Otro secuestro tuvo en vilo a Brasil

Silvio Santos, padre de la joven capturada hace diez días, fue tomado como rehén por el mismo criminal
(0)
31 de agosto de 2001  

SAN PABLO.- Silvio Santos, el magnate de la televisión brasileña, fue tomado ayer como rehén durante siete horas en su propia casa, por el mismo criminal que había liderado el secuestro de su hija la semana pasada en esa misma mansión.

Todo Brasil se mantuvo ayer paralizado desde la mañana hasta las primeras horas de la tarde siguiendo en vivo el desarrollo de esta historia que, como película, podría parecer exageradamente inverosímil.

El lunes de la semana pasada Brasil había amanecido conmocionado con la noticia de que había sido secuestrada Patricia Abravanel, hija de Santos, poseedor de una fortuna de US$ 400 millones y dueño de la segunda mayor red de tevé brasileña (SBT).

Los secuestradores habían planeado el golpe detalladamente. Llegaron disfrazados como carteros a la mansión familiar, en el barrio paulista de Morumbí, atraparon a la hija del empresario y se la llevaron.

Exactamente siete días después la hija del empresario fue dejada en libertad. Aseguró que había sido liberada sin pagar rescate -luego se comprobó que se pagaron 200.000 dólares-. Culpó por el secuestro al sistema de corrupción y al gobierno, "que no cuida al pueblo". Con un discurso social y religioso, y haciendo alusión continuamente a Dios , llegó a elogiar a sus secuestradores, en un típico caso de "síndrome de Estocolmo", en que la víctima se identifica con sus captores.

El martes, el caso ya había perdido espacio en los medios. La policía había detenido a dos de los secuestradores. Pero faltaba el líder de la banda: Fernando Dutra Pinto, de 22 años, ideólogo del hecho. La policía lo encontró en una ciudad cercana a San Pablo, Baruerí, gastando el dinero del secuestro con su novia.

En el hotel en que se hospedaba, con una frialdad absoluta entró en el ascensor en el que estaba uno de los policías que lo seguía. Lo fusiló. Inmediatamente, fue a la ventana y disparó sobre otros dos policías. Mató a otro agente e hirió gravemente a un tercero, empuñando un arma en cada mano con habilidad.

Herido en un hombro, escapó de la forma más increíble posible: descendió nueve pisos por el lado de afuera del edificio, deslizándose entre dos paredes, apenas con sus manos.

Esa noche, Fernando Dutra Pinto se convirtió en el delincuente más buscado del país.

Increíble audacia

El martes por la mañana la casa de Silvio Santos había vuelto a la normalidad. Los guardias estaban en sus posiciones y casi todos los móviles ya habían dejado el barrio. Una periodista terminaba un boletín para la televisión cuando vio que un muchacho, que había pasado caminando por el frente de la casa de Santos, saltó el muro y entró en la casa. Eran las 7 de la mañana y Fernando Dutra Pinto había vuelto al lugar del hecho, con una soberbia y una osadía que dejó estupefacto a todo el país.

Un comisario logró retirar de la casa a la familia de Santos: Patricia, la víctima del secuestro de la semana pasada, sus hermanas y la esposa del empresario. Santos, que estaba en el gimnasio de su mansión, ya había sido tomado de rehén. Dutra Pinto lo mantenía encañonado con dos armas y a partir de ese momento se iniciaría una negociación de siete horas que paralizaría a todo Brasil.

Fernando Dutra Pinto no es un favelado. Vivía en un barrio de clase media, había terminado el secundario e incluso llegó a realizar el "vestibular" (equivalente al CBC) para estudiar Derecho. Era evangelista y, según su padre, Antonio Pinto, ingresó en el crimen "por frustración".

Todos los canales transmitieron en vivo imágenes de la policía rodeando la casa. En la Bolsa los negocios fueron detenidos para que los operadores pudieran seguir el caso.

Dutra Pinto había doblado la apuesta: con las horas contadas tras haber matado a dos policías, podía ahora obtener, en vivo, las garantías de que su vida sería preservada. Pidió una enfermera para quitarle la bala que tenía en el hombro. Pasado el mediodía, exigió la presencia del gobernador de San Pablo, Geraldo Alckmin. Después de una hora de negociación, el secuestrador aceptó rendirse.

Antes de entregarse, Dutra Pinto exigió que le permitieran tomar una ducha y comer. Salió escondido en un patrullero. Por la otra puerta, apareció el gobernador de San Pablo y Silvio Santos, reflejando tensión, pero con la sonrisa que es su marca registrada. No hizo declaraciones. El caso policial más increíble de los últimos tiempos había llegado a su fin después de siete horas de tensión.

El magnate de TV

Audiencia: Silvio Santos, de 66 años, es el adversario más temido de la Red Globo y es el único que disputa los niveles de audiencia de la poderosa cadena.

Fortuna: ronda los 400 millones de dólares. Construyó un imperio de 40 empresas.

Familia: de familia judía, padre griego y madre turca, le costó superar que su esposa y sus hijas se tornaran evangelistas.

Adolescencia: fue vendedor ambulante de biromes en Río, hasta que en 1952 fue contratado como locutor de radio.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?