Otro mazazo al plan de May vuelve más caótico al Brexit

Solo 17 días antes de la fecha de separación, el Parlamento volvió a rechazar su pacto con la UE y dejó al proceso en un mar de dudas; la Cámara de los Comunes asumió el control y debe pronunciarse sobre una salida sin acuerdo
May, ayer, luego del revés que sufrió en la votación en el Parlamento británico
May, ayer, luego del revés que sufrió en la votación en el Parlamento británico Fuente: AFP
Solo 17 días antes de la fecha de separación, el Parlamento volvió a rechazar su pacto con la UE y dejó al proceso en un mar de dudas; la Cámara de los Comunes asumió el control y debe pronunciarse sobre una salida sin acuerdo
Luisa Corradini
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13 de marzo de 2019  

PARÍS.- La primera ministra Theresa May volvió a sufrir ayer una nueva y espectacular derrota cuando, a pesar de los avances que había obtenido anteanoche en Estrasburgo, los diputados británicos rechazaron por segunda vez su acuerdo de Brexit con la Unión Europea (UE), por 391 votos contra 242. Esa derrota volvió más caótico el proceso de divorcio -previsto para el 29 de marzo- y lo dejó en manos del Parlamento. Además, puso en peligro el futuro de May al frente del gobierno.

Tras esta segunda humillación en dos meses, la Cámara de los Comunes asumió el control del proceso de salida de la UE y en las próximas 48 horas debe pronunciarse sobre la opción extrema del "no acuerdo". Si rechaza esa posibilidad, mañana decidirá si solicita una prolongación temporal del artículo 50 a fin de extender el plazo de salida hasta una fecha que no puede exceder el 22 de mayo. Entre el 23 y el 26 de ese mes se realizarán elecciones para renovar el Parlamento Europeo sin la participación de Gran Bretaña.

Con la voz quebrada por un resfrío y enormes signos de fatiga, May lanzó una última advertencia en la apertura de un debate que se prolongó cinco horas: "Si no aprobamos el acuerdo, corremos el riesgo de perder el Brexit". En la parte final de su mensaje, recordó las palabras pronunciadas la noche anterior por el presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker: "No habrá otra oportunidad".

A la derrota política sufrida ayer se sumó un revés jurídico, provocado por el pronunciamiento demoledor del procurador general, Geoffrey Cox. En su informe ante el Parlamento, el consejero jurídico del gobierno estimó que, a pesar de las concesiones realizadas anteayer por Bruselas, el compromiso alcanzado con la UE "reduce", pero no elimina, el "riesgo jurídico" que puede amenazar a Gran Bretaña en el futuro.

Esos peligros conciernen la disposición más controvertida del acuerdo de divorcio con la UE: el backstop ("red de seguridad"). Ese dispositivo extremo fue exigido por Bruselas para evitar el restablecimiento de una frontera física entre la República de Irlanda y la provincia británica del Ulster (Irlanda del Norte), preservar los acuerdos de paz de 1998 y la integridad del mercado único europeo. Las conclusiones de Cox, que prefiguró la actitud que adoptarían poco después los diputados en la votación, provocó el derrumbe de la libra. La moneda británica perdió 0,6% frente al dólar y 1,1% frente al euro.

Tras la interpretación de Cox, los diputados tories del ala dura interpretaron que los "cambios legales y vinculantes" logrados por May no eran suficientes.

La suerte de la primera ministra quedó sellada, entonces, por la alianza táctica entre el ala más dura del Partido Conservador y los 10 diputados del Partido Democrático Unionista (DUP), de Irlanda del Norte, que se unieron para volver a votar contra el acuerdo de May, como habían hecho el 15 de enero pasado, votación que aglutinó una categórica mayoría de 432 votos contra 202.

Junto a ese bloque del rechazo se alinearon también los laboristas, los nacionalistas escoceses, los liberal demócratas y el flamante Grupo Independiente, creado con disidentes de los dos grandes partidos.

Keir Starmer, vocero laborista para el Brexit, criticó el acuerdo de May como "un desesperado intento de la premier para mantener unido a su partido", y acusó a la líder conservadora de haber consumido 24 meses de negociaciones "pensando solo en el día a día e intentando eludir las derrotas de hoy con promesas para mañana".

El excanciller Boris Johnson, uno de los principales promotores de la campaña del Brexit en 2016, afirmó que el acuerdo propuesto por May "llegó al final de la ruta", ya que "falló en su estrategia". Con esa frase dio a entender que era hora de pensar en un cambio en la cúspide del poder.

Al hablar después de la votación, la primera ministra se rehusó a admitir que su versión del acuerdo estaba muerta y advirtió al Parlamento que ahora se encontraba frente a "opciones poco envidiables".

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, lamentó el pronunciamiento del Parlamento británico y estimó que había aumentado "el riesgo de un Brexit sin acuerdo". Si Londres solicitara ampliar el período de negociación para su salida de la UE, deberá proporcionar una "justificación creíble", advirtió.

Varios países europeos lamentaron el resultado de la votación. El jefe negociador europeo para el Brexit, Michel Barnier, señaló en su cuenta de Twitter que la UE había hecho todo lo posible por ayudar a que el acuerdo sobre el retiro británico pudiera prosperar. "Este impasse solo puede ser resuelto en Gran Bretaña", indicó. "Ahora nuestros preparativos para un escenario sin acuerdo son más importantes que nunca", dijo.

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