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Podrían ser más de 500 los muertos en el suicidio colectivo

Carbonizados: liderados por el "profeta" Kibweteere y dos ex sacerdotes católicos, las víctimas creían que el fin del mundo era inminente.
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20 de marzo de 2000  

KANUNGU, Uganda.- Gran cantidad de cuerpos carbonizados, la mayor parte de ellos con una mueca de terror, era todo lo que quedaba ayer de más de 500 adeptos de la secta Movimiento para la Restauración de los Diez Mandamientos, que, se cree, se suicidaron colectivamente el viernes último inmolándose en Kanungu, al sudoeste de Uganda.

La policía calculó que entre los escombros de la iglesia ya se contabilizan más de 300 cadáveres, pero todavía no es capaz de adelantar una cifra precisa, pues muchos cuerpos se han transformado en ceniza. Para el diario local The Sunday Vision, la cifra de muertos superaría las 600 personas.

Anoche había restos humanos que aún emitían humo a pesar de la lluvia que cayó en el lugar en los últimos días y pese a la destrucción del templo y el derrumbe del techo de la precaria construcción.

Testigos de la escena que dejó el incendio intencional del templo dijeron que el cuerpo carbonizado de un hombre estaba todavía aferrado a un muro, como si hubiese querido escapar a último momento. Otro yacía con las piernas estiradas y los brazos tapándose la cabeza, como queriendo escapar a la muerte.

"Todo parece indicar que nos hallamos ante un suicidio colectivo y sabemos que los dirigentes de esta iglesia son muy capaces de haberlo planificado", declaró a la agencia AFP en Kampala John Kissembo, inspector general de la policía.

"No dispondremos de un balance preciso hasta que los médicos forenses no hayan acabado su informe, pero podríamos estar hablando de varios centenares de muertos", añadió el responsable policial.

El culto de la secta dirigida por el "profeta" Joseph Kibweteere tenía su base en Kanungu, una pequeña ciudad mercado situada unos 320 kilómetros al sudoeste de Kampala. Los adeptos de la secta, activa desde fines de los años 80, eran originarios de todo el sur de Uganda, aunque entre sus miembros también había ruandeses.

Desde la mañana, fue continua ayer la marcha de los ugandeses que recorrieron el camino hacia la iglesia quemada con la intención de identificar los restos de parientes o amigos.

"Cinco miembros de mi familia estaban allí, mi hermano mayor y sus hijos", dijo Isaac Mugenyi, que vino del oeste del país.

Los motivos

Las circunstancias de este drama todavía no han sido aclaradas. Según la policía, los adeptos se rociaron con gasolina y ellos mismos se prendieron fuego.

"Estaba en la comisaría el viernes por la mañana y alguien vino a decir que un grupo de gente se había encerrado en la iglesia y se había prendido fuego", explicó un guardia de Kanungu, Stephen Mugenyi. "Fuimos corriendo hacia allá, pero estaban todos en el interior y no pudimos hacer nada. Las puertas y las ventanas estaban cerradas", añadió.

Según Mugenyi, los miembros de la secta se habían estado "preparando para un gran acontecimiento" a lo largo de la semana. El jueves último, dijo, organizaron "una gran fiesta". Se desconoce si los líderes de la secta, Joseph Kibweteere, y dos antiguos sacerdotes católicos estaban entre las víctimas.

Los habitantes del lugar se mostraban sorprendidos. Según ellos, los miembros de la secta eran disciplinados, agradables y se organizaban en una comunidad de agricultores. También tenían una pequeña escuela.

Según Emmanuel Twinomujuni, un adepto interrogado el año pasado por New Vision, los sectarios creían en la inminencia del fin del mundo. "Todo terminará el año que viene, no hay tiempo que perder", aseguraban.

El líder, desaparecido

KAMPALA.- Ayer, a dos días del suicidio masivo de sus seguidores, aún se desconocía el paradero del líder del Movimiento para la Restauración de los Diez Mandamientos, Joseph Kibweteere.

La policía continuaba investigando si el autoproclamado "profeta" se encontraba entre los cientos de cadáveres carbonizados en una iglesia de Kanungu, tras el suicidio masivo de los miembros de la secta.

Kibweteere era considerado un "ex activista" del Partido Democrático, la principal fuerza de oposición legal en el país. Pero la policía tenía también información de que Kibweteere y otros líderes de la secta habían participado en robos, violaciones y secuestros de niños.

En los meses anteriores al suicidio masivo, había solicitado a sus seguidores que "vendieran sus bienes terrenales y se prepararan para viajar al cielo". Asimismo, había prohibido a los miembros tanto la educación escolar como utilizar medicinas modernas para curar sus enfermedades.

En un principio, Kibweteere había anunciado el fin del mundo para el 31 de diciembre de 1999, pero más tarde modificó su profecía y afirmó que el apocalipsis llegaría a finales del año 2000.

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