Pese al alivio de las sanciones, Irán aún sufrirá por su economía

Los beneficios no serían suficientes para sacar del pozo a un país estancado y con alta inflación
Los beneficios no serían suficientes para sacar del pozo a un país estancado y con alta inflación
Aya Batrawy
Jonathan Fahey
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29 de noviembre de 2013  

DUBAI.- El alivio de las sanciones ofrecido a Irán por Estados Unidos y cinco superpotencias mundiales permitió que los engranajes del comercio de Teherán se pusieran lentamente de nuevo en movimiento, en una economía aún caótica.

El gobierno de Barack Obama estima que el alivio limitado a las sanciones que pesan sobre Irán a cambio de una pausa temporaria en su programa nuclear representa sólo unos 7000 millones de dólares.

Se trata de una suma modesta para la economía de una nación de casi 80 millones de habitantes: es menos que el valor de la producción petrolera mensual de Irán, y apenas un 7% de las reservas en efectivo que tiene depositadas el país en el extranjero y que se encuentran congeladas por las sanciones.

De todos modos, los iraníes ven la medida como un paso muy necesario para normalizar una economía coartada por años de inflación y pérdida de puestos de trabajo. "Los mercados operan sobre bases psicológicas", dice Ray Takeyh, experto en cuestiones iraníes del Consejo de Relaciones Exteriores norteamericano. "Y la psicología del comercio con Irán ha cambiado", agrega.

Cuando Estados Unidos y Europa ampliaron las sanciones económicas contra Irán hasta incluir a su crucial sector petrolero y bancario, a fines de 2011, la economía iraní ya sufría el peso de la corrupción, la mala administración y los costosos subsidios alimentarios, energéticos y pecuniarios para los pobres.

Las ventas de petróleo se redujeron en casi 1,5 millones de barriles diarios. En consecuencia, según datos de la Casa Blanca, desde principios de 2012, Irán perdió alrededor de 80.000 millones de dólares por petróleo. Al mismo tiempo, gran parte de los ingresos que sí percibió Irán de exportaciones a unas pocas naciones asiáticas a las que se les permitió comprar petróleo iraní, quedaron bloqueados en bancos del extranjero. Las sanciones exigían a los compradores de petróleo iraní que depositaran el dinero en cuentas a las que Irán sólo puede acceder para comprar artículos no sancionados y suministros humanitarios.

A los fabricantes se les hizo cada vez más difícil comprar los insumos esenciales para producir o mantener sus plantas en funcionamiento. La inflación y el desempleo se dispararon y la moneda iraní, el rial, se devaluó más de un 50%.

"La gente no puede ahorrar y no puede invertir. Es difícil comprar una casa, nadie confía en la moneda, nadie sabe cuánto gana realmente", dice Anthony Cordesman, experto en Medio Oriente y energía del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.

El descontento social comenzó a crecer. El precio de los alimentos básicos, como el pollo y el cordero, trepó hasta volverse inalcanzable para los iraníes de bajos ingresos. A fines del año pasado, tras una serie de protestas esporádicas, Irán desplegó a su policía antimotines en las intersecciones más importantes de Teherán. Esa frustración generalizada fue la que propició el triunfo de Hassan Rohani, que hizo campaña con una propuesta de reforma económica. Los iraníes culpaban al ex presidente Mahmoud Ahmadinejad por desgobierno y la corrupción, que, según muchos, eran tanto o más dañinos para la economía que las sanciones de Occidente.

Tal vez hayan sido esas mismas y sombrías perspectivas las que empujaron a Rohani a apoyar el acuerdo nuclear que se selló en Ginebra, el domingo pasado, con Rusia, China, Francia, Gran Bretaña y Alemania.

En un discurso pronunciado esta semana en ocasión de sus primeros 100 días de gobierno, Rohani se comprometió a frenar la recesión para marzo próximo y reducir la inflación a una tasa anual de 25% para fines de 2014.

La Casa Blanca dice que el acuerdo nuclear deja en pie "la abrumadora mayoría de las sanciones". Prácticamente la totalidad de los 100.000 millones de dólares depositados en fondos en el extranjero siguen siendo inaccesibles o de acceso restringido debido a las sanciones.

Para la enorme mayoría de los iraníes, eso implica que el acuerdo no aliviará el peso del costo de vida. La inflación ronda el 35% anual y la tasa oficial de desempleo es del 13%.

"Financieramente, Irán seguirá desangrándose", dice un informe de la consultora de riesgo Eurasia Group.

Sin embargo, sí se suspenderán las sanciones que pesan sobre el oro y los metales preciosos, el sector autopartista y las exportaciones petroquímicas. Las restricciones a las exportaciones de petróleo, además, no se profundizarán, como estaba previsto, y se flexibilizarán las restricciones a los seguros, lo que facilitará que Irán venda el petróleo que logre colocar.

El acuerdo inyecta así una dosis de confianza en la economía de Irán después de un período extraordinariamente oscuro. La reacción de la opinión pública frente al pacto fue mayormente positiva, y de inmediato el rial se apreció un 3% frente al dólar. De todos modos, todavía está por verse si ese alentador panorama redunda en una mejora real en la vida de los iraníes.

Invitación a una planta nuclear

Luego de negarles el acceso durante dos años, Irán invitó a los inspectores del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) a que visiten la planta de agua pesada de Arak el 8 de diciembre, en el primer paso concreto de un plan para despejar las dudas sobre el polémico programa nuclear de Teherán.

El estatus de la planta de Arak había sido uno de los obstáculos principales durante las negociaciones que llevaron al acuerdo nuclear en Ginebra.

Traducción de Jaime Arrambide

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