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Qué sucederá después del "Día D": los tres escenarios posibles

Inés Capdevila
Inés Capdevila LA NACION

El Análisis de Inés Capdevila

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22 de febrero de 2019  • 20:59

Lo que suceda hoy –apodado día D por muchos en el mundo- con el ingreso de la ayuda humanitaria puede determinar el futuro próximo no sólo de Juan Guaidó, Nicolás Maduro y Venezuela, si no también de la región.

La ayuda logra entrar en Venezuela

Penetrar, con planificación, respaldo internacional y sagacidad logística, el cerco militar y físico impuesto por maduro sería la victoria más esperada por la oposición en los últimos años. Por un lado, ratificaría que la estrategia elegida en este nuevo juego de desgaste con Maduro es la más exitosa desde 2013 ya que se impone en cada round de este nuevo capítulo de la batalla política entre el chavismo y la oposición. Por otro lado, proyectaría a Juan Guaidó y a su entorno como líderes eficientes del gobierno encargado. Semejante imagen ayudaría al joven dirigente de Voluntad Popular a afirmar su poder dentro de las filas opositores, donde ciertos sectores aún cuestionan como apurada su jugada de declararse "presidente encargado" sin el poder real del Estado, y a seguir atrapando la atención global, clave en esta crisis. Le permitiría también seducir a seguidores del gobierno de Maduro, sean funcionarios o votantes, que podrían ver en él un salvavidas efectivos a las desgarradores penurias diarias que sufren los venezolanos. Y dejaría en evidencia que la lealtad de los militares (responsables prácticos de detener las caravanas) flaquea cada vez más.

Las fronteras selladas impiden el ingreso de la ayuda

Su cuestionada apuesta le rendiría frutos a Maduro, habituado a prevalecer ante el juego de desgaste y ante las diferentes estrategias que le plantea desde abril de 2013 la oposición, y expondía el fracaso de la oposición en el primer desafío ejecutivo de su "gobierno encargado". El presidente chavista ganaría tiempo para buscar nuevas maneras de enfrentar a la oposición y aferrarse al poder. Lo haría con el pleno apoyo de las jerarquías militares, aún obedientes de sus órdenes. Maduro podría así descomprimir temporalmente el cerco de presión asfixiante planteado por la oposición desde fines de enero pero no se le terminarían los retos y mucho menos el reclamo de elecciones libres. Una espada de Damocles pendería sobre su gobierno: las sanciones sobre el petróleo y sobre los funcionarios y altos mandos, cada vez más estrictas, comenzarán a sentirse a mitad de año, momento en el que el flujo de dinero puede cortarse de raíz. Con Venezuela sumida en la peor crisis humanitaria de la historia latinoamericana, ese podría ser el obstáculo insalvable para Maduro, que incluso -ahí sí- aliente a la jerarquía militar a abandonarlo.

Hay un enfrentamiento armado en las fronteras

Es el escenario más oscuro y dramático pero no imposible y su impacto podría tener un alcance no sólo regional si no global. Si los militares obedecen a rajatabla a Maduro y abren fuego sobre caravanas opositoras dispuesto a todo para franquear las fronteras con la ayuda, será difícil prever hasta dónde puede llegar el enfrentamiento armado. Del otro lado de las fronteras de Venezuela hay cientos de voluntarios opositores y también miles de soldados colombianos, de un lado, y brasileños, del otro. Los dos gobiernos, Bogotá y Brasilia, ya han advertido a Maduro que no le conviene a Maduro apelar al fuego y ambas fuerzas armadas son poderosas, experimentadas y están equipadas con un arsenal que rivaliza con el potente despliegue de armas rusas que tiene Venezuela. Un intercambio bien podría escalar rápidamente hacia adentro con una suerte de guerra civil y hacia afuera, con un enfrentamiento entre Estados Unidos, que apoya a Guaidó, y Rusia y China, que respaldan a Maduro. Podría llegar a convertirse entonces en un conflicto nunca visto por Sudamérica y que afecte a todos sus países y al resto del mundo como hace Siria con sus vecinos de Medio Oriente.

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