Planteos que niegan la evidencia

Moisés Naím Para LA NACION
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14 de diciembre de 2009  

WASHINGTON.- En 1953, las tabacaleras publicaron en los diarios estadounidenses una solicitada de una página titulada "Nuestra franca declaración a los fumadores de cigarrillos". Los mensajes del persuasivo texto eran que fumar no daña la salud y que esta afirmación tenía bases científicas. El director del Comité de Investigaciones de la Industria del Tabaco (CIIT) escribió en 1957 que "el problema de la causalidad de cualquier tipo de cáncer es complejo y difícil de analizar. A pesar de toda la atención puesta en la acusación de que fumar produce cáncer de pulmón, nadie ha establecido que el humo del cigarrillo o alguno de sus componentes cause cáncer en el hombre".

La estrategia del CIIT era financiar a científicos que pusieran énfasis en la diversidad de factores que pueden causar el cáncer y evitar que se le asignara al tabaco la importancia que en realidad tenía. La idea era crear confusión, escepticismo, controversia y un "sano debate científico". Lo lograron. Los periodistas les daban a ambas partes igual espacio y respeto.

El problema con esto es que ya en 1950 existía evidencia indiscutible que vinculaba el fumar con el cáncer del pulmón. Tuvieron que pasar décadas para que la deshonestidad de las tabacaleras y sus científicos a sueldo fueran desenmascarados.

Medio siglo después, estamos en lo mismo. La controversia es entre los que creen que el clima está cambiando, como consecuencia de actividades humanas, como la industrialización y la deforestación, y quienes creen que no hay tales cambios medioambientales. Los paralelismos con el debate sobre cáncer y cigarrillo son fascinantes, y las estrategias y hasta las frases que ahora usan los escépticos sobre el cambio climático son parecidas.

Cualquiera de los escépticos actuales puede tomar como suya la frase de 1953 del director del CIIT, y sólo cambiar la palabra "cáncer" por "cambio climático". Y ésa es la estrategia: la primera línea de defensa es que el cambio climático no existe. Una vez que los datos derrumbaron esa defensa, la segunda línea es decir que no hay pruebas de que la actividad humana sea la causa (y, por lo tanto, no hay nada que cambiar). Y cuando esta defensa es arrasada por la avalancha de datos, los escépticos dicen que las variaciones climáticas son producto de muchos factores y que la actividad humana es apenas uno de ellos.

El más reciente éxito que se anotaron los escépticos fue obtener los e-mails de los investigadores de la Universidad de East Anglia, en el Reino Unido. Según los escépticos, el contenido de estos mensajes comprueba que esos científicos manipularon sus datos y que las conclusiones de sus estudios son, por lo tanto, incorrectas. El problema con esta afirmación es que las conclusiones fundamentales sobre el calentamiento terrestre no cambian. Según la prestigiosa revista Climate , "nada en los e-mails socava las bases científicas del argumento que mantiene que el calentamiento global es una realidad".

Esto, sin embargo, es irrelevante para los escépticos, que ven en los correos del "climagate" la confirmación de que el cambio climático es un gran fraude. "Este escándalo permite cuestionar las propuestas que serán promovidas en Copenhague. Siempre he creído que las decisiones deben basarse en la ciencia más sólida, no en la política. Sin contar con resultados científicos confiables y con tanto en juego, debemos ser muy cautelosos con los resultados de esta politizada conferencia." Esto escribe una escéptica que cuestiona a miles de científicos que han dedicado su vida a estudiar el tema. ¿Quién es ella? Sarah Palin, la conocida ambientalista de Alaska.

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