Recuperar la memoria, el deber de la Europa de Aylan

Roger Cohen
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8 de septiembre de 2015  

LONDRES.- Ah, Europa, el Mediterráneo, cuna de la civilización, es un cementerio de agua. Al costado de una ruta de Austria mueren 71 refugiados sin nombre, asfixiados en un vagón de la era moderna. Las autoridades checas -marcador indeleble en mano, pero poca idea de la historia en la cabeza- escriben números de identificación en la piel de 200 migrantes. Otros son engañados por la policía húngara con promesas de "libertad" y terminan en un campo de "acogida", donde es de esperar que al menos los dejen ducharse.

Ah, Europa, Eslovaquia sólo quiere refugiados cristianos, y no los musulmanes de Siria o Afganistán. Viktor Orban, el inflado Putin en miniatura que hace de primer ministro en Hungría, dice estar defendiendo "la civilización europea", léase "la Europa cristiana", y manda instalar un cerco de alambre de púas de 175 kilómetros a lo largo de la frontera con Serbia. David Cameron habla del "enjambre" de migrantes que intentan llegar a Gran Bretaña. Los insectos se mueven en enjambres.

Un chico sirio de tres años yace muerto sobre una playa de Turquía, con la manito izquierda enrollada como si estuviera durmiendo en su cuna, la cara apoyada en la arena y un reproche mudo en la boca. Se llamaba Aylan Kurdi. Su familia quería llevarlo a Europa.

Las sombras regresan, cargadas de ironías. La Hungría que preside Orban es la contracara de la magnificente Hungría de 1989, el primer país en abrir una brecha en la Cortina de Hierro para permitir que decenas de miles de alemanes del Este cruzaran a Austria y se abrieran paso hasta Alemania occidental. La pusilánime Hungría de Orban olvida el modo en que en 1956, en tiempos de la invasión soviética, unos 200.000 húngaros huyeron a Austria y encontraron refugio en Europa occidental.

Esta Hungría mezquina también prefiere ignorar que de todas las bendiciones que recibieron las naciones del ex bloque soviético cuando concluyó la división de Europa, la libre circulación era una de las más preciadas. Esa libertad, ese regalo, se aseguró con la caída de un muro. Hoy Hungría elige levantar otro.

Hungría no es la única que tiene prejuicios. La preferencia por los migrantes cristianos (que son menos) y la equiparación de los musulmanes con una amenaza inevitable son rasgos muy marcados en casi todos los países de Europa central y oriental que alguna vez estuvieron bajo imperio de los soviéticos. Esos Estados nunca sufrieron ese ingreso masivo de migrantes poscoloniales que modificó a varias de las sociedades de Europa occidental.

A los judíos de esos países del bloque soviético ya los habían aniquilado prácticamente los nazis (con ayuda de cómplices locales). Su homogeneidad étnica se profundizó aún más con cambios de fronteras y expulsiones masivas (como les pasó a los alemanes en la Polonia de la posguerra). Su historia reciente no es de inmigraciones, sino de emigraciones masivas en busca de oportunidades en Occidente.

Como escribió en Le Monde el eminente politólogo francés Jacques Rupnik: "Existe una percepción muy extendida en el Este continental de que el modelo de multiculturalidad de Occidente fracasó". En esos países están convencidos de que "la inmigración que viene hoy del Sur es sinónimo de suburbios islámicos mañana".

Ah, Europa, bajo el peso de tanta historia, tu nombre es olvido. Tu nombre es mestizaje. Sus tribus imaginarias son sólo eso, una ilusión refutada por incesantes migraciones a lo largo de los siglos. Tu esperanza es la sangre nueva, pues la pureza racial fue el altar de tus repetidas automutilaciones. Tu deber es la memoria, tu pacto con tus hijos es de apertura y unidad, porque tienen que vivir.

Sí. Memoria. Si a Europa le importara recordar, tal vez recordaría que ésta es la mayor oleada migratoria desde el final de la Segunda Guerra, cuando millones de personas escaparon a Occidente del totalitarismo de Stalin. Tal vez también recordaría que ese movimiento de masas fue la culminación de una guerra surgida de una de las "grandes civilizaciones" europeas, Alemania, en su intento delirante por imponer en el continente una superraza aria, y deshacerse de los judíos, los gitanos, y todas las otras "subespecies", como las llamaba Hitler.

Unidad

Hoy hay refugiados que claman por entrar a Alemania, que espera la llegada de 800.000. Angela Merkel, que se crió en Alemania oriental, se ha erguido por encima de sus pares europeos porque su historia personal deja muy claro lo que está en juego. "Si Europa no logra resolver el tema de los refugiados, su estrecho vínculo con los derechos civiles universales será destruido", dijo la canciller. Y, casi hierática, agregó: "La rigurosidad alemana es bárbara, pero lo que necesitamos ahora es la flexibilidad alemana."

Pero no alcanza ni con la flexibilidad alemana, un bien de por sí muy escaso. Ésta es una crisis de toda Europa. En tiempos de resquebrajamientos en la Unión Europea -Grecia y el euro, el posible "Brexit" de Gran Bretaña, el auge de los partidos de derecha-, a Europa le recordaron cuál es su propósito central y su logro más único: las ruinas y la miseria de las que surgió, las desposeídas masas a las que albergó, la unidad que logró forjar tras la pérdida de tantas vidas.

Lo que hace falta es más de esa unidad, una política inmigratoria coherente y consensuada por los 28 miembros, y una renovación de la tan vapuleada idea de Europa. Como me dijo la vocera de la Cámara baja del Parlamento italiano, Laura Boldrini: "Si el Mediterráneo se convirtió en un cementerio, quiere decir que necesitamos una Europa 2.0. Es hora de dar nuevo impulso a los Estados Unidos de Europa".

Brasil tiene "los brazos abiertos" a los refugiados

  • La presidenta Dilma Rousseff dijo ayer que Brasil tiene "los brazos abiertos" para recibir a refugiados de la guerra a pesar de los problemas económicos y políticos por los que atraviesa el país. El anuncio se hizo durante un tradicional mensaje anual por el Día de la Independencia.
  • "Quiero reiterar la disposición del gobierno de recibir a aquellos quienes, expulsados de su patria, quieran venir a vivir, trabajar y contribuir para la prosperidad y la paz de Brasil", dijo la presidenta en un video de ocho minutos difundido por Internet. "Incluso en tiempos de dificultades, de crisis, por los que estamos pasando, tenemos nuestros brazos abiertos para acoger a los refugiados", añadió.
  • Con más de 2000 refugiados sirios, Brasil es el país de América latina que más personas de esa nacionalidad recibió desde el comienzo de la guerra en Siria, en 2011. Los sirios constituyen, además, el grupo más numeroso de refugiados en ese país. El conflicto ya provocó el desplazamiento de 3,8 millones de personas, la mayoría de las cuales se encuentran en Turquía, Jordania y el Líbano, pero que buscan activamente alcanzar el continente europeo y otros destinos.

Traducción de Jaime Arambide

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