Rebelde y polarizada: el sueño de la independencia divide a Cataluña

Mientras crece el fervor nacionalista por el referéndum sobre la escisión de España, muchos dudan de las intenciones de Mas
Martín Rodríguez Yebra
(0)
22 de diciembre de 2013  

El mercado del Born, en el casco antiguo barcelonés, es como un sueño que un día se materializó. En las entrañas de este recinto decimonónico de vidrio y acero se hallaron restos arqueológicos de la ciudad que las tropas borbónicas arrasaron en 1714, al final de la Guerra de Sucesión Española, el punto de la historia que el nacionalismo catalán señala como el inicio de 300 años de dominación.

El gobierno regional acaba de inaugurar allí un centro cultural para exhibir las ruinas, en una suerte de parque temático de la vocación independentista de Cataluña. El desfile es incesante: familias, contingentes de escuelas, grupos de jubilados alimentan una ilusión creciente.

"Cada vez somos más los que pensamos que pronto vamos a ser una nación soberana", señala Xavier Miró, 23 años, estudiante de cine que trabaja como guía en el museo.

Afuera, el fervor nacionalista salta a la vista en una ciudad adornada con senyeras y esteladas, las banderas que celebran la identidad catalana. Sobre todo desde que el gobierno local y sus aliados anunciaron hace 10 días que pretenden convocar a un referéndum el año que viene para preguntar por la independencia.

Pero el clima de euforia, de rebelión tranquila, se mezcla con el marcado escepticismo de los que sospechan que el desafío del president Artur Mas contra el gobierno de Mariano Rajoy es una "cortina de humo" en medio de la crisis económica y con el temor de los que creen que romper con España sería un "suicidio colectivo".

Cataluña es hoy una sociedad dividida. Lo muestran las encuestas y lo admite su gente. El independentismo creció en los últimos años a cifras sin precedente, entre el 40 y el 50%, según quien lo mida. Menos estridentes –acaso cohibidos– son también muchísimos los que dudan, los que se sienten españoles o los que ansían cambios en la relación, pero sin precipitarse a la ruptura.

El debate promete explotar en 2014, el año simbólico del tricentenario de la caída catalana en la Guerra de Sucesión y en el que Mas y sus aliados intentarán imponer la consulta que el gobierno de Rajoy se comprometió a impedir.

¿Cuál es la tentación de la independencia? Los argumentos para dejar España se repiten entre los que apoyan el plan: el "expolio" económico que significa aportar al Estado muchísimo más de lo que vuelve, la "agresión" contra el idioma y la cultura propia, los límites al autogobierno de esta región, la más rica de todo el Estado, pero también la más endeudada y muy afectada por la crisis...

"El mayor beneficio es que cualquier plan político de este país deje de estar supeditado a lo que diga Madrid. ¿Si tiene riesgos? Seguro, pero hoy el peligro mayor es quedarnos como estamos", opina Joan Sebastià, cantante lírico de 39 años, en una taberna del barrio de Gràcia.

Como casi todos los que apoyan la independencia, ubica el origen del descontento en la sentencia del Tribunal Constitucional de España, que en 2010 recortó artículos decisivos del nuevo estatuto de autonomía (votado por el Parlament y aprobado en plebiscito). La movilización social fue imparable desde entonces, con manifestaciones que superaron el millón de personas en 2012 y este año en el Día de Cataluña (la Diada).

"Como catalán de toda la vida me gustaría ver algún día a mi país independiente –dice Bartolomeu Arola, en su comercio en L’Hospitalet de Llobregat, a las afueras de Barcelona–. Le damos un euro a la capital y nos vuelven 20 céntimos. ¡Todo para ellos! España siempre nos dejó de lado."

Los que temen la independencia son cautos para expresarse. Saben que no es cool. Pero tienen miedo de las consecuencias: el vértigo de salir de la Unión Europea, por ejemplo. O simplemente la ruptura con el resto de España, de donde muchos de los 7,5 millones de habitantes de Cataluña provienen.

"¿Por qué nos echan a pelear a unos contra otros? Nací en Extremadura y me siento catalana como la que más, porque de aquí son mis hijos. ¿Me van a considerar extranjera en mi propia casa?", se queja María Hidalgo, empleada bancaria, de 59 años.

Entre los que votarían NO en un plebiscito, también denuncian "agravios", como el recorte de las horas de enseñanza en castellano en las escuelas públicas.

El futuro llegó

"Lo que estamos viviendo no es una cuestión impulsiva sino profunda", analiza Ernest Folch, director de Ediciones B. "Hay una mayoría más que suficiente que ha decidido romper con el statu quo y el número va a aumentar ante la actitud cerrada del gobierno de Rajoy. El riesgo es alto y lo sabemos hasta los que estamos a favor. Pero no es una operación racional, del tipo «ganaremos tal, perderemos tal»; la gran mejora será que este país al fin va a tener un proyecto propio."

Xavier Sardà, un famoso conductor televisivo, lamenta el momento de "grave incomunicación" entre Madrid y Barcelona.

"Se está convirtiendo en un tema tabú en las familias, entre amigos. Puede que conflicto serio no se vea, pero me inquieta que haya cosas de las que no se pueden hablar."

¿Puede radicalizarse esa división? El filosófo Manuel Cruz –que defiende una vía federalista para reformar el estatus de Cataluña dentro de España– responde: "La consulta no se va a realizar en el plazo que anunció Mas, pero va a haber un estruendo tremendo en 2014. Hay un relato dominante en los medios catalanes y vemos cada vez más independentistas sobrevenidos: se le está diciendo a la gente que esta crisis terrible no estaría sucediendo si fuéramos independientes, que todo es culpa de Madrid".

Juan Carlos Girauta, autor del libro Votaré NO a la secesión, denuncia las "mentiras y manipulaciones" del bloque independentista y pide que se deje votar porque hay "una mayoría silenciosa" que hundiría el plan separatista.

Los nacionalistas insisten en que el "proceso" ya no se puede frenar. Que fracasaron los intentos por conseguir de Madrid un trato fiscal más justo, el respeto a un modelo educativo propio y mayores dosis de autogobierno.

Un 2014 simbólico y de seguro traumático en Cataluña se abre con ese dilema de mundos paralelos.

Andreu Martínez

Crédito: Adrián Quiroga
  • Profesión: estudiante

    Edad: 21 años

    "La independencia tiene que llegar; somos un país con una cultura propia, diferente"
  • Joan Sebastià

    Crédito: Adrián Quiroga
  • Profesión: cantante lírico

    Edad: 39 años

    "La gente se dio cuenta de que la idea del aumento del autogobierno tenía un techo"
  • ADEMÁS

    MÁS leídas ahora

    ENVÍA TU COMENTARIO

    Ver legales

    Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

    Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

    Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.