Pekín busca su doctrina Monroe para detener a EE.UU.

Roger Cohen
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11 de mayo de 2014  

HANOI.- En una nueva edición de su clásico "La tragedia de la política de gran potencia", John Mearsheimer, de la Universidad de Chicago, argumenta con contundencia la inevitabilidad de una guerra en Asia por el ascenso de China:

"Mi argumento, en pocas palabras, es que, si China sigue creciendo económicamente, hará el intento de dominar Asia como Estados Unidos domina el hemisferio occidental. Estados Unidos, sin embargo, llegará a extremos para impedir que China logre la hegemonía regional. La mayoría de los vecinos de Pekín, incluidas la India, Japón, Singapur, Corea del Sur, Rusia y Vietnam, se unirán a Estados Unidos para frenar el poderío chino. El resultado será una intensa competencia en materia de seguridad, potencialmente bélica."

Ésa es la cuestión estratégica central del siglo XXI. La historia no abunda en transiciones de poder pacíficas entre una hegemonía y otra. China necesita recursos. Los buscará cerca o lejos, y encontrará a Estados Unidos en su camino.

Como con la Unión Soviética, pero sin el conflicto ideológico, el problema será si la evidente probabilidad de una conflagración puede ser evitada a través de alianzas o ante la perspectiva de una destrucción mutua asegurada.

Las semillas del conflicto están a la vista. Durante su reciente visita a Asia, el presidente Barack Obama dejó en claro que las tensiones entre Japón y China por las islas Senkaku (islas Diaoyu, según Pekín) pueden terminar arrastrando a Estados Unidos.

Su declaración de que esos peñones administrados por Japón en el Mar de China Oriental "quedan comprendidos dentro del artículo 5 del Tratado de Cooperación y Seguridad Mutua entre Japón y Estados Unidos" enfureció a los chinos, que reclaman las islas. Que se ocupen de sus asuntos y superen la Guerra Fría: ése fue, en esencia, el mensaje de China hacia Washington.

Vietnam y China también tienen conflictos marítimos que se han reavivado en estos días como resultado de la decisión china de colocar una plataforma petrolera en el Mar de China Meridional. Los barcos chinos escoltaron la plataforma y dispararon cañones hidrantes a las naves vietnamitas que intentaron detener el operativo en aguas potencialmente ricas en petróleo y gas reclamadas por Hanoi.

La respuesta de Estados Unidos en apoyo a Vietnam, su otrora enemigo ahora convertido en socio clave en Asia, fue firme. "La decisión de China de introducir una plataforma petrolera acompañada por numerosas naves del gobierno por primera vez en aguas disputadas por Vietnam es una provocación y aumenta las tensiones", dijo la vocera del Departamento de Estados, Jen Psaki, a través de un comunicado. "Esa acción unilateral parece ser parte de un patrón más amplio del comportamiento chino para impulsar sus reclamos sobre territorios en disputa, de una manera que atenta contra la paz y la estabilidad de la región".

La reafirmación de la soberanía de Pekín sobre el mar Meridional de China enfurece a filipinos y vietnamitas. Ese accionar parece vindicar la tesis de Mearsheimer, quien escribe que es esperable que con más poder, "China intente expulsar a Estados Unidos de la región Asia-Pacífico, así como Estados Unidos expulsó a las grandes potencias de Europa del hemisferio occidental en el siglo XIX. Es esperable que China desarrolle su propia doctrina Monroe", que fue el mensaje de "fuera de este hemisferio" que envió Estados Unidos a Europa en el siglo XIX.

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