Presencia en la calle y las redes, la táctica de Díaz-Canel para afianzar su poder

Díaz-Canel, durante un homenaje a Fidel Castro
Díaz-Canel, durante un homenaje a Fidel Castro Crédito: Desmond Boylan
Afirmó su nombramiento a dedo gracias a su astucia para conectarse con los isleños
Daniel Lozano
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28 de noviembre de 2018  

LA HABANA.- "Que arreglen esa luz es cuestión de días", asegura un habanero sin asomo de dudas. "¿Cómo que de días?", se sorprende su descreído interlocutor. "Sí, chico, es cuestión de Días, ¡de Días-Canel (Díaz-Canel)!". La comunicación callejera sustituye a menudo en Cuba la información oficial, controlada de forma férrea por la revolución, con chistes más o menos graciosos que reflejan a su modo el estado de la nación. El que abre esta crónica resume a la perfección cómo Miguel Díaz-Canel , nuevo presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, afianzó su nombramiento a dedo gracias a su gobierno de calle y a la lucha contra la pequeña corrupción, que tanto afecta el día a día de los cubanos.

Ya no es El Caballo o El Hombre, como se referían a Fidel Castro . Es simplemente Díaz-Canel. No se trata del líder de la revolución ni del general de ejército, los hermanos Castro que durante seis décadas decidieron los destinos de la isla. Desde el propio país se miraba al elegido como un funcionario gris capaz de moverse con acierto en la cúspide y de aprobar todos los exámenes que Raúl le colocaba en su camino político.

El burócrata sorprendió a casi todos. Detrás de la sempiterna guayabera blanca se esconde un político de raza, alejado de los despachos y que se mueve con facilidad entre la gente. Además maneja sus redes sociales y comparte sus apariciones con su mujer, como cualquier otro mandatario del continente, pero algo novedoso para los cubanos.

Para confirmarlo, el pequeño baño de multitudes vivido por el sucesor de Raúl durante el paseo que protagonizó la semana pasada en La Habana Vieja. El presidente cubano acompañó a Pedro Sánchez, jefe del gobierno español, que selló el regreso de España a Cuba tras los encuentros y desencuentros forzados hace casi dos décadas por José María Aznar. En solo 26 horas de desembarco en la isla, el líder del PSOE oficializó el deshielo español tras la condonación de una deuda de casi 2000 millones de dólares.

"No me voy a lavar la mano, chica. ¡Díaz-Canel me saludó!", se felicitaba una cubana de mediana edad tras estrechar la de su presidente. El Richard Gere cubano, como lo llaman, acudió acompañado por su mujer, Lis Cuesta, clave en la apertura y en la mayor cercanía con el pueblo. Jamás Cuba tuvo primera dama y tras los devaneos y críticas de sus primeras apariciones, Cuesta también se consolidó junto a su marido.

Las apariciones públicas del dirigente castrista son constantes. Ya sea en las calles de Pinar del Río o de Santiago, en un foro económico con empresarios españoles o visitando a los heridos del accidente de Cubana de Aviación. "Lo que más le gusta a la gente es que está actuando contra las pequeñas corruptelas, esas que encarecen los precios o que facilitan la desaparición de productos. Estamos viendo que no duda en bajar a la calle y a eso a los cubanos nos gusta", revela de forma anónima a LA NACION un exitoso cuentapropista y antiguo funcionario del Estado.

"El gobierno logró situar la reforma constitucional en el centro del debate político del país", añade Arturo López-Levy, profesor de la Universidad de Texas. Este politólogo, autor de Raúl Castro y la nueva Cuba, confirmó a LA NACION el crecimiento de Díaz-Canel a ojos del pueblo cubano, muy crítico y exigente con sus gobernantes, incluso sus héroes deportivos o sociales. Y además añadió la trascendencia del período de aportes de cubanos de dentro y fuera del país al proyecto constitucional, que se cerrará el mes que viene y que se votará en referéndum en febrero.

"Con la nueva Constitución se retira la idea de construcción del comunismo y se reafirma el carácter socialista. Además el nuevo presidente tendrá un mandato limitado a dos períodos de cinco años, un cambio muy importante para el liderazgo colectivo y una lógica de distribución de funciones, no de división de poderes", confirma López-Levy.

Díaz-Canel gobernará cinco años con Raúl vigilante al frente del Partido Comunista de Cuba (PCC), "órgano rector de la sociedad", y será quien lo reemplace para compartir ambos poderes en su segunda legislatura, un cargo que mantendrá durante los primeros cinco años de su sucesor.

Así es la arquitectura ideada por el pequeño de los Castro para apalancar la revolución en ausencia de sus dos grandes líderes. Nadie espera que se adopten algunas "sugerencias", como las realizadas en universidades de la capital pidiendo voto directo y libre.

Gobierno de calle, debate constitucional y la propaganda de siempre. La revolución lanzó todos sus cañones mediáticos en "defensa" de sus médicos, tras el contencioso abierto con Jair Bolsonaro, presidente electo de Brasil. Raúl, que no se entrevistó con Sánchez, fue al aeropuerto de La Habana para recibir un contingente llegado desde el gigante sudamericano. "Como se recibe a los hijos de la patria, que bajo otros cielos anduvieron sanando el cuerpo y también el alma", destacó en su tapa Granma, boletín oficial del PCC.

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