Putin teme a la abstención y al ballottage

El mandatario y candidato favorito enfrenta el riesgo de que el ausentismo le impida una victoria en primera vuelta
El mandatario y candidato favorito enfrenta el riesgo de que el ausentismo le impida una victoria en primera vuelta
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25 de marzo de 2000  

MOSCU.- Dicen que hasta las estrellas están con él, y si no que le pregunten a Giorgy Rogozin, el astrólogo oficial del Kremlin durante el gobierno de Boris Yeltsin, que ayer predijo que el enigmático Vladimir Putin no sólo ganará mañana las elecciones en primera vuelta sino que además gobernará por 12 años, centralizando el poder y solucionando la endémica crisis económica de Rusia. La mala noticia, que no todo puede ser perfecto, es que sufrirá dos atentados contra su vida, uno en mayo y el otro en noviembre.

Claro que Putin tiene otros motivos más reales y más urgentes para estar preocupado y por eso, aunque hasta el momento hizo gala de su sangre fría, ganada necesariamente en sus años como espía de la KGB en la ex Alemania del Este, ayer, el candidato favorito para las elecciones de mañana se vio obligado a salir por televisión para pedirles a los rusos que no dejen de ir a votar.

Tras ese pedido, en apariencia inocente y lógico en cualquier democracia, se esconde una clave de los comicios y la mayor pesadilla para el casi ungido presidente, que tal vez no crea en los horóscopos, pero sí en la realidad política. Es que, según la Constitución rusa, si a las urnas no concurre al menos el 50 por ciento de los 107 millones de potenciales electores, las elecciones quedarán anuladas. Y esa es una posibilidad más que latente, ya que ante la falta evidente de propuestas y la certeza casi absoluta del triunfo de Putin, los rusos, que acuden voluntariamente a las urnas, no han mostrado hasta el momento el menor entusiasmo por una campaña que anoche terminó oficialmente.

"Es imperativo ir a las urnas y elegir a un presidente para la nueva Rusia", pidió Putin para inmediatamente destacar que ese nuevo mandatario tendrá como tarea "reactivar la economía, restaurar el prestigio y el liderazgo mundial y dar a todos un gobierno efectivo, estable y próspero", lo que de inmediato fue criticado por sus adversarios, principalmente el comunista Guennady Zhyuganov, ya que esos son prácticamente los puntos, además de la guerra en Chechenia, en los que el actual mandatario basó su campaña.

El hecho más preocupante en su discurso estuvo dirigido al resto del mundo. Fue cuando recordó que Rusia fue "uno de los países más grandes del mundo y una poderosa potencia nuclear. Y de eso se acuerdan no sólo nuestros amigos". Un mensaje ambiguo, como todo en Putin, que debe haber dejado pensando a las principales capitales occidentales.

Recuperar la potencia

Es que hasta el momento, además de algunas vagas promesas sobre la recuperación económica, Putin ha crecido en el apoyo popular mediante la guerra en Chechenia y sus promesas de recuperar a Rusia como potencia internacional. Dos ítem que la mayoría de los rusos ven con agrado y que hicieron posible que este hombre, prácticamente desconocido hace siete meses, cuando llegó al poder, hoy esté a punto de ser ungido en las urnas como el nuevo presidente de uno de los países todavía, al menos militarmente, más poderosos de la Tierra.

Para sus críticos, como el reconocido cineasta Nikita Mikhalkov, las elecciones de mañana son casi una farsa. "Esto sólo será un plebiscito donde los rusos expresarán su apoyo al presidente interino", señaló en una reciente entrevista, un punto que si bien hasta ayer favorecía al sucesor de Boris Yeltsin, hoy se le puede volver en contra por la apatía que produce un resultado que parece cantado.

Al respecto, Yuri Levada, director del Centro de Opinión Política, es terminante: "La gente ya ha hecho su elección", asegura tras destacar el increíble crecimiento de Putin, quien pasó del 5% en los sondeos cuando llegó al Kremlin a un 55% en estos días.

"Este crecimiento de un líder político es insólito en nuestro país. Y tampoco creo que haya ocurrido algo similar en la historia de las democracias occidentales", destacó el historiador Roy Medvedev, que adjudica el hecho al "fenómeno Putin" más que a la ausencia casi total de un contrincante de peso en las elecciones.

Claro que por estas horas, aunque nadie dude de su triunfo, el "fenómeno Putin" tiene, además de la posible abstención, otra espada de Damocles pendiendo sobre su cabeza: no alcanzar la mayoría absoluta y verse obligado a dar pelea en una segunda vuelta electoral, pactada para el 16 del mes próximo.

Además de "ganar-perdiendo", como ocurriría si se impone con comodidad, pero no con la suficiente para evitar el ballottage, los analistas creen que el peor escenario posible para Rusia es que Putin no quede consagrado mañana directamente.

El motivo es claro: guste más o menos y despierte más o menos temores por su pasado y sus promesas "imperiales" y de mano dura, Putin parece ser hoy el único hombre que tiene la posibilidad de sacar a Rusia del pantano en que se encuentra, tanto en lo económico como en lo social. Pero para que ello ocurra debe conseguir un triunfo que le asegure el poder para realizar las reformas.

En caso de tener que ir a una segunda vuelta, seguramente contra el comunista Zhyuganov, que llegaría al 25% de los votos, muchos temen que Putin le sume a su discurso de dureza y de orgullo patriótico elementos aún más populistas para garantizarse los votos necesarios para ser consagrado presidente. Y, como ya lo hizo, termine pactando con los comunistas un híbrido que, sin llegar al cogobierno, sí signifique dejar para más adelante las drásticas reformas estructurales que necesita este país. Fiel a sí mismo, por eso de nunca decir las cosas directamente, Putin acaba de señalar que sería muy inconveniente para Rusia el tener que enfrentar una segunda vuelta electoral. Pero no por el costo político, sino por el económico. Según sus cifras, el ballottage insumiría 36 millones de dólares, "casi lo que se paga en pensiones en toda la región de Moscú". Claro que, siguiendo esa línea argumentativa, hay una mejor solución: "Que entonces, para ahorrar plata, directamente no tengamos elecciones", como señala entre irónico y preocupado Alexander Yuri, del Instituto de Desarrollo del Sistema Electoral.

Así, mientras celebran finalmente la llegada de la primavera (ayer hizo tres grados, lo que para esta época debe ser bastante calor), los rusos, cansados de una transición que parece no terminar nunca, se preparan para decir primero si vale la pena ir a votar y, segundo, si están dispuestos a entregarle a Putin su esperanza para que el futuro no sea, el menos, menos gris que este presente, digan lo que digan los brujos.

De la KGB

MOSCU (EFE).- El candidato presidencial ruso Vladimir Putin recurrirá a sus colegas del antiguo KGB para eliminar la corrupción y el desorden, si gana las elecciones. En una entrevista que emitió la cadena ABC, Putin indicó que llevará a su "círculo de colaboradores miembros de los cuerpos policiales que de ninguna manera están vinculados con alguna forma de corrupción".

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