Pase lo que pase, el final de un ciclo para el país

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13 de diciembre de 2009  

SANTIAGO, Chile (De un enviado especial).– Cualquiera sea el resultado en las elecciones presidenciales de hoy, un ciclo llega a su fin en Chile. Con la satisfacción del trabajo cumplido, pero con síntomas de agotamiento imposibles de disimular, la generación que modeló la exitosa transición democrática da sus últimos pasos y empieza a asomar otra forma de hacer política.

El surgimiento de un nuevo ciclo político es evidente en el caso de una victoria opositora, pero no lo es tanto en el caso de que el oficialismo retenga el poder.

El comentario más oído por todos los analistas de esta ciudad es que la Concertación ha sido víctima de su propio éxito. A lo largo de sus 20 años en el gobierno, ha modernizado a la sociedad chilena, ha formado nuevos ciudadanos con una nueva conciencia crítica y demandas de mayor protagonismo.

La continuidad del modelo económico y social que impuso en Chile está garantizada por los tres candidatos que disputan la presidencia, pero la Concertación deberá superar sus intrincadas internas y reinventarse si quiere acceder a un quinto mandato consecutivo. A lo largo de toda la campaña, ha demostrado una asombrosa incapacidad para interpretar los profundos cambios que ha experimentado la sociedad chilena.

No ha comprendido, sin ir más lejos, que hoy por primera vez elegirán presidente miles de jóvenes que nacieron en plena democracia, para quienes Augusto Pinochet es más un dinosaurio muy lejano que un fantasma que amenaza el futuro.

"Estamos culminando un ciclo, contamos con una sociedad que se ha transformado mucho, una ciudadanía mas autónoma, más libertaria, que reclama a la clase política cosas que no está dispuesta a conceder", señaló a La Nacion el analista político demócrata cristiano Jorge Navarrete.

Nueva figura política

El columnista Patricio Navia, que apoyó públicamente la candidatura del independiente Marco Enríquez-Ominami, coincide: "Se esta agotando el ciclo político de la transición, que fue un ciclo de democracia de las elites de arriba hacia abajo, y no esta muy claro adónde vamos a entrar".

La elección de una vieja figura como el ex presidente Eduardo Frei como candidato, la ausencia de elecciones primarias y la pobre campaña electoral despertaron un profundo descontento que alimentó la aparición de Enríquez-Ominami.

"Si la Concertación quiere retener el poder, tendrá que recuperar el electorado que hoy día está con ME-O. Pero sólo puede lograr eso al precio de morir, al menos en su forma actual", dijo a La Nacion el sociólogo Eugenio Tironi.

Ante estas señales de agotamiento de la Concertación, la derecha se encontró con una oportunidad única. La coalición oficialista perderá por primera vez una primera vuelta a manos de una derecha que se ha volcado al centro y que ha sabido interpretar mejor las demandas de la creciente clase media chilena.

Se trata de una derecha que, si bien está lejos de la renovación y modernización que se le exige a la Concertación, ha optado por una candidatura única representada por una de sus figuras más liberales, Sebastián Piñera, que cuenta con el antecedente de haber votado por el no a Pinochet. Se trata de una derecha, además, que ya no discute la importancia de un sistema de protección social, que ideológicamente no parece ubicarse en las antípodas de la Concertación.

"Piñera se presenta ante la opinión pública con el discurso que él podrá hacer con mayor eficiencia y transparencia algo relativamente similar a lo que venía haciendo la Concertación", explica Navarrete.

Renovación generacional

Piñera tenía todo para ganar en primera vuelta, pero entonces apareció Enríquez-Ominami. Con frescura y un mensaje renovador, el diputado que renunció al Partido Socialista se apropió del mensaje de cambio que pretendía monopolizar el empresario y se convirtió en receptor de un voto de protesta bastante transversal.

Enríquez-Ominami amenaza ahora con desbancar a Frei de la segunda vuelta. Pero, al mismo, tiempo su irrupción le dio respiración artificial al oficialismo, que deberá afinar su lectura del electorado si pretende ganarle a Piñera.

La aparición de Enríquez-Ominami fue el anticipo de un proceso de renovación generacional de dirigentes políticos en Chile. Gane o pierda, la Concertación deberá renacer de sus cenizas como el Ave Fénix.

"Estos serán los últimos estertores de una generación que tuvo un gran pasado, que tiene un presente circunstancial, pero ningún futuro", concluyó Navarrete.

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