Putin demostró su fuerza con misiles

El presidente electo hizo disparar tres cohetes desde submarinos nucleares.
El presidente electo hizo disparar tres cohetes desde submarinos nucleares.
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28 de marzo de 2000  

MOSCU.- No hubo que esperar ni siquiera 24 horas para que Vladimir Putin, el electo presidente por una cómoda mayoría, cumpliese la más temida de sus promesas electorales: mostrarle al mundo que Rusia estaba nuevamente de pie y que un nuevo tiempo empezaba para el orgullo nacional. Y lo hizo a la manera rusa, de la forma más directa posible, lanzando tres misiles balísticos desde submarinos nucleares, en la mayor demostración de potencia militar de Moscú desde 1991, cuando se disolvió la Unión Soviética.

Y que los tiempos han cambiado lo dejó en claro Sergei Shoigu, uno de los hombres de confianza del presidente, quien, parafraseando a Lenin, señaló: "La revolución que tanto esperábamos se ha producido".

En ese sentido, el canciller Igor Ivanov, que según las infidencias podría ser ratificado en el cargo cuando se produzca el relevo del gabinete, dijo que la política exterior rusa presentará importantes modificaciones.

"Vamos a hacer correcciones por los serios cambios que se han producido en los últimos tiempos en el mundo y en la política rusa", señaló ayer, aunque se negó a adelantar cuál sería el nuevo rumbo de la política exterior de Moscú.

Con los resultados ya definidos (Putin logró el 52,25% de los votos contra el comunista Guennadi Zhyuganov, que llegó al 29,4% y ya dijo que hubo un masivo fraude), el presidente electo primero puso un lógico paño frío en las expectativas de la gente, al pedirles que "no esperen milagros" en el terreno económico.

E inmediatamente señaló que buscará la colaboración de los dirigentes derrotados, aunque no dijo si se inclinará por el liberal Grigory Yavlinsky o por el propio Zhyuganov, cuyo porcentaje volvió a mostrar que la nostalgia por la era soviética sigue muy presente en esta sociedad. De todas maneras, más que las declaraciones postriunfo, lo importante en alguien que empieza un gobierno son los gestos y los hechos. Y en lo que fue el primer hecho formal de su gobierno, Putin, el hombre que motorizó su campaña con la cruel guerra de Chechenia e hizo constantes llamados a recuperar la gloria perdida de Rusia, quiso dejar bien en claro que los tiempos del país "culposo" por el pasado soviético se han terminado.

Y como presidente electo y comandante supremo de las fuerzas armadas, festejó el triunfo con cohetes, aunque esta vez no fueron artificiales sino mucho más peligrosos, para Occidente y para el futuro. Según informó oficialmente el Ministerio de Defensa, la marina rusa disparó los tres misiles a primera hora del día desde submarinos nucleares. Dos de los misiles fueron lanzados desde el mar de Barents hasta la península de Kamchatka, recorriendo el país de Oeste a Este, en un trayecto de 8000 kilómetros en 32 minutos. Después, un tercer misil hizo el recorrido inverso: de Kamchatka a la península de Kanin, cruzándose en el aire con uno de los anteriores.

Rápidamente, el lanzamiento fue calificado como "previsto desde hace tiempo", aunque una fuente militar, citada por los corresponsales de la agencia AFP en Moscú, dijo que "fueron un regalo para el comandante supremo de las fuerzas armadas", en alusión a Putin. De todas maneras, expertos militares consideraron inmediatamente que, sin la aprobación del presidente electo, el lanzamiento jamás se hubiese realizado.

Que los militares están contentos con Putin, y seguramente desde ayer más todavía, lo refleja su voto de anteayer: según el Estado Mayor del ejército soviético, el 80% de los militares votó por él.

En realidad, la jugada de Putin no debe sorprender, ya que parte de su campaña se basó en el nacionalismo latente en esta sociedad y en la necesidad de volver a poner de pie a Rusia en todos los sentidos, militar incluido.

Y durante los siete meses de su gobierno como primer ministro dio cabales muestras de que su posición no era una mera postura de campaña, sino un hecho en el que cree este hombre, formado y entrenado en la KGB, un nombre que todavía hace estremecer a los millones de rusos que padecieron el régimen de terror de la ex policía secreta, en la que Putin se desempeñó durante 16 años.

Así, antes de los comicios anunció que llamará a ex agentes para que colaboren con él, dijo que había que fortalecer el poder militar, destacó que había que recuperar el orgullo nacional, ordenó la enseñanza militar obligatoria en el bachillerato y señaló hasta el cansancio que a esta Rusia que empieza ahora "no se le puede hablar con el lenguaje de la fuerza", en una clara señal para los votantes y para Occidente de que se acabó el tiempo de la sumisión.

Nada es casual

Además, la elección del lanzamiento está lejos de parecer casual. "Mientras que las fuerzas armadas clásicas están en plena descomposición y que los medios concedidos a los militares son más bien limitados, no queda otro remedio que apoyarse en el arma nuclear", opina Alexander Glotz, experto militar ruso. En noviembre último, la marina había lanzado otros dos misiles, uno de ellos en presencia de Putin, pero los expertos habían considerado que tenía más un efecto electoralista, para acrecentar su discurso nacionalista, que un significado militar.

Coincidencia o no, el primero en felicitar a Putin por su triunfo fue el presidente chino, Jiang Zemin, a quien el nuevo hombre fuerte del Kremlin le dijo que lo apoyaba ciento por ciento en su disputa con Taiwan, que jamás aceptará la independencia de la isla y que ambos países deben seguir acrecentando sus ya importantes relaciones bilaterales para evitar que haya un mundo bipolar.

El día también tuvo hechos menos drásticos, como para ratificar por qué se lo considera el hombre de los mil rostros. Como si fuese un día más, se presentó en su despacho del Kremlin como todas las mañanas, dijo que no había tiempo para festejar -aunque aceptó las felicitaciones de su antecesor, Boris Yeltsin- deslizó la posibilidad de inmediatos cambios en el gabinete, pidió que se acelere la preparación del plan económico y autorizó el lanzamiento de los misiles balísticos.

Quienes creen que Putin no es un dirigente peligroso sino alguien que debe hacer concesiones internas al poderoso aparato militar y al nacionalismo que también está inserto en quienes votaron a Zhyuganov, recuerdan que el presidente dijo que no habrá otra Cortina de Hierro, que se abrirá a la inversión extranjera y que habrá reformas de corte capitalista.

Sin embargo, y abriendo un fuerte interrogante sobre el futuro, no fueron exactamente en esa dirección los primeros misiles que disparó Putin.

Ejercicios

MOSCU (De un enviado especial).- Aunque estaban programados desde hace tiempo, la oportunidad no es la mejor: hoy comenzará en Tadjikistán una serie de ejercicios militares de entrenamiento en los que participarán tropas fundamentalmente de Rusia, así como efectivos de Armenia, Kazakhstán, Bielorrusia, Kirguizistán y Uzbekistán.

Con Occidente preocupado por la nueva doctrina militar de Rusia, los analistas estiman que Putin podría usar los ejercicios para hacer una nueva demostración de fuerza sobre la capacidad militar de Rusia y sus aliados.

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