Para Lula cambió la vida, no su ideología

Por Luis Esnal Corresponsal en Brasil
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28 de mayo de 2003  

SAN PABLO.- "Cuando uno se casa, todo pasa a depender de la esposa. Si a la esposa no le gustan los amigos del marido, uno termina no viéndolos." Adepto a usar historias triviales para explicar situaciones complejas, el presidente Luiz Inacio Lula da Silva apeló a ese recurso para explicar por qué dejó de lado sus antiguas recetas de izquierda al llegar a la presidencia de Brasil.

"Yo no cambié ideológicamente, es la vida la que cambia", complementó, durante una conferencia de prensa con medios de países que integran el G-8 , el grupo de los siete países más poderosos del mundo, más Rusia-.

Lula participará del encuentro del G-8 que se realizará en Evian, Francia, en los primeros días del mes próximo.

En ese encuentro, comentó Lula, planea presentar un proyecto de combate mundial contra el hambre, aunque aún en Brasil el proyecto Hambre Cero todavía está gateando, sin mostrar resultados concretos y recibiendo críticas de infinidad de sectores relacionados a la asistencia social.

La imagen de la esposa que restringe los encuentros del marido con amigos indeseables, usada ayer por el presidente, no es apenas una imagen.

La propia Marisa, esposa de Lula, ya contó que aunque durante los veinte años de existencia del Partido de los Trabajadores nunca intervino en discusiones políticas, cuando todos salían de su casa ella le advertía a Lula sobre algún amigo del que debía alejarse. Lula, como siempre le gusta destacar, obedecía.

Mientras daba una entrevista a medios extranjeros, ayer, Lula continuaba recibiendo adhesiones políticas.

El PMDB, partido de centro, que informalmente ya apoyaba al gobierno, votó formalmente en favor de una alianza con el gobierno. Lula suma así más de 60 diputados y 23 senadores al bloque oficialista.

Frente a los corresponsales, el presidente brasileño se quejó de los medios locales. Dijo que tienen una visión "demasiado crítica" de su gobierno, pero que él no va a gobernar siguiendo los títulos de los diarios. Todavía incomoda al gobierno la ola de críticas que recibió por haber mantenido intacta la tasa de interés de referencia del país, de 26,5% al año.

La política de tasas altas, usada para reducir la inflación a fuerza de la desaceleración de la economía, fue históricamente criticada por el Partido de los Trabajadores, pero está siendo utilizada como receta ortodoxa a sangre y fuego por el gobierno de Lula.

Ayer, durante la entrevista, al ser consultado por los altísimos índices de violencia en Brasil (40.000 personas son asesinadas por año), el presidente señaló la necesidad de modernizar a los policías. "La policía fue creada para ocuparse de ladrones y no del crimen organizado", dijo.

Pero manifestó que no simpatiza con la idea del ejército patrullando las calles, como tuvo que autorizar, excepcionalmente, durante el Carnaval en Río de Janeiro, para restaurar el orden amenazado por atentados de bandas de narcotraficantes.

"Un soldado de 20 años no está preparado para salir a las calles", dijo, e insistió que su gobierno espera terminar con el crimen organizado -narcotráfico, tráfico de armas, robo de cargas, lavado de dinero-, que creó verdaderas redes de poder en Brasil, con ramificaciones en diferentes niveles del gobierno y las fuerzas de seguridad.

Para la entrevista, Lula recibió a representantes de Le Monde (Francia), The New York Times (Estados Unidos), Financial Times (Reino Unido), Welt am Sonntag (Alemania), The Yomiuri Shimbun (Japón) y Rede TV Portuguesa (Portugal).

Rígida estrategia

Se trató de la primera entrevista de Lula con medios extranjeros después de casi cinco meses de gobierno.

Siguiendo una rígida estrategia de comunicación e imagen, el mandatario aún no ofreció ni una conferencia de prensa para medios nacionales, que se lo reprochan siempre. En épocas en que daba entrevistas exclusivas, terminaba perjudicándose, porque no podía controlar su tendencia a decir directamente lo que piensa.

Recientemente, en una conversación con amigos, entre ellos un periodista, dijo que el presidente norteamericano, George W. Bush, "es un alucinado".

Después de su victoria, pero antes de asumir, habló brevemente con la cadena CNN y el diario The Washington Post, en este caso a pedido expreso del secretario de Estado norteamericano Colin Powell, que llamó desde Washington para hacer ese pedido él mismo.

Ya son más de 280 los pedidos de entrevista hechos por medios extranjeros para entrevistar a Lula. Pero en diálogo con este medio, una de sus asesoras explicó que el presidente no realizará entrevistas exclusivas.

"Hablará con los medios en entrevistas conjuntas y por razones concretas, como en este caso el encuentro del G-8", explicó su asesora.

Lula prefiere comunicarse a través de discursos -ya realizó casi 80 en estos cinco meses-. No porque rechace el contacto personal: recientemente bajó de su departamento en San Pablo, en shorts, bermudas y camiseta de fútbol, para recibir el queso que un admirador quería regalarle.

Durante la entrevista que le concedió ayer a los corresponsales de medios de los países ricos, Lula preguntó si Brasil estaba siendo bien visto en el exterior.

Al recibir opiniones positivas, demostró satisfacción, y contó que se levanta optimista todos los días, seguro de que va a poder cumplir todos sus objetivos, "sin apuro". Aseveró que con su elección, América latina se encuentra frente a una oportunidad única.

"Si no es esta vez, la próxima oportunidad será dentro de 50 años", dijo. En otros momentos, más concretamente, Lula llegó a decir que si la izquierda no aprovecha esta oportunidad, demorará mucho tiempo para volver al poder.

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