Otra tragedia con inmigrantes en España

Nueve africanos murieron al ser obligados a saltar al agua desde un precario barco; intentaban llegar a las islas Canarias
Silvia Pisani
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24 de agosto de 2001  

MADRID.- Sus nueve cuerpos aparecieron flotando en el Atlántico, cerca de un paraíso turístico en el archipiélago canario. No era su caso: ellos escapaban de la miseria africana a bordo de una lancha precaria e ilegal. Pero su patrón se asustó, tuvo miedo de ser atrapado por la policía española y los obligó a saltar al agua.

No tuvieron más remedio: era eso o regresar a Africa. La embarcación, una más de las que lucran con la desesperación de quienes quieren llegar a Europa, no estaba dispuesta a exponerse más frente a las patrullas españolas.

Era de noche. Nueve de los pasajeros, que no sabían nadar, se ahogaron pronto entre las olas. Sus otros ocho compañeros de viaje pudieron llegar a tierra, pero de poco les sirvió: allí fueron atrapados por la policía, que los deportará nuevamente a Africa.Y si hoy todo esto se sabe es porque uno de los detenidos contó lo ocurrido a las autoridades ibéricas, que, rápidamente, patrullaron la zona para intentar un rescate. Fue en vano: lo único que encontraron fueron los cadáveres flotando cerca del islote de Lobos, un sitio rocoso y de difícil acceso, entre las islas de Lanzarote y Fuerteventura.

"Algo hay que hacer. No podemos seguir consintiendo esto", dijo uno de los responsables de la Cruz Roja española en Canarias.

El naufragio de ayer es el segundo más grave tras el ocurrido meses atrás en Cádiz, donde se ahogaron diez ciudadanos africanos que intentaban llegar a Europa. Y ambos forman parte del creciente fenómeno de la inmigración ilegal que trata de tocar la costa española a través del estrecho de Gibraltar.

Un día antes, cinco marroquíes se ahogaron frente a las costas del sur español cuando intentaban, junto con otros 60 inmigrantes, cruzar el estrecho de Gibraltar en un pequeño pesquero. Los cuerpos aparecieron en una playa cerca de Almería.

Según datos oficiales, en los últimos tres años se multiplicó por cuatro la cantidad de inmigrantes ilegales detenidos. De menos de 4000 interceptados en 1999 se pasó a más de 15.000 el año último. Y la tendencia sigue en alza. En lo que va del año, de hecho, el número se duplicó respecto de igual período del año anterior. Eso no tiene en cuenta, por supuesto, a los que logran su objetivo y se cuelan en el continente.

En las "pateras"

Como informó días atrás LA NACION, los números lo desbordan todo. En la zona andaluza se afirma que no hay ya manera de dar acogida a quienes son sorprendidos en las "pateras" (tal como se llama a las embarcaciones en las que se intenta el cruce) y resultan detenidos por las autoridades.

A tal punto creció el fenómeno que el gobierno español hizo un planteo diplomático formal a Marruecos para que intensifique su vigilancia costera. "Días atrás tuvimos un desembarco de casi 600 personas. No puede ser que su partida haya pasado inadvertida para las autoridades marroquíes", dijo el canciller Josep Piqué.

Marruecos no se hizo cargo del mensaje y aseguró que las responsabilidades eran "compartidas". Lo cierto es que, mientras tanto, el negocio de las mafias que manejan las lanchitas de la muerte crece con prosperidad inusitada. Llegan a cobrar 2000 dólares por un lugar en el bote.

Y como el control policial español es cada vez más estricto, instrumentaron ahora un sistema de "bono" que ofrece tres intentos de cruce por un mismo precio, según el relato de quienes trabajan con las organizaciones no gubernamentales (ONG) que asisten a los inmigrantes.

Desbordadas, algunas ciudades del sur español ya no tienen dónde alojar a los inmigrantes ilegales hasta que se produce su expulsión. Centenares de ellos han sido puestos bajo vigilancia en centros polideportivos.

A la espera del final: el viaje en un colectivo casi sin ventanas en el que son transportados hasta la costa. De allí, de nuevo a una lancha. De allí, de nuevo a Africa.

Desde donde, seguramente, lo volverán a intentar.

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