Para enfrentar el virus China revive métodos de la Revolución Cultural

El SARS se convirtió en el nuevo enemigo y la mayor amenaza para el gobierno
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12 de mayo de 2003  

PEKIN (EFE).- China está reviviendo algunos de los métodos más eficaces de la Revolución Cultural y del comunismo tradicional para ganar su batalla contra el síndrome respiratorio agudo y severo (SARS), que hace peligrar el ideal de "sociedad modestamente acomodada" formulado por el ex presidente Jiang Zemin.

El primer ministro chino, Wen Jiabao, advirtió ayer que su gobierno no logró aún ganar la batalla de la neumonía atípica, epidemia que sumó ayer cinco nuevas víctimas en el país -elevando el número de muertos allí a 240-, tres en Hong Kong, brotó en la ex colonia portuguesa de Macao y en Finlandia y sigue propagándose en Taiwan.

En las paredes de los barrios residenciales de Pekín se advierte, en los carteles colgados por el comité vecinal, que los que informen de vecinos con síntomas de fiebre serán recompensados con 200 yuanes (cerca de 23 euros). La recompensa puede subir a 800 si se confirma que es un caso de SARS.

Esta medida recuerda los peores momentos de la Revolución Cultural (1966-1976), cuando vecinos, amigos y miembros de una misma familia se acusaban mutuamente de "traidores" por la presión de los pequeños Guardias Rojos, una horda de estudiantes descontrolados que sembraron el terror en este sombrío período.

"Me parece ridículo este cartel, y evidentemente no le voy a prestar la más mínima atención. Esto provoca desconfianza y falta de compañerismo. Es más, me avergüenza que aún haya gente pensando así", comentó un vecino.

Si bien los jóvenes pequineses apenas saben de la Revolución Cultural, ésta continúa muy presente en la mente de los mayores de 40 años, la llamada "generación perdida" porque, al sembrar el caos en el sistema educativo, no pudieron gozar de sus ventajas y son los que tienen ahora los peores trabajos.

"El gobierno chino, tradicional por definición, no se adaptó a los nuevos tiempos y está más en concordancia con los ancianos que con los jóvenes modernos", añadió el joven.

Desde que, a fines de abril, se empezaron a dar las primeras cifras creíbles de esta epidemia, que mantiene en vilo a la capital, Pekín -mientras aumenta la preocupación por detener la propagación de la enfermedad a las áreas rurales-, el gobierno desempolvó asimismo el vocabulario comunista de la época de Mao Tse Tung, al tiempo que encontró unos nuevos santos revolucionarios: médicos y enfermeras.

"Angeles de blanco" o "mártires comunistas" son algunos de los adjetivos que utilizan los medios para referirse a ellos, a la vez que son los beneficiarios de colectas y donaciones millonarias por su "sacrificio por el bien de la patria".

Asimismo, sus familias forman la nueva clase privilegiada, tal como pasó en las épocas del comunismo más exacerbado, cuando los hijos de los mártires revolucionarios, muertos en combate, recibieron los mimos de toda la sociedad.

Clase privilegiada

Según anunció esta semana la prensa, los hijos de médicos y enfermeras tendrán preferencia para entrar en las mejores universidades del país, siempre que cumplan unos requisitos mínimos.

"Me parece injusto. Muchos sacrificamos nuestra juventud para entrar en la Universidad y tener un buen futuro. ¿A santo de qué yo tengo menos derechos que los hijos de médicos?", se quejó una estudiante en una página de Internet china.

Los beneficios son aún mayores: médicos y enfermeras no pagarán impuestos mientras dure la epidemia, se les aumentará el salario, algunos bancos no penalizarán los atrasos en el pago de sus hipotecas y recibirán dinero y enseres electrónicos de donaciones de particulares y empresas.

Para algunos pequineses, no obstante, estas recompensas son pocas, teniendo en cuenta que son los que "están en la primera línea de combate" y "están registrando más bajas entre sus filas", según la prensa.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, al menos el 20% de los contagios en China se ha dado entre personal médico, porcentaje que algunos analistas aumentan hasta el 40 o 50.

"Se están jugando la vida por nosotros y merecen nuestra gratitud y respeto. Dinero, privilegios, todo me parece poco para alguien que pone su vida en peligro por mí", opinó la anciana señora Wang.

El gobierno chino, liderado por un "joven" Hu Jintao, cabeza de la cuarta generación de dirigentes que tomó el relevo a la de Jiang Zemin, en noviembre pasado, ha hecho de la lucha contra esta enfermedad su objetivo prioritario, porque China no se puede permitir poner en peligro su desarrollo económico.

Más de 1300 millones de chinos confían en que el proceso de modernización y apertura lanzado en la década del 70 cristalice en la "sociedad modestamente acomodada", que ahora parece un poco más difícil de alcanzar a causa de un nuevo enemigo: el SARS.

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