Perplejidad en París por cinco misteriosos drones

Según testigos, los aparatos volaron anteanoche sobre sitios sensibles de la ciudad, incluyendo la embajada norteamericana; las autoridades no lograron identificar desde dónde fueron manejados
Luisa Corradini
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25 de febrero de 2015  

PARÍS.- La insólita aparición de cinco drones que sobrevolaron anteanoche varios sitios sensibles de París, entre ellos la embajada de Estados Unidos, provocó perplejidad e inquietud en Francia.

A una altitud de entre 100 y 300 metros, esos aparatos comandados a distancia sobrevolaron la torre Eiffel, la plaza de la Bastilla, el Ministerio del Interior -ubicado a escasos metros del Palacio del Elíseo- y hasta la delegación diplomática norteamericana.

Los vuelos se produjeron en momentos en que la capital francesa está sometida a un estricto control de las fuerzas del orden, debido a los atentados terroristas de comienzos de enero, cuando el plan de seguridad Vigipirate fue ascendido al nivel de alerta máxima.

Según la prefectura de policía, testigos oculares habrían dado las primeras informaciones. Debido al carácter sensible de los sitios sobrevolados, los servicios de policía apostados frente a la embajada de Estados Unidos habrían intentado seguir el primer drone, pero éste "continuó su vuelo hacia la Plaza de los Inválidos", explicó una fuente allegada a la investigación.

"Hicimos lo imposible para identificarlos. Fue inútil", agregó.

Para los expertos, se trata de drones que se venden en los comercios y son prácticamente imposibles de detectar.

"No hay radar capaz de detectar la presencia de un drone que sobrevuele París. Son pequeños aparatos que no pueden transportar nada y realizan imágenes de mediocre calidad", afirma Michel Polacco, autor de Drones, la aviación del futuro.

Tampoco parece posible llegar hasta el piloto del aparato si éste es secuestrado.

Los drones civiles pueden comprarse en cualquier comercio de electrónica y se venden sin registrar la identidad del comprador. Peor aún, esos aparatos pueden ser piloteados a ciegas: "El piloto puede perfectamente hallarse a varios kilómetros, encerrado en una buhardilla parisina", explica Polacco.

Ante la emoción provocada por la aparición de los aparatos pocos días después de los atentados en la capital, las autoridades iniciaron dos investigaciones: una a cargo de la policía judicial; otra fue confiada a la sección de la gendarmería de transportes aéreos (GTA), donde un grupo de unos diez especialistas en aeronáutica trabajarán exclusivamente en el caso.

Si bien los expertos no parecen demasiado preocupados, las autoridades se preguntan si no se trata acaso de ejercicios de relevamiento con vistas a una acción futura: "Nada puede ser dejado al azar", dicen los responsables del Ministerio del Interior.

Para Polacco, por el contrario, se trata de bromistas: "De particulares que se divierten con sus pergeños, sabiendo que están violando la ley".

El sobrevuelo de París está prohibido salvo autorización especial desde 1948. La interdicción rige para la "zona comprendida entre los límites de las antiguas fortificaciones de la ciudad", y para todas las aeronaves. Fuera de ese perímetro, otro decreto de 2012 precisa que es posible volar un drone únicamente "si vuela a una distancia tal que quien lo guía conserva una visión directa del aparto".

El año pasado, en Nancy, en el este del país, un joven de 18 años que utilizó un drone para filmar la ciudad tuvo que pagar una multa de 400 euros por no respetar la reglamentación aérea. En noviembre pasado, dos hombres y una mujer fueron procesados por haber sobrevolado una central nuclear en el interior del país.

El sobrevuelo de drones sobre sitios sensibles no es nuevo en Francia. Desde hace varios meses varios de esos aparatos han sido vistos, sobre todo cerca de las centrales nucleares. Algunos vuelos eran simultáneos, en sitios distantes varios centenares de kilómetros, lo que deja pensar que podría tratarse de operaciones concertadas. Los responsables nunca fueron identificados.

Uno de los vuelos más sensibles se produjo en la noche del 28 al 29 de enero, cuando pequeños drones fueron detectados cerca del puerto de Brest que cobija los cuatro submarinos nucleares franceses. Se trata del sitio más protegido del país. Hace poco más de un mes, fue el turno del Palacio del Elíseo.

"Frente a este nuevo fenómeno, las fuerzas de seguridad aún carecen de respuesta adecuada", reconoce Christophe Naudin, criminólogo y especialista en seguridad aérea.

Si bien relativiza la gravedad del episodio, Naudin estima necesario preocuparse: "Sin vigilancia, un día, un aparato más grande y mucho más peligroso podría aproximarse a los sitios sensibles transportando un misil".

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