Polémica por la exigencia de cédula a los británicos

Contendrá datos biométricos
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28 de abril de 2004  

LONDRES.- Más de medio siglo después de que Winston Churchill impuso el uso de tarjetas de identidad obligatorias durante la Segunda Guerra Mundial, los británicos deberán volver a portar un documento nacional con sus datos personales.

Esta vez, sin embargo, la amenaza no son espías alemanes, sino el terrorismo global. El contenido de la tarjeta tampoco será el mismo: atrás quedarán las borrosas y manipulables fotos de color sepia, que serán reemplazadas por los datos biométricos del iris y de las huellas digitales del portador, domicilio actual y anteriores y nacionalidad. Por ahora, y sólo por ahora, no se incluirá el ADN.

Pese a que la medida ha levantado mucho revuelo entre las asociaciones de defensa de los derechos civiles y de la oposición, esta semana comenzó la recolección de datos biométricos de 10.000 voluntarios. Esos ciudadanos ponen el rostro o la mano frente a un scanner en la oficina de tramitación de pasaportes, que almacena la información y les entrega -gratuitamente- su primera tarjeta de identidad electrónica.

La intención del Home Office, que anunció que pagará el costo de las tarjetas con un nada simpático aumento del precio de los pasaportes, es crear una gran base de datos en el Registro Nacional de Identidad y transformar en obligatoria la portación del carnet, algo que el Parlamento sólo deberá decidir, en realidad, antes de 2013. El gobierno ya les propuso a los legisladores que quienes no porten el documento paguen 3000 dólares de multa "civil".

Los ciudadanos interesados en hacerlo ya podrán tramitar sus tarjetas en forma voluntaria desde 2007, pero el chequeo biométrico será obligatorio desde ese año para quienes tramiten o renueven su pasaporte. Todos tendrán dos garantías: poder acceder a la información que el gobierno guarda sobre ellos y que sus datos personales no se usarán con fines no anunciados.

Así lo prometio el ministro del Interior, David Blunkett, que agregó que las tarjetas biométricas evitarán el fraude, el robo de identidades, la inmigración ilegal y, claro, el ingreso de terroristas. "Los países sin control de identidad en sus pasaportes, visas o carnets serán identificados como de fácil acceso por los terroristas", advirtió el funcionario al defender la medida.

Hábitos arraigados

Hasta ahora, el Reino Unido había sido una de las pocas naciones en el mundo donde sus ciudadanos no estaban obligados a portar documentos de identidad. Inmediatamente finalizada la Segunda Guerra Mundial, el rechazo de la población a esa exigencia hizo que el gobierno aboliera la medida. Más allá del carnet de conducir en pleno viaje, ningún policía británico puede detener a alguien en la calle para pedirle su identificación: es considerado una intolerable invasión a la intimidad y hasta un acto discriminatorio. Quien hace una compra con tarjeta de crédito o débito no debe mostrar ninguna identificación y la mayoría de las veces el vendedor no exige siquiera que el cliente ingrese una clave de seguridad.

No será fácil para el gobierno de Tony Blair revertir esa tradición. La excusa de la lucha contra el terrorismo ha conmovido a pocos, especialmente debido a que Estados Unidos, otro de los pocos países donde no se usa DNI y donde todo se soluciona con un carnet de conducir, no modificó su política de identificación tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Blair intentó calmar ayer los temores de que Gran Bretaña se vea invadida por una ola de inmigrantes cuando otros diez Estados se sumen a la Unión Europea el próximo 1° de mayo, e insistió en que su gobierno endurecerá las restricciones en la medida necesaria. "No nos fortificaremos, pero tampoco seremos una casa abierta", explicó el premier.

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