¿Podrá esta vez?: la oposición venezolana busca superar su división para derrotar al chavismo

Con mucha ventaja en los sondeos, la alianza unificó sus listas para los comicios legislativos de diciembre; pero los votantes desconfían de que las internas hayan desaparecido; el gobierno pone en marcha su maquinaria
Con mucha ventaja en los sondeos, la alianza unificó sus listas para los comicios legislativos de diciembre; pero los votantes desconfían de que las internas hayan desaparecido; el gobierno pone en marcha su maquinaria
Ramiro Pellet Lastra
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26 de julio de 2015  

El chavismo sabe mucho de elecciones: superó una tras otra desde su llegada al poder en 1999. Pero la oposición sueña con derrotarlo por primera vez en las parlamentarias del próximo 6 de diciembre. Y si bien el oficialismo arranca detrás en las encuestas, siempre puede sacar un as de la manga para revertir las cosas... o quizás un mazo completo.

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que lidera la intención de voto con el 60% contra el 40% chavista, confía en controlar la Asamblea Nacional, reequilibrar los poderes y comenzar a despedir al gobierno que no sólo dominó la vida de los venezolanos durante 16 años, sino que fue el faro de todos las administración populistas de América latina.

La pregunta es si el combustible de 20 puntos de diferencia -según algunas encuestas incluso más- le durará a la oposición de aquí a las elecciones y si le servirá para lograr una victoria que, en 2013, se le escapó por apenas una diferencia de 1,5% de votos en los comicios presidenciales. Porque muchos de esos votantes, desencantados con el chavismo pero no del todo convencidos con la oferta de recambio, pueden volver al redil. Dada la cambiante realidad en Venezuela, un tanguero caribeño podría decir que 20 puntos no son nada.

La recesión, el desabastecimiento, la inflación, la delincuencia, la corrupción, y, en definitiva, la regresión a niveles de pobreza que se jactaba de haber dejado atrás, son las razones que hacen trastabillar al chavismo en los sondeos. Para una creciente mayoría, el chavismo ya no es el remedio contra todos los males, sino su causa. ¿Acaso no basta ese diagnóstico para garantizar el cómodo triunfo de la oposición a fin de año? Parece que no. Como dijo días atrás en su cuenta de Twitter el consultor Luis Vicente León, presidente de Datanálisis, "el gobierno jugará duro para reducir la brecha en contra".

Crédito: Ippóliti

Antes de enfrentar el juego duro del gobierno, la MUD trabaja por superar sus propias flaquezas. Comenzando por las divisiones internas, causa central de desconfianza entre los votantes. En estos tiempos nublados, la coalición se ha mostrado dividida a los ojos de un electorado que más que nunca necesita una guía más clara.

Y en eso están. Las correcciones comenzaron a tiempo. Después de largas discusiones, de marchas y contramarchas, las distintas facciones acaban de acordar ir a las urnas con una boleta única, en vez de presentarle al venezolano un confuso abanico de colores partidarios. Las divisiones de fondo entre el líder moderado Henrique Capriles y el jefe del ala radical, Leopoldo López, que suelen tener miradas distintas sobre cómo sacar adelante el país, fueron relegadas en pos de una estrategia electoral coherente contra el adversario común.

"La unidad está consolidada. La tarjeta única era un clamor de los venezolanos para lograr un cambio. Una de las claves para ganar el próximo 6D es la tarjeta única", declaró a la prensa el alcalde del municipio caraqueño de Chacao, Ramón Muchacho. Y precisó que durante una reunión cumbre se aprobaron "tres documentos para el cambio: tarjeta única, estrategia común y comando de campaña unificado".

Fue una buena noticia para la oposición cuando más la necesitaba, para concentrarse de ahora en más en enhebrar un mensaje de cambio y hacerlo llegar a la gente si la dejan. Porque más que una carrera electoral, lo que comienza para sus candidatos es una carrera de obstáculos. El juego duro al que aludía Luis Vicente León.

El chavismo lleva tiempo echando mano del aparato estatal, el control electoral, las presiones a los adversarios, las mordazas a la prensa y otros trucos de manual para sacar las papas del fuego y quedarse en el poder. Domina la materia. Quien quiera derrotarlo sabe que corre contra el caballo del comisario.

"El clima de opinión es crecientemente adverso al gobierno, hay una opinión negativa de la situación económica del país, y el nivel de aprobación del presidente Maduro experimentó en estos meses una nueva caída (al 25%). Pero el chavismo ha sido capaz de revertir climas de opinión adversos. Un caso clásico fue el del año 2003, cuando la oposición le sacaba de 27 a 37 puntos y Chávez lo dio vuelta", dijo a LA NACION el politólogo John Magdaleno.

Para saber cómo se descuenta semejante cantidad de puntos, que en otro contexto sería irreversible, alcanza con mirar alrededor. Por ejemplo, la MUD arrancó el partido con varios jugadores menos: el gobierno tiene preso a Leopoldo López y a otros disidentes bajo cargos de conspiraciones varias e incitación a la violencia. Es decir, por protestar. Otros cinco candidatos fueron "inhabilitados" para el ejercicio de cargos públicos por períodos de uno a diez años, a ver si se les van las ganas de importunar a los que mandan.

Los que aún no fueron puestos en la resbalosa lista de inhabilitados, tienen que vérselas de todos modos con las estrategias del todopoderoso Consejo Nacional Electoral (CNE), la mano que mece las urnas.

El CNE se convirtió en el campeón de la igualdad de género, por ejemplo, al obligar a los partidos a presentar el 40% de mujeres en las listas. Un fervor igualitario digno de aplauso que, casualmente, se dio a conocer dos días después de que la oposición presentara la mayoría de sus candidaturas, por lo que debió armarlas de nuevo.

"El CNE, después de que la MUD anunció los nombres de nuestros candidatos, salió con un nuevo decreto. ¡Por favor! Ellos lo que están buscando es enredar el juego. Todo es propaganda para hacer creer que luchan por los derechos de la mujer!", retrucó Henrique Capriles.

Otra jugada de libro es rediseñar los circuitos electorales, cortesía del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), que demostró la plasticidad de los mapas venezolanos. "Dijeron que el circuito donde vivo, Baruta, donde ganaba la oposición, perdió 100.000 habitantes, y en vez de dos diputados vamos a elegir uno", dijo a LA NACION Adolfo Salgueiro, analista internacional cercano a la MUD.

Con una cancha cada vez más inclinada, surge el temido fantasma de la abstención. La oposición deberá convencer al electorado de que el próximo 6 de diciembre acuda sin falta al cuarto oscuro. En el actual escenario, muchos votantes contrarios al chavismo podrían rendirse de antemano contra la maquinaria electoral, entregarse a la fatalidad de que ganan los de siempre, rendirse porque la suerte está echada.

Así lo ve el politólogo Carlos Romero. Para superar el ventajismo electoral, sortear la amenaza de fraude y estar al abrigo de jugadas de última hora, dijo Romero a LA NACION, "sólo una avalancha a favor de la oposición garantizaría una victoria, y para ello hay que superar el aspecto central de la abstención".

Pese a los 20 puntos de ventaja, está visto, los que quieran derrotar al chavismo deberán remar y remar. Según John Magdaleno, sin embargo, a causa de la debacle económica, el gobierno tiene menos para gastar que en sus momentos de gloria, cuando los ingresos petroleros disimulaban los errores, y le será difícil tapar las deficiencias.

Igual de importante, dijo, es que "el gobierno no tiene a Chávez". Su conexión con la gente y su muñeca política le daban aire adicional en la recta final de las campañas electorales, donde hasta el mismo día de las elecciones se las ingeniaba para rescatar el último voto posible.

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