"Otra Dubai": la Londres del lujo no les gusta a todos

Cientos de edificios de alto costo cambiaron la imagen de la capital, a la que muchos describen como una ciudad árabe
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30 de enero de 2014  

LONDRES.- La cara de Londres está a punto de cambiar. A lo largo de la rivera sur del Támesis, apenas río arriba del Big Ben y el majestuoso domo de la catedral de San Pablo, hay decenas de edificios de más de 20 pisos de altura. El auge de la construcción, alimentado por millonarios extranjeros en busca de un lugar seguro para invertir, hace que muchos teman que la ciudad sacrifique su herencia en aras de las viviendas de lujo.

"Londres está en peligro de convertirse en una especie de Dubai, Abu Dhabi o de Hong Kong", advierte Nigel Barker, de la organización Herencia Inglesa, dedicada a la protección del patrimonio histórico británico.

No es que Londres carezca de rascacielos emblemáticos, pero las voces críticas están alarmadas por la exorbitante cantidad de nuevos proyectos: según la agrupación independiente Arquitectura del Nuevo Londres, actualmente hay alrededor de 200 desarrollos inmobiliarios en diverso grado de construcción o planificación. En su mayoría, se trata de propiedades residenciales que se suceden a lo largo de la rivera sur del Támesis, con vista al río y a los tesoros arquitectónicos situados en la otra orilla.

En esta ciudad que se jacta de haber surgido de las cenizas del Gran Incendio de 1666, el resquemor que despiertan los edificios altos no es cosa nueva. Los puristas de la arquitectura, como el príncipe Carlos, heredero al trono, hace tiempo que se manifiestan en contra de la construcción de rascacielos.

Pero las fuerzas económicas que se desataron después de la crisis económica de 2008 reavivaron el conflicto entre desarrollo y conservación. Mientras el gobierno intenta disciplinar al sector de servicios financieros, Londres sigue atrayendo inversiones extranjeras y a expatriados millonarios, poniendo a prueba la infraestructura victoriana de la ciudad y ensanchando aún más la brecha entre ricos y pobres.

El Instituto Smith, una organización independiente, estimó en 2012 que la inversión en residencias de lujo era de 8300 millones de dólares anuales. En los dos años previos a junio pasado, los ciudadanos extranjeros compraron el 69% de las casas recién construidas, que en el centro de Londres se vendieron por casi dos millones de dólares promedio por unidad, según un informe realizado en octubre por Knight Frank, un asesor inmobiliario.

"Es el bocado más preciado del capital global", dijo Peter Murray, presidente de Arquitectura del Nuevo Londres.

Cuando los gobiernos inyectaron dinero en los bancos para salvarlos durante la crisis financiera, los ricos de todo el mundo empezaron a buscar un lugar seguro para depositar su dinero. Y los inversores fluyeron en masa hacia Londres, debido a la estabilidad del gobierno británico, a la vitalidad que tiene la ciudad y a su tolerancia hacia los recién llegados.

"No sabíamos que Gran Bretaña en general, y Londres en particular, serían vistos como un refugio seguro para personas de todo el mundo", dijo Tony Travers, un experto de la Escuela de Economía de Londres. "Las propiedades en Londres fueron consideradas un tipo de activo más seguro, por ejemplo, que los bancos de Chipre", agregó.

Desde 2007, justo antes de la crisis, hasta octubre pasado, el precio de la vivienda en los barrios más codiciados de Londres subió de manera astronómica. En Kensington y Chelsea, donde se encuentran el palacio de Kensington y Notting Hill, los precios subieron un 42%, hasta promediar los dos millones de dólares, según el Instituto Smith. En la ciudad de Westminster, donde está el Parlamento, los precios se dispararon un 43%, hasta promediar 1,4 millones de dólares.

Los precios de las viviendas nuevas en la rivera sur del Támesis son todavía más altos. Un departamento de 600 metros cuadrados con cuatro dormitorios en el piso 50 de la torre de St. George Wharf está a la venta por 32 millones de dólares.

La demanda inmobiliaria ha espoleado el desarrollo, y a lo largo de la rivera sur, al oeste del puente de Westminster, puede verse más de una decena de grúas. El vicealcalde y secretario de planificación de Londres, Edward Lister, dice que están aplicando un enfoque estratégico para proteger la silueta arquitectónica de la ciudad.

Pero hay quienes no están tan seguros. Entre ellos, el Comité de Patrimonio Mundial de la Unesco. El organismo expresó su preocupación por los desarrollos inmobiliarios en las cercanías del Parlamento, ya que teme que se arruine la vista desde Westminster. Si finalmente el Comité incluye el lugar en su lista de sitios en peligro, el bochorno para Gran Bretaña sería grande: los ingleses siempre se han jactado de salvaguardar sus tesoros nacionales.

Traducción de Jaime Arrambide

Danica Kirka

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