Rebelión contra Zuckerberg en colegios de EE.UU.

Dos adolescentes, ante un ordenador en una escuela de secundaria en el Estado de California
Dos adolescentes, ante un ordenador en una escuela de secundaria en el Estado de California Crédito: Leonard Ortiz / Getty Images
Diario El País
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1 de julio de 2019  • 08:54

La protesta empezó en Cheshire, (Connecticut, Estados Unidos) uno de esos condados residenciales que atraen a las familias por la calidad de sus escuelas públicas. La oferta era golosa. Un nuevo modelo para las clases, la última tendencia en educación. Serían pioneros. Habría ordenadores gratis para todos. Lecciones a la medida de cada alumno, enseñanza personalizada para maximizar cada potencial. Silicon Valley llegaba a las escuelas de este tranquilo distrito de la costa Este. Pero no tardaría en irse por donde había venido.

"Era un programa piloto llamado Summit Learning. Cuando empezamos a ver cómo funcionaba, nos rebelamos. Comenzó en grupos de padres y pronto se convirtió en un movimiento en toda la ciudad. Apenas había interacción entre profesores y alumnos. Los padres se empezaron a preocupar por qué pasaba con la información de los niños que se metía en el sistema", recuerda Mary Burnham, educadora, que fue una de las líderes de la movilización. "Recogimos firmas, pero al principio los colegios no nos escuchaban. Entonces un padre vio que los niños habían tenido acceso a contenido inapropiado, explícitamente sexual. En un día, se sumaron 500 firmas. El distrito escolar ya no podía ignorarlo más. Al volver de Navidad, ya habían quitado el programa", prosigue.

La educación está desde hace años en el punto de mira de Silicon Valley, que ya ha transformado los sectores del comercio minorista, el entretenimiento, la comunicación, la industria editorial, la música o el periodismo. La idea es que la tecnología puede hacer cumplir el viejo sueño de la educación personalizada, inaccesible de otra manera por falta de recursos. Y Summit Learning está en la vanguardia de esos intentos.

La educación está desde hace años en el punto de mira de Silicon Valley, que ya ha transformado los sectores del comercio minorista, el entretenimiento, la comunicación, la industria editorial, la música o el periodismo

En 2014, Priscilla Chan, esposa del fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, con quien tiene una fundación, visitó una escuela secundaria en California que formaba parte de una pequeña red llamada Summit, atraída por el acreditado éxito académico del proyecto. Utilizaban una herramienta online para proporcionar educación a medida. Básicamente, la plataforma muestra a los alumnos todas las lecciones que deben aprender en el curso, y estos las abordan en el orden que deseen. En lugar de tener al profesor en pie ante la clase, la idea es fomentar el trabajo entre los alumnos, y los docentes mantienen tutorías semanales individualizadas.

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Chan compartió el hallazgo con Zuckerberg, que quedó impresionado y ofreció un equipo de ingenieros de Facebook para seguir desarrollando la herramienta y extenderla de manera gratuita por todo el país. "Cuando visitas una escuela así, parece el futuro, parece una start-up", dijo Zuckerberg en una charla en Lima en 2016. Confiaba, añadió, en "modernizar" la mayoría de las escuelas del país en una década y después llevar el modelo al extranjero.

Desde entonces, según The New York Times, la Chan Zuckerberg Iniciative ha destinado casi cien millones de dólares (unos 88 millones de euros) a Summit. Hoy, según sus propios datos, Summit funciona en 380 escuelas del país. Más de 72.000 alumnos estudian con la plataforma. Pero las protestas han ido en paralelo a su expansión.

Cheshire fue solo el principio. En un centro de Brooklyn, Nueva York, el pasado noviembre, los alumnos abandonaron las clases en señal de protesta y escribieron una carta a Zuckerberg en la que le decían que el programa "requiere demasiadas horas de clase sentados ante el ordenador" y "elimina gran parte de la interacción humana". En el condado de Indiana, Pensilvania, después de que un estudio de la universidad revelara que el 70% de los alumnos no quería el Summit, el distrito escolar dio marcha atrás. En Kansas, hace apenas unos meses, alumnos y padres organizaron protestas que llegaron a la primera página de The New York Times.

Compartir estrategias

"Casi cada semana hay padres que se ponen en contacto conmigo, de diferentes partes del país, para ver si les puedo ayudar a escribir una petición, o compartir con ellos estrategias", asegura Leonie Haimson, copresidenta de la Coalición de Padres por la Privacidad de los Estudiantes. "Tenemos un grupo de discusión de padres de 19 Estados que lo están peleando, aparte de los que ya lo han hecho en el pasado. Claramente es un problema enorme".

Los padres descontentos se quejan tanto de la calidad del currículo que ofrece como de la cantidad de tiempo que los niños deben pasar ante las pantallas, y no escuchando al profesor. "Cuando mi hijo venía a casa, yo miraba su ordenador y me daba cuenta de que había estado horas en YouTube, Facebook o Vine. Se pasaba el día ante la pantalla. Se reunía con su tutor solo una vez a la semana. Al principio los alumnos estaban muy emocionados, pero al final del curso mi hijo, que era de los mejores en Matemáticas, estaba llorando porque no sabía hacer los ejercicios", asegura Bethany Berry, una madre de un alumno del condado de Lincoln, en Kentucky, que introdujo este curso Summit en las escuelas y se enfrenta a una contestación creciente de los padres.

El fundador de Facebook Mark Zuckerberg
El fundador de Facebook Mark Zuckerberg Crédito: Getty Images

También hay preocupación por la gestión de la privacidad de la información que proporcionan los alumnos, teniendo en cuenta que el principal financiador de la plataforma ha creado un imperio a base de recoger y capitalizar económicamente datos de sus usuarios. Desde Summit aseguran que la privacidad es una de sus "más altas prioridades". "Estamos profundamente comprometidos con la privacidad", explica Catherine Madden, portavoz de Summit Learning. "Los datos de los alumnos no se venden y se usan solo para propósitos educativos. Cero excepciones".

La rebelión, defiende Madden, se ha magnificado. "Estamos en más de 380 escuelas y solo en unas pocas ha habido protestas", sostiene. En los "casos aislados" en que los alumnos han tenido acceso a "contenido inapropiado", asegura la portavoz, este "ha sido retirado". También relativiza las quejas sobre el excesivo tiempo de pantalla: "La tecnología es solo una herramienta, y los estudiantes no deberían pasar mucho tiempo ante la pantalla. Si lo hacen, es que el sistema no está bien implementado".

"NO ESTAMOS AQUÍ PARA HACER DINERO"

Los críticos desconfían de las supuestas intenciones altruistas de Zuckerberg y Summit Learning. Este otoño se separará jurídicamente de la red de escuelas de California y adoptará la forma de una organización si ánimo de lucro, en cuyo consejo se sentará Priscilla Chan, operación que, según sus opositores, redundará en la falta de transparencia de la que se quejan y que Summit rechaza. "No hay un modelo de negocio", insiste Catherine Madden, portavoz de Summit Learning, quien niega que haya planes de que sea de otra manera. "No estamos aquí para hacer dinero, estamos para apoyar a los estudiantes y los educadores. Los colegios vienen a nosotros para apuntarse al programa, así que obviamente hay necesidad de ese apoyo".

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