Reclaman que los obispos rindan cuentas por los abusos

El Papa, durante la jornada de la cumbre en el Vaticano
El Papa, durante la jornada de la cumbre en el Vaticano Fuente: AP - Crédito: Giuseppe Lami
El cardenal Blase Cupich exigió que cada episcopado establezca normas especiales para "identificar y sancionar conductas potencialmente ilícitas"
Elisabetta Piqué
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23 de febrero de 2019  

ROMA.- En respuesta a ese pedido de "concreción" que hizo el Papa al inaugurar anteayer la cumbre sobre el escándalo de abusos sexuales, el cardenal estadounidense Blase Cupich, arzobispo de Chicago y organizador del encuentro, fue ayer al nudo de la cuestión. En una segunda jornada dedicada al tema de la rendición de cuentas de los obispos, propuso que, más allá de la existencia de normas universales emitidas por la Santa Sede, cada episcopado establezca normas especiales para "identificar e investigar conductas potencialmente ilícitas de los obispos".

Al destacar la urgencia de acciones, el alto prelado sugirió puntos de acción muy concretos. Entre ellos, la necesidad de que se involucren y consulten a expertos laicos y mecanismos para reportar acusaciones de abusos o mal manejo de casos de abusos, transparentes y bien conocidos por los fieles.

En ese sentido, Cupich sugirió el establecimiento de líneas telefónicas específicas o de un servicio de portal web "para recibir y transmitir las acusaciones directamente al nuncio, al arzobispo metropolitano del obispo acusado o, según sea necesario, a su suplente y a cualquier experto laico establecidos en las normas de las conferencias episcopales".

Cupich enumeró, además, 12 principios que deberían entrar en cualquier legislación, entre los cuales uno que indica que "la denuncia de un delito no debe verse obstaculizada por el secreto oficial o por normas de confidencialidad".

Se trata de una inmensa novedad en una Iglesia que hasta ahora manejó el escándalo de abusos aplicando un verdadero "código del silencio".

En la segunda jornada de una cumbre sin precedente, también se destacó que la rendición de cuentas de los obispos debe darse en forma colegiada, es decir, conjunta. "Ningún obispo puede decirse a sí mismo: 'Este problema de abuso en la Iglesia no me concierne, porque las cosas son diferentes en mi parte del mundo'. Cada uno de nosotros es responsable de toda la Iglesia. Juntos, tenemos la responsabilidad y obligación de rendir cuentas", subrayó el cardenal Oswald Gracias, arzobispo de Bombay y uno de los organizadores del encuentro.

Gracias fue el primer orador del día, que empezó con una oración inicial de los 190 obispos, cardenales y demás altos prelados presentes en la que el padre jesuita Hans Zollner, referente de la cumbre y miembro de la Comisión para la Protección de Menores, leyó un texto evidentemente escrito por una mujer abusada, conmovedor.

Como el día anterior, entonces reinaba un silencio incómodo en el Aula Nueva del Sínodo y estaba presente el Papa, que fue quien quiso que se hiciera este encuentro, inédito en la historia de la Iglesia, que vive su peor crisis de credibilidad por el escándalo de abusos en el clero.

Fiel reflejo de una virtual catarsis que quiere hacer la Iglesia, que sabe que se juega su credibilidad y que debe corregir el rumbo, como pasó el día anterior, el cardenal Gracias hizo una fuerte autocrítica. Gracias subrayó que "aquellos que son culpables de un comportamiento criminal, tienen la obligación de rendir cuentas ante las autoridades civiles por dicho comportamiento".

Como son muy diversas las situaciones en los distintos países del mundo -algunos prevén pena de muerte para los abusadores, por lo que la Iglesia no puede entregarlos a la Justicia civil-, al igual que Cupich, Gracias habló de la necesidad de que haya "flexibilidad" a la hora de discutir normas universales. Y que los episcopados asuman "más responsabilidad", porque es imposible que el Papa, el único que puede dar órdenes a los 5200 obispos del mundo, pueda resolver desde Roma cada caso de abuso o sospecha de abuso o encubrimiento que sale a la luz.

Las mujeres, con un rol inédito en el encuentro

La cumbre no es solo histórica por ser la primera vez que el Vaticano convoca a obispos de todo el mundo para poner sobre la mesa el tema, antes tabú, de los abusos sexuales de menores por parte del clero. También es histórica porque por primera vez en una reunión de este tipo, muy parecida a un sínodo, las mujeres tienen un rol destacado.

De las nueve ponencias de la cumbre, tres fueron asignadas a mujeres. La primera de ellas, que habló ayer, fue la italiana Linda Ghisoni, número dos del Dicasterio para los Laicos la Familia y la Vida.

"De rodillas: esta sería la posición adecuada para tratar los temas de estos días. De rodillas ante las víctimas y sus familias, ante los abusadores, los cómplices, los negacionistas, delante de todos los que han sido acusados injustamente, ante los negligentes, los encubridores, ante los que han intentado hablar y actuar, pero han sido silenciados, ante los indiferentes. De rodillas ante el Padre misericordioso que ve desgarrado el cuerpo de Cristo, su Iglesia, y nos envía a hacernos cargo de las heridas como pueblo suyo, y a curarlas con el bálsamo de su amor", les dijo a los 190 altos prelados presentes Ghisoni, experta en derecho canónico de 53 años, en su disertación.

Hoy, última jornada, dedicada al tema de la transparencia, expondrán otras dos mujeres: Verónica Openibo, monja nigeriana que es superiora general de una congregación, y Valentina Alazraki, reconocida periodista mexicana, corresponsal de Televisa en Roma, considerada la decana de los vaticanistas, que en su extensa cobertura hizo 150 vuelos papales, a partir del pontificado de Juan Pablo II.

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