Pedido a los obispos: que los abusos "no se repitan nunca más"

Francisco habló de un tema muy sensible para los católicos norteamericanos
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24 de septiembre de 2015  

WASHINGTON.- En su primer cara a cara con el episcopado estadounidense, uno de los más numerosos del mundo, con 457 obispos, el Papa les pidió recibir "sin miedo" a los inmigrantes, y seguir trabajando para contrarrestar los abusos sexuales en el clero, un escándalo que golpeó especialmente a la Iglesia de este país.

Luego de compartir la oración del mediodía en la catedral de San Mateo, el Papa pronunció en italiano un largo discurso de más de tres páginas, muy fuerte, en el que también advirtió de la urgencia de la unidad y del diálogo.

La conferencia episcopal norteamericana, considerada más bien conservadora, se encuentra de hecho muy polarizada y dividida, con un sector conservador solamente centrado en combatir el aborto, sin pensar en otras cuestiones.

En un discurso pensado al milímetro, al principio Francisco les recordó: "El Papa los acompaña y los ayuda, pone también él su mano, vieja y arrugada pero, gracias a Dios, capaz todavía de apoyar y animar, junto a las suyas". Elogió el "firme compromiso de su Iglesia a favor de la vida y de la familia", motivo principal de su visita, el Encuentro Mundial de Familias de Filadelfia, que clausurará el domingo.

Para referirse al escándalo de pedofilia, por otro lado, el Papa no pronunció la palabra "abuso sexual", sino que prefirió hablar de "momentos oscuros". "Sé cuánto les ha hecho sufrir la herida de los últimos años, y he seguido de cerca su generoso esfuerzo por curar a las víctimas y por seguir trabajando para que esos crímenes no se repitan nunca más", dijo, provocando aplausos.

"No es mi intención trazar un programa o delinear una estrategia. No he venido para juzgarles o para impartir lecciones", aclaró también, hábilmente. No obstante, compartió "algunas reflexiones oportunas para nuestra misión". Acto seguido, llamó a los obispos a ser pastores alegres, a no predicar "doctrinas complejas, sino el anuncio gozoso de Cristo, muerto y resucitado por nosotros", a "no mirar hacia abajo en la propia autorreferencialidad, sino siempre hacia los horizontes de Dios".

"El diálogo es nuestro método, no por astuta estrategia sino por fidelidad a Jesús. No me cansaré de animarlos a dialogar sin miedo", dijo.

También pidió "comprender plenamente que el hermano al que hay llegar y rescatar, con la fuerza y la cercanía del amor, cuenta más que las posiciones que consideramos lejanas de nuestras certezas, aunque sean auténticas". "El lenguaje duro y belicoso de la división no es propio del Pastor", agregó.

"El futuro de la libertad y la dignidad de nuestra sociedad dependen del modo en que sepamos responder a estos desafíos", también señaló.

"Las víctimas inocentes del aborto, los niños que mueren de hambre o bajo las bombas, los inmigrantes que se ahogan en busca de un mañana, los ancianos o los enfermos, de los que se quiere prescindir, las víctimas del terrorismo, de las guerras, de la violencia y del tráfico de drogas, el medio ambiente devastado por una relación predatoria del hombre con la naturaleza, en todo esto está siempre en juego el don de Dios, del que somos administradores nobles, pero no amos", advirtió.

Los llamó finalmente a ser "pastores cercanos a la gente, pastores próximos y servidores" y a cuidar especialmente a los inmigrantes.

"Ahora tienen esta larga ola de inmigración latina en muchas de sus diócesis. No sólo como obispo de Roma, sino también como un pastor venido del sur, siento la necesidad de darles las gracias y de animarles. Tal vez no sea fácil para ustedes leer su alma; quizás sean sometidos a la prueba por su diversidad. En todo caso, sepan que también tienen recursos que compartir. Por tanto, acójanlos sin miedo. Ofrézcanles el calor del amor de Cristo y descifrarán el misterio de su corazón. Estoy seguro de que, una vez más, esta gente enriquecerá a su país y a su Iglesia", cerró su discurso, recibido con una ovación.

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