Preparan el envío de la fuerza de paz

Londres, París y Berlín ofrecieron enviar tropas para integrar los cascos azules
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12 de diciembre de 2001  

LONDRES.- El secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, recogió generosas ofertas de tropas para una fuerza de paz en Afganistán en lo que posiblemente haya sido su paso más agradable por Berlín, París y Londres desde la tragedia del 11 de septiembre.

El jefe de la diplomacia norteamericana puso ayer fin a una gira de una semana por Asia central y Europa llevándose una valija repleta de promesas tan pródigas como vagas.

"Hemos indicado en un principio nuestra voluntad para desempeñar un papel de liderazgo en cualquier tipo de misión de las Naciones Unidas. Pero no se ha tomado ninguna clase de decisión formal", advirtió el primer ministro británico, Tony Blair, tras dos horas de encuentro con Powell en su despacho de Downing Street, y luego agregó: "Una decisión puede tomarse en un plazo relativamente breve".

Poco antes, el presidente francés, Jacques Chirac, había dicho prácticamente lo mismo al visitante norteamericano. "Francia analiza las modalidades de una participación y anunciará su decisión próximamente. Antes queremos examinar el mandato, la misión y la organización de esa fuerza", señaló su vocero, Catherine Colonna.

Lo que más les interesa a los franceses es saber cuál será la próxima fase de la lucha antiterrorista norteamericana. Más precisamente, si ésta se extenderá fuera de Afganistán, una acción que podría alterar los ánimos de los 5 millones de personas de origen árabe que viven en suelo francés.

Powell les aseguró que Bush aún no tomó una decisión en ese sentido y que, personalmente, no había recibido "ninguna recomendación que incluya una acción bélica en contra de Irak".

"Esa fue una precisión muy importante para nosotros", destacó el canciller francés Herbert Védrine.

En Londres, Powell y Blair se pararon literalmente "hombro a hombro" frente a la puerta de Downing Street. Lo hicieron a la hora exacta en la que, hace tres meses, el primero de los dos aviones se estrelló contra el World Trade Center. Con sus himnos nacionales interpretados por la banda de la American School de Londres buscaron probar, así, la determinación de los dos países en la lucha contra el terrorismo.

Pero en ese frente común han empezado a aparecer fisuras. El jefe del Estado Mayor Conjunto británico, almirante sir Michael Boyce, hizo ayer un llamado a no dejarse llevar por el objetivo único de capturar a Ben Laden. "Al-Qaeda todavía puede atacar y debemos estar preparados combatiendo contra las fuentes del terrorismo y no sólo contra sus síntomas", advirtió.

Boyce también condicionó el envío de tropas de paz británicas a que resulten de "un acto legal internacional", es decir, de una orden del Consejo de Seguridad de la ONU. "Si no podemos comprometer nuestra legitimidad", señaló, preocupado por que sus hombres no sean recibidos en Afganistán como una fuerza de ocupación.

Powell recogió similares inquietudes en Berlín, donde el tema ha envenenado las relaciones entre los socios socialistas y Verdes de la coalición de Gerhard Schroeder.

La Alianza del Norte aceptaría la presencia de un contingente de cascos azules en su país si no supera los 650 hombres y preferiría que éstos fueran de países musulmanes, como Turquía. Su traslado debería coincidir con la puesta en marcha de la administración interina afgana, el 22 del actual, a la cual deberían contribuir a proteger.

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