Para EE.UU., un golpe en el peor contexto posible

Catherine Rampell
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9 de agosto de 2011  

NUEVA YORK.– Si la economía vuelve a entrar en recesión, como muchos economistas advierten, la sangría podría ser mucho más dolorosa para Estados Unidos que la última vez.

Dado el revuelo que causó la Gran Recesión, quizá sea difícil de creer. Pero la economía ahora es mucho más débil que cuando se disparó la recesión en diciembre de 2007: hoy, todos los indicadores económicos son peores que en aquel entonces. Y el crecimiento ha sido tan débil que casi no ha recuperado terreno, por más que la recuperación técnicamente haya empezado en 2009.

La vez anterior, la burbuja crediticia obligó a los norteamericanos a ajustarse el cinturón, pero una nueva recesión los obligaría directamente a vender sus pantalones. Para colmo, los funcionarios ya utilizaron casi todas las herramientas disponibles para combatir la anterior y ahora quedan pocas opciones. La ansiedad y la incertidumbre aumentaron después de que Standard & Poor’s rebajara la calificación de la deuda y mientras Europa debate desesperadamente para intentar pilotear su propia crisis de deuda.

El presidente Barack Obama admitió la envergadura del problema al señalar que ahora la "urgente misión" del país es expandir la economía y generar empleos. Pero los números son escalofriantes: en los cuatro años que lleva la recesión, la población en edad de trabajar ha crecido un 3%. En una economía sana, el número de puestos de trabajo crecerían por lo menos un promedio similar. Pero el número se redujo: un 5% menos que antes de que comenzara la anterior recesión. Las empresas están exprimiendo al máximo su renovada fuerza laboral de "todoterreno". De volver la recesión, queda por verse de cuántos empleados más pueden desprenderse y aun así poder seguir funcionando.

Por la inflación, los ingresos personales se han reducido un 4% sin contar los subsidios del gobierno. Los niveles de ingreso son bajos y avanzan en la dirección equivocada: de hecho, los salarios del sector privado cayeron en junio. Además, con la construcción al borde de la desaparición y el precio de la vivienda un 24% más bajo que en diciembre de 2007, el país no cuenta con el paragolpes de la construcción para frenar el impacto.

De todos los indicadores económicos importantes, el índice de producción industrial es por lejos el peor: según el seguimiento de la Reserva Federal, está casi un 8% por debajo de su nivel en diciembre de 2007. Y lo que es quizá más preocupante: el registro histórico de la producción general del país. Según los datos actualizados del Departamento de Comercio, hoy la economía de Estados Unidos es más chica que antes de comenzar la recesión.

Es imposible bajar aún más las tasas de interés y la Reserva Federal ya ha inundado de dinero los mercados financieros con la compra de miles de millones de dólares en garantías hipotecarias y bonos del Tesoro, y los economistas ni siquiera se ponen de acuerdo en si esos desembolsos ayudaron sensiblemente o no a la economía. "¿Cuántas veces puede sacar el mismo conejo de la galera la Reserva Federal?", dijo Torsten Slok, economista internacional del Deutsche Bank.

Hacia fines de 2007, la deuda federal equivalía al 64,4% del volumen total de la economía. Hoy, se estima que equivale a casi el 100% del PBI, una cifra que no se veía desde las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. "Por lo menos desde los tiempos de la posguerra, no existen precedentes comparables con lo que puede sucederle a una economía que tiene un 9% de desempleo y vuelve a entrar en recesión", dijo Nigel Gault, economista en jefe para Estados Unidos de IHS Global Insight. "El único precedente que podría tomarse es el de 1937, cuando también retiraron antes de tiempo estímulos fiscales y la economía recayó en una recesión aún más dura."

Existe por lo menos un factor, sin embargo, que podría aminorar el impacto de una segunda recesión: las ganancias corporativas. Durante el primer trimestre de este año, fueron un 22% más altas que en el último de 2007. Inquietas por el futuro de la economía, los ejecutivos de las corporaciones se muestran reacios a hacer grandes inversiones. El resultado: están sentados sobre una parva de dinero.

Según Neal Soss, economista en jefe del Credit Suisse, las actuales reservas de efectivo de las corporaciones podrían actuar como un paragolpes contra el desempleo, en caso de que la demanda se desplome.

Traducción de Jaime Arrambide

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