, ¿y nosotros qué? -se pregunta Blackburn-. A nosotros nos quedaron los pulmones negros. No tenemos agua para tomar, ni caminos, ni nada, salvo un montón de mineros viejos y quebrados. Todos se hicieron ricos a costa de nosotros."

Traducción de Jaime Arrambide

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.