Para el premier, la verdadera batalla comienza en horas

Luisa Corradini
Luisa Corradini LA NACION
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18 de octubre de 2019  

PARÍS.- Boris Johnson festejó con champagne el compromiso alcanzado ayer en Bruselas para concretar la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (UE) el 31 de octubre, pero una vez logrado el acuerdo ahora tiene que enfrentar el capítulo más difícil de la partida: vencer las resistencias que suscita el compromiso del Brexit entre los diferentes actores de la política interna británica.

En las próximas horas, el primer ministro deberá hacer aprobar ese texto por el Parlamento de Westminster, donde carece de mayoría debido a la oposición de sus aliados unionistas de Irlanda del Norte, y las reservas que plantean la oposición laborista, los nacionalistas escoceses y hasta el Brexit Party de extrema derecha, de Nigel Farage, que espera agazapado el momento de las elecciones para robarle al Partido Conservador los votos de los tories decepcionados.

Acuciado por los plazos, Johnson parece haber decidido seguir adelante, ignorando la oposición manifestada en las últimas horas por sus aliados del partido unionista norirlandés (DUP), que se niegan a aceptar las condiciones establecidas por ese texto.

En su entusiasmo, Johnson incluso parece haber contado con que los líderes europeos se prestarían al juego de hacer creer que, si los Comunes no votaban el acuerdo obtenido, el Reino Unido y la UE se encaminarían inevitablemente hacia un caótico no deal.

Esto sucedió por unos minutos, cuando el presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, advirtió que "no habría postergación" de la fecha de salida: "Es este acuerdo y no otro", dijo junto a Johnson.

Poco después, sin embargo, la gaffe fue desvirtuada por el resto de los responsables europeos, que dejaron abierta la eventualidad de una extensión de los plazos.

Esto quiere decir que la verdadera batalla comienza ahora para el primer ministro británico, que debe hacer aprobar su acuerdo por el Parlamento mañana en sesión extraordinaria. Una aprobación que, sin el apoyo de los diez diputados del DUP, está lejos de concretarse.

Baste recordar que su antecesora, Theresa May, fracasó tres veces consecutivas en su intento de hacer autorizar su primer acuerdo por los legisladores.

Para obtener esa aprobación, Johnson necesita asegurarse el apoyo de 320 de los 650 legisladores de la cámara de los Comunes. Ya en minoría, es muy difícil que, sin los votos de DUP, pueda alcanzar esa cifra.

Con la oposición del DUP, Johnson también podría perder el apoyo de las dos decenas de diputados ultra-Brexit del Partido Conservador que, tradicionalmente, se alinean con los unionistas de Irlanda del Norte.

En esas condiciones, el primer ministro dependerá del voto de un puñado de diputados euroescépticos de la oposición laborista. Lo que significa una remota eventualidad.

Si el Parlamento rechaza el acuerdo, Johnson se verá forzado a pedir una postergación de la fecha de salida, en virtud de una ley votada hace pocas semanas por los Comunes.

En ese caso, el primer ministro deberá decidir la próxima etapa: tratar de renegociar una nueva versión del pacto u optar por una salida sin acuerdo ( no deal).

Si escoge la segunda opción, convencido de que la UE no aceptará revisar el texto -lo que es ampliamente probable-, Johnson tendrá que forzar unas elecciones anticipadas, para tratar de obtener una mayoría en los Comunes y lograr, por fin, la aceptación de su acuerdo.

Los líderes de la oposición afirman que una vez que el espectro de un no deal desaparezca el 31 de octubre, apoyarán una elección. Eso significa que Gran Bretaña podría comenzar a prepararse en los próximos días para votar en unos comicios organizados a fines de noviembre o principios de diciembre.

Hay sin embargo algo que podría alterar en forma dramática el curso de los acontecimientos: el eventual triunfo del proyecto de la oposición laborista y otros grupos opositores pro-UE, que pretenden organizar un segundo referéndum.

Signo de la batalla parlamentaria que se avecina, el líder laborista Jeremy Corbyn criticó ayer por la mañana el compromiso logrado en Bruselas afirmando: "Por lo que sabemos, parece que el primer ministro negoció un acuerdo todavía peor que el de May, que fue masivamente rechazado".

En todo caso, a pesar de la incertidumbre que plantea la decisión del Parlamento, este nuevo acuerdo representa una auténtica victoria para Johnson, quien había hecho de la salida de su país de la UE el 31 de octubre una condición sine qua non.

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